Las estadísticas dicen que las movilizaciones de este año por el 11 de septiembre fueron 35% menores que el año anterior. Eso se debió a que el Presidente suprimió todo recuerdo oficial de la fecha y lo cambió por la frase certera que señala que “es hora de que los chilenos aprendan a mirar hacia adelante y no hacia atrás”.
Otra causa de la disminución fue el buen sistema de control que estableció el Gobierno, que se tradujo en 284 detenidos por desórdenes en la vía pública. La última razón del desinfle es la agonía de los partidos de extrema izquierda, producto de su falta de asimilación de los cambios históricos de la sociedad.
En el caso del Partido Comunista, su agonía tiene varias causas. En primer lugar, porque su doctrina marxista está completamente devaluada y porque han desaparecido todos los socios extranjeros que alguna vez tuvo. El derrumbe del comunismo en Rusia fue un golpe mortal, mientras el giro de China ha creado una fórmula de comunismo para gobernar, pero de libre empresa y capitalismo para progresar. El caso de Cuba ha sido una puñalada certera en el corazón del PC chileno, que apoyó a ese régimen siempre y sin vacilar. El derrumbe del sistema cubano es una demostración demasiado evidente para todos de que el comunismo lleva a la ruina y a la degradación.
En esas condiciones, el Partido Comunista solo conserva la praxis política diseñada por Lenin, que transformó el marxismo en una receta para conquistar el poder. De esa manera, la directiva histórica del partido se está derrumbando a ojos vista, y quienes podrían traer un aire fresco y una motivación nueva han quedado postergados en medio de ese derrumbe.
El caso del Frente Amplio es otra cosa y, con menos adherentes, tiene más coherencia en su actuar. Para completar el cuadro, el centro político sabe por experiencia que la asociación con el extremismo comunista y frenteamplista es mortal y lo ha puesto en vías de desaparecer. De modo que el PC y el Frente Amplio van a enfrentar un problema insoluble de aislamiento político.
Por otra parte, ha llegado la hora en que el centro político resucite porque, mal que mal, representa el modo de pensar de una sólida mayoría nacional de clase media. Como ya afirmé en otro artículo, lo que falta es la figura que asuma el liderazgo de ese sector. Pronostiqué que el mejor situado para eso es Franco Parisi, con su Partido de la Gente, nombre que justamente apunta a ese resurgir que es de esperar. En ese recuento de figuras que pudieran liderar esa resurrección, me faltó incluir a la figura de Claudio Orrego. De modo que está claro que son varios los que podrían liderar esa recomposición y renacimiento del centro político chileno.
Hay que tener en cuenta, además, que esos venidos a menos partidos de centro poseen una sólida base doctrinal, como es el caso de la Democracia Cristiana, el Socialismo Democrático y los Demócratas Independientes. Esos partidos deben comprender que el antiderechismo no es un programa de gobierno y que lo que tienen que hacer es plantear una posición positiva y no un antagonismo de base. Un programa de centro para Chile no es “no somos derecha”, sino una visión de futuro del país que Chile quiere.
En todo caso, el desinfle de las manifestaciones es un buen anuncio para el futuro de la presidencia de José Antonio Kast e indica que ha sabido preparar bien los mecanismos de control. Un factor que va a pesar en el desarrollo de los acontecimientos es el regreso de la señora Bachelet, que por primera vez ha experimentado un revés importante en sus pretensiones de ser nombrada Secretaria General de las Naciones Unidas.
Hay que reparar en que el próximo 29 de septiembre recién cumplirá 75 años, y esa edad no es para pasar al retiro. Si repasamos las edades de los mandatarios, vemos que Trump gobierna Estados Unidos con 80 años de edad y que Lula da Silva va a cumplir 81 años. Teniendo eso en cuenta, llegamos a la conclusión de que a la señora Bachelet le queda bastante tiempo para volver a influir en la política chilena y ciertamente que no será para facilitar el gobierno del presidente Kast.
No obstante, no cabe duda de que el desinflado aniversario de la muerte del presidente Allende es un buen augurio para la actual administración. Al fin y al cabo, es Chile el que se beneficia más con esta relativa pacificación.
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