Artes y Cultura
Martes 21 agosto de 2018 | Publicado a las 15:42
¬ŅY si el Museo de la Democracia lo hicieran Feministas?
Publicado por: Ezio Mosciatti
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El ejercicio de pensar un Museo de la Democracia ideado, pensado y realizado por feministas puede dar cuenta de las dificultades que podr√≠a conllevar realizar la idea del Presidente Sebasti√°n Pi√Īera.

Si se aceptara esa idea, habría un primer punto: definir qué feministas se harían cargo de liderar el proceso. Después debieran definir el proceso, porque no sólo debiera ser democrático (para ser consecuentes con el tema) sino que además, más que nos ser machista, ser feminista. Y en esto, tenemos poca experiencia.

Salvados todos esos desaf√≠os, lo m√°s probable es que lleguemos a un Museo que plantee que no se puede hablar de Democracia en Chile antes de 1949 (cuando se aprueba el voto femenino), y que esta sigui√≥ y -probablemente para muchos- sigue discriminando a muchas mujeres y a minor√≠as. Por lo tanto, que el Museo de la Democracia contendr√≠a la historia de sistemas pol√≠ticos que nunca han sido Democracias, as√≠, con may√ļscula.

El resultado de un ejercicio como éste podría ser un Museo de la Democracia que podría tener gran cantidad de personas en contra. Contraproducente.

Museo de la Democracia o cómo perder el control

Las ideas deben ser buenas y, adem√°s, ser bien formuladas, ser viables y, en lo posible, ser planteadas en un buen momento. La idea del Presidente Sebasti√°n Pi√Īera es mala o, al menos, muy compleja (como espero haya quedado ejemplificado arriba), fue mal formulada, no parece viable de realizar en su gobierno y, claramente, lo hizo en un muy mal momento.

Muy mal momento

Partamos por lo √ļltimo. Cuando todav√≠a se sigue discutiendo y las aguas est√°n revueltas por la salida del ex‚Äďministro de las Culturas Mauricio Rojas debido a sus opiniones sobre el Museo de la Memoria, es muy poco adecuado el momento para proponer un Museo de la Democracia, ya que resulta muy dif√≠cil no relacionarlo con esa contingencia. Muchos hablan de “empatar” y de no reconocer en los hechos -y no s√≥lo en las palabras- el valor del Museo de la Memoria.

El Museo de la Memoria busca un ‚Äúnunca m√°s‚ÄĚ, reparar en algo a los familiares y a los entornos de las v√≠ctimas. No es tan distinto a los Memoriales y Museos del Holocausto (y no he escuchado voces pidiendo incluir en ellos la mirada de los nazis). No es un Museo Hist√≥rico, que es el destinado a mostrar, revisar y discutir sobre la Historia, las distintas posturas y enfoques (No olvidemos que a su ex‚Äďdirector lo despidieron ‚Äďrenuncia no voluntaria- precisamente por hacer lo que algunos le piden al Museo de la Memoria).

En este contexto, parece sano ‚Äďy estrat√©gico- esperar que se aquiete la discusi√≥n sobre el Museo de la Memoria para luego empezar a hacer propuestas ‚Äúnuevas‚ÄĚ, fuera de programa.

No es viable, hay otras urgencias

El Gobierno tiene dos o tres grandes tareas por delante en la cartera de las Culturas. La primera, como ratificara el Presidente en su Cuenta P√ļblica, es la implementaci√≥n del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, desaf√≠o mayor que implica contratar cientos de personas, instalarse en todas las regiones (incluyendo √Ďuble) y hacerlo de la manera m√°s arm√≥nica posible con sus trabajadores, que se encuentran fragmentados en diversas asociaciones (ANFUDIBAM, ANFUCAP, ANATRAP‚Ķ). S√≥lo trabajar y avanzar

Otro gran desaf√≠o es modificar el marco legal e institucional que rige al Patrimonio Cultural del pa√≠s, tema muy sentido y demandado hace a√Īos pero en el que no hay consensos, sino m√°s bien se vislumbran grandes discusiones y posturas antag√≥nicas. Chile est√° muy atrasado en esta √°rea, incluso en relaci√≥n a varios pa√≠ses de la regi√≥n, y debiera ser una prioridad avanzar en ella. Este tema, urgente, demandar√° mucha energ√≠a y capacidad de negociaci√≥n o de alinear suficiente fuerza como para poder sacar √©sto adelante.

Como bien lo dijo la nueva Ministra de las Culturas Consuelo Valdés, hay varios Museos -y tres Museos Nacionales en particular- que deben mejorar su gestión, accesibilidad, recursos. Y esto, en un gobierno que está reduciendo su presupuesto y que no tienen la cultura como prioridad, se ve difícil.

Frente a todas las prioridades mencionadas, ¬Ņcu√°l es el sentido de ponerse m√°s trabajo arriesgando la posibilidad de cumplir con lo ya comprometido?

Una idea mal formulada

¬ŅBasta que la Democracia sea importante para hacer un Museo dedicada a ella? La argumentaci√≥n ha sido b√°sica, con un ‚Äúaire‚ÄĚ de responder a presiones del momento m√°s que a una reflexi√≥n que sopese los costos que una iniciativa de ese car√°cter tendr√≠a (aunque sospecho que s√≠ consider√≥ que su nombre quedar√≠a ligado a ese Museo, aunque no se termine en su gobierno).

No ha habido un desarrollo de la idea, sus fundamentos m√°s profundos, salvo que resalte el ‚Äúpluralismo, tolerancia y el respeto‚ÄĚ, valores que ponen en cuesti√≥n varios per√≠odos considerdos por muchos ‚Äúdemocr√°ticos‚ÄĚ.

Adem√°s, el Presidente plante√≥ que se ubicar√≠a en la Regi√≥n Metropolitana (¬°otro m√°s!, ¬Ņy la descentralizaci√≥n?), en el Museo Hist√≥rico Nacional (no hay posibilidades razonables de ampliaci√≥n, a menos que quiera usar el edificio de Correos de Chile, a menos que cambien el MHN a otro lugar, que es un cambio mayor), lo que implica mezclas de temas complejos.

Una mala idea

Un Museo de la Democracia puede traer más dudas que certezas, más discusiones y desacuerdos que acuerdos, puede poner en evidencia la fragilidad de ésta y que, a la hora de definiciones, puede generar más disputas que unidad.

Entonces se podrían plantear discursos paralelos, unos de derecha, otros de centro y otros de izquierda. Pero sucede que hay varias derechas, varios centros y varias izquierdas. Y además están las feministas, las miradas de los pueblos originarios (que no han tenido democracia, si ni siquiera se han hecho ajustes de ésta a sus culturas) y podemos poner un largo etcétera.

Tal vez se podr√≠a pensar en un Centro Cultural destinado a dialogar y pensar en la democracia, algo din√°mico y cambiante, vivo (ahora que muchos plantean una democracia limitada a lo local, restringida o simplemente vaticinan su muerte ‚Äďy ah√≠, claro, podemos hacer un Museo o un Mausoleo).

Creo que lo mejor es que la idea decante, para ver si madura o se pasma.

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