Con $1.200 millones en droga y alto poder de fuego: los audios que sellaron la caída de Los Murdos

Créditos: Edición: Jaime Silva

Viernes 27 agosto de 2021 | Publicado a las 06:00 · Actualizado a las 06:01

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El viaje sería sumamente breve: saldrían durante la tarde desde Concepción hacia Santiago, recogerían el abultado cargamento de droga y regresarían la misma noche hacía la región del Bío Bío.

Estaba todo calculado para que el plan resultara a la perfección, lo que les permitiría obtener millonarias ganancias mediante cocaína, pasta base y marihuana. Específicamente, eran 90 kilos que les podrían haber reportado ganancias cercanas a los 1.250 millones de pesos.

Sin embargo, lo que no sospechaban es que la PDI les venía siguiendo la pista desde hace cuatro meses, en una investigación que incluyó la interceptación de llamadas telefónicas. La historia es de la Unidad de Reportajes de BioBioChile.

Fue en las horas posteriores a la transacción, hecha en la capital, que los efectivos policiales pudieron desbaratar a la banda de Los Murdos, nombre con el que eran conocidos debido al apodo de su líder, Alejandro Henríquez. Se trató, por cierto, del decomiso más grande de todo el 2019 en la región del Bío Bío.

La investigación demostró que en el clan familiar -quienes operaban en Boca Sur, en San Pedro de la Paz- cada integrante cumplía con un rol definido para que sus operaciones delictuales resultaran a la perfección.

Una serie de pruebas, entre las que se encuentran registros de audio, permitieron llevar tras las rejas a los involucrados en un operativo con el cual se decomisó droga, dinero efectivo, armamento y vehículos.

Un viaje de “negocios”

Era el mediodía del 2 agosto de 2019 cuando Alejandro Henríquez Contreras, Francisco Hernández Santibáñez y Brayan Chávez Gómez viajaron desde San Pedro de la Paz hacia la Región Metropolitana para abastecerse con una enorme cantidad de droga.

A bordo de un vehículo marca Kia Sorento, los tres jóvenes tenían todo arreglado para reunirse en la capital con Stalin Sandoval Troncoso y Stalin Sandoval Curihuentro, padre e hijo, respectivamente.

Luego de hecho el trato, Henríquez, Hernández y Chávez guardaron la droga en el automóvil para así iniciar el retorno al sur. De acuerdo a la investigación, el reloj marcaba las 23:45 horas de esa noche cuando pasaron por el peaje Angostura.

Posteriormente los tres individuos ingresaron a la ruta Itata. A las 2:37 horas de la madrugada del 3 de agosto ingresaron por el peaje Agua Amarilla, momento en que fueron interceptados por la policía.

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En el maletero los sujetos llevaban un bolso color negro con rojo que por fuera no levantaba ninguna sospecha. No obstante, en su interior iba la adquisición hecha pocas horas antes: 22,2 kilos brutos de cocaína base distribuidos en 22 bolsas transparentes Ziploc.

Pero había más, ya que también cargaban más de 6 kg brutos de cannabis sativa en paquetes envueltos con cinta adhesiva.

Los policías encontraron en el vehículo las boletas de los peajes por los cuales los sujetos pasaron, tanto en el trayecto de ida como también en el de vuelta a Concepción. A su vez, fueron incautados los teléfonos celulares de cada uno.

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4 piedras extranjeras

En la investigación se descubrió que la droga era de procedencia extranjera. Específicamente, se comprobó la participación de los Stalin con una mujer boliviana. En la casa de Stalin hijo se incautó “cera” o “materia prima”, que es cocaína base que no viene abultada.

En simple, significa que la droga aún no había pasado por procesos químicos de abultamiento. Esto reafirma que tanto la droga que tenía Alejandro como Stalin hijo era de procedencia foránea y era cocinada antes de distribuirla.

