La crisis sanitaria que ha provocado el coronavirus nos sorprendió a todos, entre los múltiples afectados están los niños y niñas, los que de un momento a otro se vieron enfrentados a muchos cambios: han tenido que resistir a periodos de aislamiento que conllevan poco o nulo contacto social, perciben los cambios emocionales, el estrés y preocupación de los adultos, se alteraron sus rutinas. Hoy su mundo “es un peligro”.

Si a esto le sumamos los contextos familiares, entendiendo que no todas están en igualdad de condiciones para responder a las necesidades de los niños y niñas.

Imaginen las horas, días, semanas pasándolas entre cuatro paredes, sin suficiente comida, sin calefacción, sin trabajo.

La encuesta Casen 2017 reveló que en el Bío Bío un 12,3% de los habitantes viven en la precariedad y un 17,4% bajo pobreza multidimensional. Esta cifra se verá incrementada producto de esta pandemia.

Otra variable importante a considerar es la violencia intrafamiliar. Según Ignacio Fica, gobernador de la provincia del Bío Bío, hay un aumento considerable a nivel provincial “con un 68,7% más de ingresos al centro de la mujer de la zona”. Esto define estos contextos como ambientes inseguros y hostiles, sumado a la inaccesibilidad de algunos de los niños y niñas a la actual revolución digital (internet, computador o tablet), que los deja en total desventaja.

Todas estas condiciones son muy adversas y desfavorables para ellos, donde queda en evidencia y se acentúa la gran brecha que existe entre aquellos que tienen más. En nuestra región más de 61 mil niños y niñas preescolares viven en situación de pobreza.

El trabajo que realiza Educación Inicial se hace fundamental. Su objetivo primordial ha sido mantener el nexo con las familias, en post del bienestar de los niños y niñas. Los equipos han acompañado y apoyado su rol formativo en tiempos de pandemia, usando diferentes estrategias.

Lo primero ha sido entregar contención emocional, procuran escuchar, aclarar dudas y entregar orientación. En esta confidencia se van detectando necesidades no cubiertas, en algunos casos se hace necesario un acompañamiento más específico y especializado, pudiendo detectar situaciones más graves. Para esto ha sido clave el apoyo de las redes con quienes se hacen diversas gestiones para poder responder a los requerimientos de cada familia, además de la estrecha labor con los voluntarios, personas anónimas que han apoyado con: alimentación, calefacción, vivienda, ropa de abrigo; para que efectivamente se puedan quedar en casa.

Cuando se ha logrado esto se puede dar paso a lo educativo. Lamentablemente según descripción estadística del sistema educativo asociado al nivel de Educación Parvularia en Chile (Subsecretaría de Educación Parvularia) indica que un 50% de los niños y niñas hoy no se encuentran matriculados en un centro educativo y por ende quedan desprovisto de este tipo de apoyo, tanto en su proceso pedagógico como el psicosocial que reciben las familias.

Todo ha sido muy complejo, pero no debemos perder nunca la confianza en los niños y niñas. Han sido meses difíciles, sin embargo ellos tienen una gran capacidad para adaptarse.

Su creatividad innata, su alegría y ganas de vivir se han transformado en motor de energía para las familias y equipos pedagógicos, que a pesar de lo que creen algunos han aprendido muchas cosas. Las familias han mostrado gran compromiso con el aprendizaje de sus hijos e hijas y en su gran mayoría y con constancia van realizando diferentes experiencias educativas que les rescatan del ocio y del aburrimiento; y les dejan aprendizajes significativos.

Marcela Correa Cárdenas.
Encargada de Programa S.C. y J.I. “Araucaria”.
Educación Inicial.
Hogar de Cristo.