Cada 16 de octubre Chile reconoce y agradece a sus profesores. Este año, ese agradecimiento llega acompañado de una evidencia que merece atención, porque proviene de quienes mejor conocen su trabajo y que identifican en ese adulto que se para cada día frente a ellos en la sala de clases, a alguien que se preocupa por sus aprendizajes.

Según PISA 2025, casi 9 de cada 10 estudiantes chilenos de 15 años señalan que sus profesores los ayudan y que muestran interés en su aprendizaje, muy por sobre el promedio de la OCDE. Son datos que tienen un valor especial. La misma medición nos indica que el país enfrenta desafíos importantes en lectura y matemática, pero estamos en condiciones de atenderlos gracias a un elemento fundamental: un vínculo pedagógico sólido, que nuestros docentes han sabido cuidar en años difíciles.

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Sobre esa fortaleza se construye Chile Aprende y Avanza. Su primer pilar, Aprendizajes Basales, se propone que todos los niños lean comprensivamente antes de terminar 2° básico y dominen las operaciones matemáticas básicas en 4°. El segundo, Cultura Educativa, busca que cada escuela y liceo sea un espacio seguro y respetuoso, donde la convivencia y el desarrollo integral de los estudiantes se ordene en torno a su proyecto educativo.

Ambos pilares tienen como protagonista al estudiante y su docente. Porque ninguna meta de lectura se cumple sin una profesora que enseña a leer con método y paciencia; y ninguna cultura escolar se sostiene sin docentes y directivos que la encarnan cada día.

Por eso el compromiso del Ministerio es concreto. Pondremos a disposición de las escuelas evaluaciones que permitan identificar a tiempo los rezagos, formación docente en estrategias de enseñanza basadas en evidencia; y recursos pedagógicos y orientaciones que puedan hacer propias. Reforzaremos la formación docente en la enseñanza explícita de la lectura y la escritura, con cursos y talleres para miles de docentes, de modo que cuenten con herramientas para reconocer las dificultades de sus estudiantes y ajustar sus estrategias a lo que cada uno necesita.

Queremos un Ministerio al servicio de lo que ocurre en la sala de clases, que respalde y apoye a quienes están educando.

Vivimos, además, un tiempo en que la inteligencia artificial transforma el acceso al conocimiento. Bien utilizada y con criterio pedagógico, ésta puede ser una aliada. Pero no puede reemplazar lo que ocurre cuando un profesor conoce a su estudiante, le exige porque confía en lo que es capaz de lograr y celebra con él cada avance. Enseñar es, en esencia, un acto humano, y nada sustituye ese vínculo. Por eso las cifras de PISA cobran hoy aún más sentido: lo que nuestros estudiantes valoran de sus docentes es justamente aquello que ninguna tecnología puede ofrecer.

Gabriela Mistral fue maestra rural mucho antes de recibir el Premio Nobel, y nunca dejó de entender la enseñanza como un acto de confianza en el otro. Esa confianza es la que hoy reconocen casi 9 de cada 10 estudiantes chilenos cuando dicen que sus profesores los ayudan a aprender. Que esa confianza se traspase también a cada hogar, con padres y madres respaldando la labor de nuestros profesores.

A todos ellos, a cada profesor de Chile: gracias. Sus estudiantes ya lo saben y los datos lo confirman. A nosotros nos corresponde estar a la altura de ese trabajo, respaldando su labor y acompañándolos, para que cada niño pueda, desde su más temprana infancia, aprender y avanzar.