Tras la incautación de su celular, se encontró una conversación a través de audios de WhatsApp que Stalin hijo tuvo con la mujer boliviana, a quien tenía guardada en la agenda de contactos como “tía”.

“Hola amigo, eso le dejas nomás a mi sobrina y mi hermano se están quedando acá. Me dice que le pregunte al otro tío, me dice que tiene 4 piedras, no sé si quieres, te puedo pasar cuando vengas el otro martes o miércoles. Yo le digo al otro tío que te puede pasar nomás pero usted dígame amigo si quiere eso o no. Y de la plata no se preocupe, ahí le pasa a mi sobrina no más…..los dos se van a quedar, mi sobrina y mi hermano, yo no porque ya está venciendo el sello que me dieron, y por eso tengo que salir”.

De acuerdo con los antecedentes que se manejan, se trata de un ofrecimiento de droga como materia prima, conocida como “rocas”. En el audio la mujer habla de “piedras”, término que se emplea para esta sustancia que es un poco más dura.

Corresponde a cocaína base que al ser sometida a tratamiento químico con ácidos se disuelve, y a la que se le agrega soda cáustica y bicarbonato de sodio para el abultamiento, sacrificando la calidad; las rocas tienen más principio activo que la cocaína base que se comercializa.

En su respuesta, Stalin hijo le dice que “pasa por ahora”. Esto fue el 2 de agosto, cuando ya estaba provisto con una cantidad importante de droga en su poder, la que horas después entrega a Alejandro y luego se les decomisa en el peaje Agua Amarilla.

“Tía, mire con eso paso por ahora, ya, paso por ahora y espero nomás, no se preocupe si era de lo otro que necesitaba, y a este mismo número le hablo para que estén atento con el número o su hermano”

Allanamientos en San Pedro de la Paz y Santiago

A las 9:10 horas del 3 de agosto comenzaron los allanamientos en diferentes viviendas de San Pedro de la Paz, específicamente en la población Boca Sur. No sólo se encontró droga, sino que además quedó de manifiesto el alto poder de fuego con el que contaban.

En una de las casas ubicada en calle Papudo, Jenifer Gutiérrez, pareja de Alejandro Henríquez y en conjunto con este último, tenían una pistola marca Glock, modelo 17, calibre 9×19 mm, además de un cargador con 31 cartuchos calibre 9×19 mm marca CBC en su interior.

A su vez, en el dormitorio utilizado por la pareja tenían otro cargador marca Glock con 17 cartuchos calibre 9×19 mm marca CBC. Además, poseían 28,02 gramos brutos de cannabis sativa, 123 mil pesos en efectivo y comprobantes de depósitos de transferencias por montos de un millón 800 mil y dos millones.

Por cierto, la pareja no contaba con los permisos requeridos para la posesión y/o tenencia de armas de fuego y municiones.

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Más y más

A la misma hora, en una casa ubicada en el Pasaje 5 de la misma población, los efectivos sorprendieron a Yean Paul Henríquez y Bryan Fuica en posesión de una pistola Taurus calibre 9×19 mm con dos cargadores. La pistola tenía el cañón de otra arma de fuego.

Pero eso no es todo, ya que ambos guardaban además dos chalecos antibalas, una balanza digital y las sumas de 24 mil, 33 mil, 277 mil y 43 mil pesos en dinero efectivo.

En uno de los dormitorios tenían 46,18 gramos brutos de cocaína base a granel, en dos platos de loza para su secado, mientras que en la cocina tenían otros 198,7 gramos brutos de cocaína. En la cocina se encontró cuatro platos con cocaína base en proceso de secado. Yean Paul ya tenía una orden de detención del juzgado de garantía.

En tanto, tenían de manera ilegal una escopeta Maverick cargada con cinco cartuchos calibre 12 milímetros, un adaptador de pistola a carabina, dos cargadores para munición, tres cartuchos calibre 12 y varias cajas con cartuchos.

