El Mapa Nutricional Junaeb 2020, que establece los perfiles nutricionales de estudiantes de prekínder, kínder, primero y quinto básico y primero medio, evidenció que la obesidad infantil en nuestro país se incrementó, llegando a cifras alarmantes: 1 de cada 4 niños presenta algún grado de obesidad.

Si bien se han implementado medidas para revertir estos indicadores, claramente han sido insuficientes, pues la mirada y abordaje a la malnutrición por exceso (sobrepeso y obesidad) debe ser integral.

Cuando el tratamiento sea verdaderamente biopsicosocial y multidisciplinario, seamos preventivos y no curativos, se valore y comprenda el rol preponderante del nutricionista en este tratamiento, se permita educar de manera permanente a la población para que comprenda que la obesidad no es un tema estético, sino una enfermedad que trae un sinfín de complicaciones irreversibles, recién podremos ver cambios positivos en la disminución de las cifras.

Para conseguir una educación alimentaria-nutricional efectiva no basta con 20 minutos de atención en el sistema primario de salud. Los controles nutricionales deben ser seriados y permanentes, con prestaciones de Fonasa potentes, que no sean de exclusiva derivación de un médico, limitadas en cantidad o restrictivas en condiciones. Es vital que estas estrategias no solo sean lideradas por el área de salud, sino que también por el de la educación, pues la pandemia nos ha demostrado que el aumento del sedentarismo en los niños aumenta el sobrepeso y la obesidad, siendo crucial, por ejemplo, incrementar las horas de clases de educación física.

El llamado es a que dejemos de ser curativos y pasemos a un enfoque más preventivo para abordar de manera más eficaz esta descontrolada enfermedad.

Gabriela Lizana
Directora de Carrera de Nutrición y Dietética, Universidad de Las Américas, Sede Viña del Mar