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El gato que llegó en Navidad
Publicado por: Christian Leal
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Heather (CC)

Heather (CC)

Ocurrió en vísperas de Navidad. En aquella época, venía saliendo de un periodo de depresión y me había hecho el hábito de pasear los fines de semana, al caer la tarde, por el poco concurrido casco histórico de Concepción, antes de que el terremoto de 2010 arrasara con sus fachadas.

Pasaba frente a las ruinas de una construcci√≥n incendiada cuando lo vi. Era un gato adulto, blanco con gris, que yac√≠a arrimado en un rinc√≥n. Me llam√≥ la atenci√≥n que no huyera a mi paso. Los gatos suelen ser en extremo recelosos de los extra√Īos -o bien sumamente confiados y acercarse- pero este no hizo ninguna acci√≥n, salvo emitir un maullido d√©bil y lastimero.

Era evidente que algo andaba mal con √©l. Al acercarme not√© que su pelaje estaba sucio y magreado, quiz√° tanto como su propio due√Īo, cuya piel era s√≥lo una excusa para unir un atado l√°nguido de huesos.

Me conformé con algunas caricias y seguí caminando, pero no fue fácil quitarme su imagen de criatura resignada a la muerte y poco más adelante compré unas rebanadas de jamón, las que engulló con dificultad.

Mientras lo observaba me pregunt√© por su origen. La casa frente a la que hac√≠a guardia parec√≠a haberse quemado hac√≠a poco, a juzgar por las tablas y muebles inservibles arrumbados en la calle. ¬ŅPudo ser que los due√Īos se fueran y lo dejaran a su destino, quiz√° d√°ndolo por muerto? No hab√≠a forma de saber.

Lo √ļnico cierto era que si lo dejaba all√≠ el gato morir√≠a, ya fuera por enfermedad, inanici√≥n o por alg√ļn perro que quisiera adelantar el trabajo. As√≠ que lo tom√© y casi sin ninguna resistencia, me lo llev√© a casa.

Al d√≠a siguiente, el veterinario me confirm√≥ que el animal era la verdadera representaci√≥n de lo que significaba ‚Äúestar para el gato‚ÄĚ: toda una serie de males, infecciones e incluso una plaga de pulgas aquejaban al pobre felino, al punto que el m√©dico me pregunt√≥ si realmente estaba dispuesto a invertir lo necesario en un paciente con aquel pesimista ‚Äúpron√≥stico reservado‚ÄĚ.

Por aquel entonces, un revés personal me tenía de vuelta en casa de mis padres, y aunque no podríamos decir que nadara en dinero, haciendo sacrificios podía disponer de algo. En realidad, había tomado la decisión de que si en algo valía la pena gastar mis recursos era en tratar de salvar una vida. Aunque fuera la de un gato.

Volví a casa cargado de remedios, vitaminas e indicaciones a cumplir cada dos horas, los 7 días de la semana, a las cuales el animal se entregaba dócilmente. Lo instalé en una habitación trasera, con una ventana a la cual le daba el sol gran parte de la tarde, y donde él se echaba a dormir durante todo el día.

Poco a poco y contra todos los vaticinios, el gato se fue recuperando. No s√© si alguna vez lo habr√°n hecho, pero arrebatarle alguien a la muerte y ver como progresa un poco cada d√≠a es una de las sensaciones m√°s satisfactorias que pueden existir. De la cadencia, el gato hab√≠a pasado a saltar alegremente de un lado a otro y, en lo que fue toda una se√Īal de renacimiento, a ronronear.

Le llamamos Taz debido a su reci√©n descubierto comportamiento endemoniado. Persegu√≠a a otros gatos como si el recinto fuera su exclusividad, y defend√≠a su comida como si fuera la √ļltima. Sin embargo al comprender que no era necesario competir con nadie por ella, comenz√≥ a dulcificar su car√°cter. Pronto se convirti√≥ en el regal√≥n de la casa, compartiendo amigablemente con los dem√°s animales (claro, castrarlo tambi√©n ayud√≥).

Dicen que los gatos son sibaritas que saben disfrutar las cosas buenas de la vida y Taz era uno de sus mejores representantes. En invierno descubrió rápidamente el placer de extenderse cuando largo era frente a la estufa y, cuando alguien hacía saltar una pelota con cascabeles por el pasillo, era el primero en lanzarse contra ella.

Pero sus mayores manifestaciones de alegr√≠a las reservaba para m√≠. Siempre que llegaba a casa me ped√≠a, con semblante juguet√≥n, que le tomara en brazos. Y como si quisiera dejar en rid√≠culo a todos quienes consideran a los gatos seres traicioneros o mal agradecidos, se volcaba en un festival de mimos y lang√ľetazos contra mi cara, en una actitud m√°s propia de un perro que de un arist√≥crata egipcio.

Nunca le gustó mucho salir, quizá porque ya había tenido suficiente calle en su sino. Prefería arredrarse sobre el cojín de una silla, junto al computador, donde fingía dormir mientras yo trabajaba a su lado.

Por desgracia, la muerte no soporta que la burlen durante mucho tiempo. Para la Navidad del a√Īo siguiente, Taz hab√≠a vuelto a enfermar, esta vez con m√°s virulencia que antes. Incluso el veterinario parec√≠a confundido, limit√°ndose a recetar paliativos que daban cada vez menos efecto.

Su viveza dio paso nuevamente a la languidez, mortificada por una infecci√≥n en la boca que le hac√≠a dar aullidos cada vez que intentaba comer. A√ļn as√≠, segu√≠a apegado a m√≠, demostrando su afecto cada vez que su salud se lo permit√≠a.

Una noche, antes de terminar el a√Īo, se neg√≥ a seguir tomando agua desde la jeringa con la cual se la proporcionaba. Hab√≠a decidido que era suficiente.

Le prepar√© una cama mullida sobre un peque√Īo canasto de mimbre. All√≠ acomod√© su cuerpo fl√°cido como un ovillo, con su vista fija hacia m√≠, como hab√≠a hecho durante 365 noches.

A la ma√Īana siguiente Taz estaba inm√≥vil, respirando fatigosamente. Movi√≥ sus ojos vidriosos para regalarme una √ļltima mirada y quietamente, como si hubiera expirado su alma en un suspiro, nos abandon√≥.

Lo sepult√© en el patio de mi casa, durante una tarde de verano plena de ese sol que tanto amaba. Hab√≠a evadido durante un a√Īo a la muerte, que finalmente se hart√≥ de aplazamientos y volvi√≥ para reclamarlo.

Pero durante aquel a√Īo no s√≥lo hab√≠a sido intensamente feliz, sino que lo hab√≠a demostrado. Para m√≠, su recuerdo siempre ser√° una lecci√≥n de agradecimiento, no s√≥lo hacia quienes nos rodean, sino tambi√©n a esa victoria cotidiana que significa cada segundo en que nos aferramos a la vida.

Christian F. Leal Reyes
Periodista
Director de BioBioChile

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