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En una casa del Pasaje 13, Yessica Saldivia y su pareja, Francisco Hernández, mantenían de forma ilegal una pistola marca Walther junto con un cargador y cartuchos. Además, guardaban 215 mil y 189 mil pesos en efectivo y tenían tres plantas de cannabis sativa en etapa de floración, así como también diferentes elementos para el cultivo indoor.

Finalmente, el mismo día pero a las 23:40 horas, se allanó una casa en la comuna de El Bosque, en la Región Metropolitana, en donde Stalin padre estaba en posesión de un millón 500 mil pesos en efectivo a los pies de su cama, más de 6 millones en el living, 27,71 gramos brutos de cocaína clorhidrato, 96,82 gramos brutos de cannabis, 25 kilos de bicarbonato de sodio y más de 2 kilos de cafeína.

Por su parte, su hijo fue sorprendido en un domicilio de Peñaflor con más de 38 kilos brutos de cocaína base, más de 2 kilos brutos de cannabis y más de 6 kilos brutos de cocaína clorhidrato. En un segundo bolso tenía otros 12 kilos de cocaína base, mientras que en su dormitorio se encontró 206 gramos de cocaína clorhidrato y 25 gramos de cannabis.

La estructura

Los acusados conformaban un grupo organizado con funciones claramente definidas para cada miembro. Además, y tal como se pudo constatar con los allanamientos, contaban con un alto poder de fuego.

Según consta en el expediente, Alejandro Henríquez era el principal investigado, siendo el encargado de la adquisición, el transporte y venta de la droga. Para esta actividad contaba con la colaboración de su pareja, Jenifer.

Para la venta de la droga, Henríquez había establecido un lugar diferente a la casa en la que vivía para así no levantar sospechas. Se trata de una casa ubicada en Boca Sur que era conocida como “el quiosco”.

Sin embargo, el sujeto además tenía “brazos operativos” que lo ayudaban en el ilícito negocio. Uno de ellos era Francisco Hernández, quien se encargaba de la venta, guardar dineros y adoptar medidas de seguridad, además de intervenir en el transporte de la droga. Su pareja, Yessica Saldivia, también intervenía en los hechos.

Yean Paul, encargado de la seguridad y protección en la banda, aparece de pie | PDI

Por su parte, Brayan Chávez era quien estaba a cargo del lugar conocido como “el quiosco” y recibía instrucciones de Henríquez y Hernández. A su vez, Jean Paul Henríquez, primo de Alejandro, era quien debía garantizar la seguridad de la banda, atendiendo el quiosco y debiendo reaccionar ante cualquier actividad que pudiera poner en riesgo la seguridad del negocio.

Finalmente tenemos a los Stalin, es decir, padre e hijo, quienes se convirtieron en elementos fundamentales en la operación, ya que fueron quienes suministraban la droga a la banda originaria de la región del Bío Bío.

Viajes establecidos

Si bien la policía recibió la denuncia en enero de 2019, se sabe que en octubre de 2018 realizaron al menos ocho viajes en el mismo vehículo que usaban para ir a buscar la droga a la capital.

El 11 de mayo de 2019 viajaron en dos automóviles, un CX5 y un Santa Fe, por el día a la Región Metropolitana. Tres días después Sandoval Troncoso viajó hacia Concepción pero en bus. Gracias a testigos, además de escuchas telefónicas, se pudo constatar que fue esperado en el Terminal de Collao por Alejandro. ¿El motivo de su viaje? Cobrar dinero por droga vendida anteriormente.

El 5 de junio, en tanto, Henríquez viajó a Santiago para ir a buscar droga con su pareja en el Mazda CX5, mientras que en el Santa Fe lo hicieron Brayan Chávez y Sebastián. Esa misma noche regresaron a la región del Bío Bío. Al pasar por el peaje de Agua Amarilla, Henríquez se da cuenta de la presencia de la policía con perros, por lo que llama a Chávez, quién venía más atrás, para que cambie su ruta, ya que en este automóvil es en dónde traen los narcóticos. De esta manera, optaron por ingresar a través del peaje de Nueva Aldea.

