Agencia UNO

¿Formalizarse o no?: las cuentas que muchos sacan antes de declarar ingresos

12 diciembre 2024 | 12:53

En el mundo de las finanzas personales, la formalidad es un pilar fundamental para construir estabilidad, equidad y crecimiento a largo plazo de un país. Sin embargo, en muchos casos, la resistencia a formalizar no solo persiste, sino que parece encontrar justificaciones en un panorama económico que ha sido difícil, en el que las autoridades nos hacen dudar y en el que existe una falta de educación financiera.

Día a día veo mucha resistencia a formalizar ingresos, que es uno de los grandes puntos de la ley de Cumplimiento Tributario, la que busca recaudar 4.500 millones de dólares anuales más, evitando la evasión y elusión. Y lejos de querer condenar esa resistencia, quiero entenderla…

Comparto que el hecho de buscar como país que estemos en regla, pues nos pone a todos en una misma base de responsabilidades que, a su vez, generan beneficios para la sociedad.

Empareja la cancha, busca garantizar que todos, desde pequeños emprendedores hasta grandes corporaciones, contribuyamos al sostenimiento de servicios públicos. Pero también entiendo que haya gente que no vea el lado positivo de regularizar los ingresos. Porque la verdad es que hay nubes muy grandes tapando ese inspirador horizonte.

No hace falta entrar en detalles sobre los vaivenes económicos de los últimos años, que a todos nos han llevado a mirar y remirar las cuentas para hacer ajustes y llegar a fin de mes. Y claro que sí, estamos mejor, pero coletazos, hay.

¿Y los beneficios estatales?: Falta de visión en las políticas públicas

El otro punto que imposibilita a muchos ver el lado bueno de la formalización de negocios, empleos e ingresos, es que las autoridades, con sus actos, nos hacen dudar. Ejemplos, lamentablemente, hay por montones. Desafortunadamente, suman y siguen. Y dañan aún más la confianza en que la plata que cada uno entrega al Estado será usada de buena manera.

Pero me quiero detener en un punto muchísimo más cotidiano, que lo veo frecuentemente en mi trabajo. Las personas están preocupadas porque sus ingresos se componen de entradas informales, más -quizás- otras declaradas, más beneficios estatales. En estos casos, formalizar significa que dejarán de percibir tal o cual bono o subsidio y que entrarán en tal o cual porcentaje del Registro Social de Hogares y, por lo tanto, las dificultades económicas podrían empeorar.

Y este no es un reclamo hacia esas personas, sino a la falta de visión. ¿No lo vieron? ¿No vieron que hay gente que pese a los subsidios tiene problemas para llegar a fin de mes, incluso con esos ingresos irregulares? ¿O no se pensó en que entrar a la formalidad quizás implicaría hacer un ajuste en los instrumentos de beneficios estatales?

Porque sí, uno puede juzgar que la gente o incluso empresas trabajan en la informalidad. Y es cierto que algunas herramientas estatales han sido mal utilizadas. Pero también es innegable el hecho de que todos sabíamos que hay muchos de estos casos. De hecho, por eso la ley.

Pero una nueva normativa no borra esas situaciones, sino que las impacta. Esta situación pone en entredicho no solo la efectividad de los programas de asistencia post ley antievasión, sino que también la capacidad de las autoridades para comprender las dificultades reales de quienes están al margen de la formalidad y de los comportamientos de la ciudadanía… de los que solicitan apoyo porque lo necesitan y de los “pillos”.

Se requiere un enfoque integral para un futuro equitativo

Insisto, no estoy en contra de buscar la formalización; todo lo contrario… Pero me parece que mucha gente mantendrá sus ingresos y/o emprendimientos en la informalidad porque faltó visión del impacto de la ley.

Y también, como siempre digo, ¡debemos tomarnos en serio la educación financiera! Este es un ejemplo claro de las consecuencias que implica la escasez de ella. Ciudadanos informados y educados al respecto podrían ver con más claridad los beneficios de pagar impuestos. No solo para la sociedad, sino que también individualmente: se abren puertas en el mundo financiero si demostramos lo que ganamos y que somos responsables, más allá de los montos.

El panorama actual requiere un enfoque integral. Por un lado, las autoridades deben diseñar programas que no solo incentiven la formalidad, sino que hagan viable para las personas generar ingresos sostenibles dentro del sistema.

Por otro lado, como ciudadanos, también tenemos responsabilidad en la tarea de construir una economía más equitativa: operar en la formalidad para generar recursos que se inviertan en el país en infraestructura, salud y educación, por ejemplo. Y más allá del tema que trato hoy, también hay decisiones éticas que recaen en la sociedad civil (sí, también a los grandes empresarios y sus compañías, que son los que pueden aportar con más).

La resistencia a formalizar no es un problema sencillo, pero tampoco es insuperable. Requiere un compromiso dual: por parte del gobierno, para ofrecer soluciones reales y equitativas, y por parte de los ciudadanos, para asumir su responsabilidad en la construcción de un futuro más justo.

La ley de cumplimiento tributario no debe ser vista como un castigo, sino como un paso hacia un país más igualitario, donde cada uno y todos juntos hagamos nuestra parte para construir un mejor mañana.