Notas
¬ŅQui√©n fue el ‘genio’ que quiso cambiar la esencia del tenis?
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Los gritos de los jugadores en los torneos Challengers se escuchaban m√°s all√° de los l√≠mites de las canchas e incluso de los clubes sedes de los eventos. En la √ļltima edici√≥n de la Cachantun Cup jugada en el Stade Francais de Las Condes la mayor√≠a de los tenistas se quej√≥ ante los jueces de silla y frente a los organizadores: ‚ÄúQui√©n invent√≥ esta regla?. Favorece al que sirve y desnaturaliza el juego‚Ķ ¬°As√≠ no se puede seguir‚Ķ!‚ÄĚ.

Los principales actores de este juego alud√≠an, no sin raz√≥n, a tener que seguir jugando una vez que el adversario ejecutara el saque, a√ļn cuando la pelota tocara la red (‚Äúlet‚ÄĚ) y cayera en el rect√°ngulo del servicio. Muchos jugadores, todav√≠a sin reacci√≥n ante la nueva regla impuesta a partir de este a√Īo, y por tres meses, se quedaban parados mientras la bola segu√≠a su curso. Eran puntos ganados por su rival tras tocar la pelota la malla y caer en su sector. ‚Äú¬ŅQui√©n fue el genio‚Ķ?‚ÄĚ, gritaban los competidores.

Las protestas se multiplicaron en este trimestre de prueba que el 31 de este mes toca a su fin. Y lograron surtir efecto: ayer en Miami, la ATP comunic√≥ que la regla dejar√° de aplicarse a partir de ese d√≠a y que en Wimbledon, el pr√≥ximo mes de junio, habr√° otra reuni√≥n para decidir acerca de revitalizarla o guardarla para siempre en alg√ļn caj√≥n olvidado.

La pregunta en todo caso sigui√≥ con vida: ‚Äú¬ŅQuien fue el genio que quiso cambiar la esencia del tenis‚Ķ?‚ÄĚ.

En el fracaso, nadie se hizo responsable. Sin embargo los jugadores saben que la idea surgió de gente de la ATP ligada al tenis norteamericano, ya que ante las urgencias creadas por la televisión en el sentido de acortar los tiempos en los partidos, se buscaron alternativas.

Alguien recordó que en los torneos de tenis universitarios de Estados Unidos se utilizaba el sistema de seguir jugando el game aunque la pelota tocara la red tras un servicio. Y la contó. En la ATP pensaron que sería una buena opción pero para comprobar su éxito o fracaso, debía experimentarse en torneos menores. Nadie se atrevería, pensaron, en validar esta modalidad en un ATP grande o un Master 1000 con la presencia de Novak Djokovic, Roger Federer o Rafael Nadal, por nombrar a los tres fantásticos del tenis mundial.

Los conejillos de indias fueron los jugadores de los challengers. No hubo certamen de ese nivel en el que no arreciaran las protestas, los insultos y las cartas firmadas.

Silenciosamente en la ATP fueron tomando nota. Y ante el vendaval, silbando bajito, optaron por dar marcha atr√°s con esta intenci√≥n, nada ‚Äúbrillante‚ÄĚ por cierto, desnaturalizando al tenis como deporte que mantiene sus reglas b√°sicas desde hace m√°s de 100 a√Īos. Si fracas√≥ en los Challengers, en el mes de junio a nadie se le ocurrir√° presentar la postura acerca de reponer este absurdo en los cert√°menes ATP.

Las alternativas para acortar los partidos deberán buscarse por otros costados del reglamento. El de darle mayor participación de la que tiene a la red, resultó pelota mal jugada.

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