-“Qué pasa foca”

-“Estamos…”

-“¿En el Punto?”

-“Ya mi Nano (Alejandro)”

-“Ya, chaucha, vivaldi no más en la última parada, vivaldi nomás porque había una… por los guau”

-“Ya, ¿estaban ahí?”

-“Estaban ahí en una parada po weon”

-“Ya mi nano”.

-“Nos avisaí la pasada para acá…”

Una semana después, Henríquez viaja nuevamente a Santiago en el vehículo CX5, sin embargo regresa en un Mercedes Benz, automóvil que volvería a cambiar el 8 de julio por un Kia Sorento para así evitar llamar la atención.

Todos los vehículos de Henríquez tenían prenda, lo cual le permitía comprarlos a mitad del precio de mercado. Además, esto le permitía utilizarlos sin que estuvieran inscritos a su nombre.

Una historia familiar ligada al narcotráfico

En conversación con la Unidad de Investigación de BioBioChile, la fiscal Carla Hernández señala que la banda tiene una historia familiar de tráfico que los vincula incluso a otros delitos que han sido de connotación en la región.

“Por ejemplo, la hermana de Jenifer, murió hace unos años porque fue a ‘cobrar’ a Chiguayante, y las mujeres a cuya casa fue se defendieron con armas de fuego, le dispararon y la mataron. Esa causa fue a juicio y les reconocieron legítima defensa porque la hermana de Jenifer fue armada pero ellas se defendieron y le dispararon primero”, indica.

En ese sentido, explica que es una familia que está ligada al tráfico. “La mamá de Jenifer tiene una condena por microtráfico de hace algunos años atrás. La hermana de Jenifer, a la que mataron, también tenía condenas por tráfico y hasta ahí ya era una actividad familiar. En aquel entonces Jenifer era chica, debe haber tenido unos 14 años cuando murió su hermana”.

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“El marido de la hermana de Jenifer era un traficante de San Pedro de la Paz también. Cuando muere la hermana de Jenifer, alguien tiene que seguir con el negocio y ahí aparece Alejandro, pololo de Jenifer”

“Y Alejandro es amigo de Francisco Hernández, quien a su vez involucra a su mujer, Yesenia. Y después están los Stalin padre e hijo, que son tío y primo de Alejandro (…) Entonces es una actividad familiar, y desde que son menores de edad están involucrados en el mundo del tráfico, y a medida que van desapareciendo tienen que seguir haciéndose cargo del negocio. Desde muy chicos están metidos en una familia que trafica, y si el hermano mayor se va preso, el que se queda a cargo es el hermano menor, o cuando es el marido el que está preso, es la mujer la que se queda a cargo en la casa con los hijos, siempre pasa lo mismo”.

“No hay nadie en el circuito que haya podido acreditar medianamente una actividad laboral, y todos tenían auto, cambiaban de auto cada dos meses, y no hay ningún ingreso legítimo acreditado ni acreditable, porque no existe, que pueda corroborar cuál es el ingreso familiar. Al final es vivir del tráfico nomás”.

Enfrentamientos con bandas rivales

“Alejandro siempre habla de armarse porque en dos oportunidades al menos durante la investigación nuestra, llegaron los carabineros a su domicilio y al Quiosco, en dónde incluso hubo un enfrentamiento y uno de los cabros chicos que tenía para el menudeo, terminó con lesiones con arma de fuego. Después de eso, ellos fueron a cobrar esa agresión”, dice la fiscal.

Hernández añade que además Los Murdos tenían problemas con otro grupo de traficantes de Boca Sur. “Por eso es que tenían que estar siempre armados, y de hecho se escucha en los audios en donde hablan de los balazos y rafagazos”, puntualiza.

