Sociedad
Una “maldici√≥n” en Colombia podr√≠a ayudar a curar el Alzheimer
Publicado por: Daniela Dorrego
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En Yarumal, un pueblo al norte de Colombia llama “maldici√≥n” al Alzheimer. Anomal√≠a gen√©tica que puede, a costa de un enorme sacrificio y gracias a una aventura cient√≠fica fuera de lo com√ļn curar este mal.

Cuando John Jairo, un atento vigilante nocturno, perdió su empleo por haber dejado todas las puertas abiertas, su familia comprendió que le había llegado la hora de padecer el flagelo que afecta a este pueblo y a sus alrededores desde hace varias generaciones.

Este hombre demacrado tiene apenas 49 a√Īos y su cerebro ya est√° carcomido por la enfermedad degenerativa. Su mirada, perdida, se posa sobre su hija Jeniffer. “Tengo miedo todo el tiempo de que me pueda ocurrir. Cuando pierdo algo me digo: ya lo tengo”, confiesa a la AFP esta triste joven de 18 a√Īos y largo cabello casta√Īo.

Su padre, que “antes era un hombre tan alegre”, no es m√°s que un fantasma inquieto, por momentos agresivo, que se levanta en el medio de la noche para intentar salir de su casa. El a√Īo pasado, un vecino afectado por la misma enfermedad burl√≥ la vigilancia de su familia y fue hallado luego, muerto de fr√≠o, en la monta√Īa.

Herencia de sus ancestros europeos, la “mutaci√≥n paisa” (como se conoce a los habitantes del departamento de Antioquia, al que pertenece Yarumal) puede desencadenar de manera tan precoz como brutal el mal de Alzheimer, que, en su forma habitual, se presenta reci√©n despu√©s de los 60 a√Īos.

Basta con que uno de los progenitores transmita a su hijo esta malformaci√≥n, detectada en un gen del cromosoma 14, para quedar preso de esta enfermedad con la posibilidad de ser portador de la enfermedad, o incluso antes de llegar a los 40 a√Īos.

En algunas familias, padres e hijos han sufrido simultáneamente este ciclo infernal de pérdida de memoria seguida de demencia.

Encontrar el remedio

El doctor Francisco Lopera, un neur√≥logo que pas√≥ su infancia en Yarumal, recibi√≥ hace 30 a√Īos un paciente con estos s√≠ntomas en el hospital de Medell√≠n.

Líder del Grupo de Neurociencias de la Universidad de Antioquia, se lanzó entonces a un inmenso desafío: encontrar un remedio para prevenir el Alzheimer.

“La mayor√≠a de los ensayos cl√≠nicos ha fracasado y se debe a que han sido probados demasiado tarde. Se ha cambiado la estrategia y la idea es probar estos medicamentos tempranamente, antes de que la enfermedad destruya el cerebro”, explica Lopera.

Este cient√≠fico prueba desde hace algunos meses una mol√©cula en un grupo de 300 pacientes sanos de entre 30 y 60 a√Īos, portadores de la “mutaci√≥n paisa”. Los resultados se esperan hacia 2020.

Concebido en el marco de un proyecto de 100 millones de dólares, financiado por el Instituto Nacional de Salud (NIH) de Estados Unidos, el instituto estadounidense Banner y el centro Genentech, miembro del grupo farmacéutico suizo Roche, este medicamento busca destruir la proteína beta-amiloide que, en los pacientes de Alzheimer, coloniza el cerebro y lo atrofia.

Hay mucho en juego. El Alzheimer afecta a m√°s de 36 millones de personas en el mundo y, sin un remedio, podr√≠a extenderse a 66 millones en 2030 y 115 millones en 2050, seg√ļn un estudio de la Organizaci√≥n Mundial de la Salud (OMS). Esto supone un nuevo caso cada cuatro segundos, tres veces m√°s que el sida.

“No se sabe la causa del Alzheimer, pero para el 1% de las personas que sufren la enfermedad en el mundo, es gen√©tica. Eso abre una ventana muy importante para la investigaci√≥n de terapias preventivas”, se√Īala Lopera, quien identific√≥ una poblaci√≥n de riesgo de 5.000 personas en la regi√≥n de Yarumal.

Banco de cerebros

Su universidad alberga, en una peque√Īa habitaci√≥n llena de refrigeradores y tarros de formol, un excepcional “banco de cerebros”, una valiosa fuente de informaci√≥n obtenida gracias a la donaci√≥n de √≥rganos de la poblaci√≥n local.

“Fue muy dif√≠cil para esa gente, adem√°s del sufrimiento, dejar el cerebro de sus seres queridos”, dice con admiraci√≥n Luc√≠a Madrigal, una enfermera del Grupo de Neurociencias, que organiza talleres de estimulaci√≥n cognitiva para los enfermos.

“Sin ese lazo social, nunca hubiese existido este proyecto cient√≠fico”, dice esta sabia sexagenaria que no piensa en jubilarse. Nacida en los Andes, ha sido testigo de la angustia de Yarumal. “Unos dicen que prefieren matarse. Despu√©s llega la enfermedad y se olvidan, pues”.

Marta, una en√©rgica abuela de 72 a√Īos oriunda de Yarumal y radicada en Medell√≠n, reza por el √©xito del equipo del doctor Lopera.

En su casa, sus dos hijos de 43 y 47 a√Īos comenzaron a perder la memoria y volvieron a ser “ni√Īos peque√Īos”. Postrada, su hija de 53 a√Īos es “s√≥lo un cuerpo” y se alimenta con mamadera. “Entregu√© mis hijos a Dios, ahora es √©l quien decide”, murmura.

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