Artes y Cultura
Crítica de Teatro: "Prefiero que me coman los perros", la culpa es de otros
Publicado por: Leopoldo Pulgar
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El valioso director Jes√ļs Urqueta (“C (civil)”, ‚ÄúTodo se limita al deseo de vivir eternamente‚ÄĚ, ‚ÄúVioleta‚ÄĚ) se hace cargo del texto de Carla Z√ļ√Īiga, dramaturga joven con proyecci√≥n, que denuncia las malas condiciones laborales en nuestro pa√≠s y los efectos graves en la salud mental de los trabajadores.

El relato tiene una referencia real: el negligente olvido de una parvularia que le provoc√≥ la muerte a uno de los ni√Īos que trasportaba en su veh√≠culo, al no bajarlo cuando llega al establecimiento.

Una situaci√≥n que se refleja en el t√≠tulo tremebundo de la obra y que, en la ficci√≥n, destroza a la mujer y la lleva a decir, diez a√Īos despu√©s, en una sesi√≥n con la psic√≥loga, que habr√≠a sido mejor que se la comieran los perros que vivir sufriendo un agudo sentimiento de culpa y fracaso.

Una propuesta interesante que, sin embargo, se entrega en un di√°logo cuyo tono suena discursivo (incluso, como lectura dramatizada), excepto en la escena final, de alto vuelo.

Espacio y ritmo

Como director, Jes√ļs Urqueta concentra en la palabra el mecanismo esc√©nico y de encuentro entre estas dos mujeres que, adem√°s, casi siempre est√°n sentadas una frente a la otra, en la estrecha oficina de la psic√≥loga.

"Prefiero que me coman los perros" | Andrés Lagos
“Prefiero que me coman los perros” | Andr√©s Lagos

Una lluvia de texto que alude a la relación conflictiva entre individuo y sociedad, con la soledad como rasgo inherente de la vida urbana y a regímenes de trabajo que impiden ser feliz.

Opción que, de alguna manera, limita expresiones más sencillas, emotivas y dislocadas que se propone para la relación entre parvularia y especialista. Es decir, aunque intervienen otros personajes, predomina la palabra que elabora materiales conceptuales sobre causas y efectos en las negativas relaciones de la vida laboral actual, mientras el cuerpo actoral evidencia menos los rincones más ocultos de la mente en situación de estrés.

Lo que no impide que se instale esa corrosiva sensaci√≥n de p√©rdida que genera distorsiones que se acumulan y conducen a alguna forma de locura. La obra se favorece con el efecto de espejo de la escenograf√≠a (dise√Īo de Bel√©n Abarza), ya que contribuye a mostrar la distorsi√≥n de la realidad que afecta a ambos personajes, bruma que refleja tambi√©n a los espectadores en sus butacas, incorpor√°ndolos como c√≥mplices y/o testigos.

Alteraciones que tambi√©n sugiere el universo sonoro, creado por Alvaro Pacheco, ya que alude al mundo de los ni√Īos, pero sin la ingenuidad que tradicionalmente se le atribuye.

Al final, en la √ļltima escena, la actriz Nona Fern√°ndez rompe el panorama en el que prevalece el discurso de la palabra y lo conceptual, llenando de sentido y vitalidad lo que antes anidaba de preferencia en los cerebros.

Transfigura cuerpo y rostro, y apela al p√ļblico: un gesto que estremece porque la parvularia carga con su culpa, pero tambi√©n responsabiliza de estos hechos a todos, a la sociedad y a cada uno de los espectadores.

Teatro del Puente. Parque Forestal s/n. Viernes y s√°bado, 21.00; domingo, 20.00 horas. Entrada general $ 6.000; tercera edad $ 4.000; estudiantes $ 3.000. Hasta el 27 de Agosto.

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