En ese sentido, uno de los casos que tuvo una gran connotación pública ocurrió en diciembre de 2019, cuando uno de los sujetos ligados al grupo fue asesinado a balazos en el Mall del Trébol. “Lo mató otra banda de traficantes”, puntualiza.

La fiscal enfatiza que gracias al monitoreo telefónico sabían que contaban con un alto poder de fuego. “Estaban siempre disponibles para salir a disparar, y había mucha munición en todos los domicilios”, menciona.

Por su parte, explica que tanto ella como los funcionarios de la Brigada Antinarcóticos y Contra el Crimen Organizado (Brianco), quienes estuvieron encargados de la investigación, cuentan con una larga experiencia en este tipo de casos, lo que les facilitó la tarea a la hora de comprender la jerga que utilizaba el grupo en sus conversaciones.

Preocupados de todos los detalles

El subprefecto Mauricio Jorquera detalla que Los Murdos tenían un plan de acción fríamente calculado. Es así como una vez que adquirían la droga en Santiago, regresaban a la región del Bío Bío y la guardaban en un departamento de Laguna Redonda, en Concepción.

“Era un lugar de resguardo y acopio (…) Así no levantaban sospechas en la población respecto a cuando llegaba la droga”, sostiene. De esta manera, evitaban problemas tanto con los vecinos como con alguna banda rival. “Ellos se cuidan de qué lugar llegan con la droga, tiene que ser un lugar que cumpla con ciertas características y ese departamento les permitía pasar desapercibidos”

“Una vez que llegaban sin novedades al departamento, trasladaban la droga en cantidades inferiores a la casa de seguridad, y una vez dosificada la llevaban al Quiosco”, dice.

El subprefecto detalla que parte de la droga incautada, alrededor de 90 kilos, estaba destinada a la comercialización al por mayor y también para el menudeo. Si bien la venta al por menor resulta más riesgosa, así podrían triplicar las ganancias.

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“Para evitar el riesgo policial y de otras bandas, arrendaron otra casa en las cercanías del ‘quiosco’ en Boca Sur, donde materializaban la guarda de una cantidad menor y confeccionaban los papelillos contenedores de la pasta base, que técnicamente es cocaína base. Era un lugar de acopio y de ocultamiento de armas, ya ahí se encontraron una escopeta, dos chalecos antibalas y una pistola Glock”, señala.

“La particularidad es que también había un kit que permitía transformar la pistola en una subametralladora. Dentro de su jerga la llamaban La Letal”, cuenta. De hecho, el 7 de julio ocurrió un incidente en el que precisamente la utilizaron para disparar al aire y así ahuyentar a funcionarios de carabineros quienes realizaban un procedimiento en el lugar.

En la pista se escucha a Jenifer y Alejandro, quienes hablan con Brayan Chávez para avisarle que tienen a carabineros afuera de su casa, razón por la cual le piden que avise a Yean para que haga disparos con “La Letal”.

-“Ya mi nano (Alejandro) ahí viene la letal, vamos a hacerla sonar”

-“Ya pu, muévanse pu”

-“Vamos a hacerla sonar la gigante”

-“¿Oye y el Yean?”

-“Aquí está pu”

-”Hagan sonar todas las weas giles culiaos, me tiene en cana, conchetumare“

-“Si vamos a hacer sonar todas las weas hermano”

-“Para que se vaya la yuta, weon”

-“Qué pasa nano”

-”Oye tengo toda la yuta aquí en mi casa afuera, me sapearon, me quieren reventar la casa, falta un auto para que lo pongan aquí atrás, echen a los giles de aquí, hagan algo”

-“Ya mi nano, ya mi nano”

“Nosotros avaluamos la droga incautada en 1.250 millones de pesos, y estamos hablando de los tres tipos de droga; cocaína base, clorhidrato de cocaína y marihuana”, añade. Según estiman, gracias a la investigación lograron sacar de circulación más de un millón 100 mil dosis.

“Era una de las bandas más violentas de la región, y generaban temor en el entorno. El inicio de la investigación nace por una denuncia anónima realizada por vecinos, tras lo cual se informa al Ministerio Público y en un trabajo mancomunado y de largo aliento, en donde se hicieron varias diligencias para acreditar participaciones y cómo operaban, se logra después de cuatro meses de reunir los antecedentes para luego realizar la detención de esta banda junto con sus dos proveedores de Santiago”, espeta.

Respecto a las armas, el subprefecto sostiene que generalmente estas bandas delictuales las adquieren comprándolas a otros traficantes o a otros grupos dedicadas al robo de inmuebles. A veces, incluso, derechamente se las encargan a quienes se dedican al robo de viviendas.

Para el funcionario policial, lo llamativo en este caso fue el elevado poder de fuego, el dominio territorial y el modus operandi, considerando que arrendaban una casa cercana al lugar de ventas que no era fácilmente detectable por personas externas o por la policía. “Era una casa de guarda y dosificación estratégica que habían arrendado con el fin de eludir la acción de terceros que pudieran hacer una quitada de drogas, conocidas como mexicana”, puntualiza.

Sentencias

El pasado lunes 23 de agosto se llevó a cabo la lectura de sentencia para los detenidos tras la investigación.

Jenifer Gutiérrez y Yessica Saldivia: fueron absueltas del delito de tráfico ilícito de drogas en pequeñas cantidades. No obstante, fueron condenadas a tres años y un día de presidio menor en su grado máximo como autoras del delito de tenencia ilegal de arma de fuego. A su vez, recibieron una pena de 541 días de presidio menor en su grado medio como autoras del delito de tenencia ilegal de municiones.

Brayan Chávez: fue condenado a cuatro años de presidio menor en su grado máximo en su calidad de autor del delito consumado de tráfico ilícito de sustancia estupefaciente. Se le sustituyó el cumplimiento de la pena privativa de libertad por la pena sustitutiva de libertad vigilada intensiva.

Yean Paul Henríquez: fue condenado a cuatro años de presidio menor en su grado máximo en su calidad de autor del delito consumado de tráfico ilícito de sustancia estupefaciente. Además se suma una pena de tres años y un día de presidio menor en su grado máximo como autor del delito de tenencia ilegal de arma de fuego y una pena de 541 de presidio menor en su grado medio como autor del delito de tenencia ilegal de municiones. Deberá cumplir la pena impuesta de manera efectiva.

Francisco Hernández Santibáñez: fue condenado a cinco años y un día de presidio mayor en su grado mínimo en su calidad de autor del delito consumado de tráfico ilícito de sustancia estupefaciente. Además recibió una condena de tres años y un día de presidio menor en su grado máximo como autor del delito de tenencia ilegal de arma de fuego y una pena de 541 días de presidio menor en su grado medio como autor del delito de tenencia ilegal de municiones.

Alejandro Matías Henríquez Contreras: fue condenado a siete años de presidio mayor en su grado mínimo en su calidad de autor del delito consumado de trafico ilícito de sustancia estupefaciente. Además recibió una condena de tres años y un día de presidio menor en su grado máximo como autor del delito de tenencia ilegal de arma de fuego y una pena de 541 días de presidio menor en su grado medio como autor del delito de tenencia ilegal de municiones.

Stalin Guillermo Sandoval Troncoso: fue condenado a siete años de presidio mayor en su grado mínimo en su calidad de autor del delito consumado de trafico ilícito de sustancia estupefaciente.

Stalin Alejandro Sandoval Curihuentro: fue condenado a siete años de presidio mayor en su grado mínimo en su calidad de autor del delito consumado de trafico ilícito de sustancia estupefaciente.

Cabe destacar que los condenados tendrán un abono por el tiempo que han permanecido privados de libertad por esta causa, es decir, desde el 3 de agosto de 2019 hasta la fecha en que se dictó la sentencia, dando un total de 751 días a su favor.

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