Notas
Celibato, pedofilia y la impunidad en la Iglesia Católica
Publicado por: Alberto Gonzalez
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Se celebraba el Domingo de Ramos en la Catedral Metropolitana y como era su costumbre, el obispo auxiliar de Santiago, Andrés Arteaga, se ubicó al frente para dar la comunión a los feligreses. Sin embargo, la mayoría de los fieles evitaron recibir la ostia de su mano, quedando en evidencia el repudio a su defensa irrestricta a Fernando Karadima, un influyente sacerdote que abusó de menores.

En los √ļltimos meses, y me atrever√≠a decir en los √ļltimos a√Īos, la Iglesia Cat√≥lica vive una profunda crisis derivada de las m√ļltiples denuncias de abusos sexuales por parte de sacerdotes, contra ni√Īos principalmente.

Desde casos tan emblemáticos como el fundador de los Legionarios de Cristo, el mexicano Marcial Maciel, hasta otros más cercanos como el de Karadima, los católicos han ido conociendo escabrosos detalles de hombres cuyas vidas estaban lejos de ser consagradas al servicio religioso, cuyos delitos han quedado en la impunidad.

Ante los reiterados escándalos, han surgido distintas teorías respecto al origen de la perversión, entre las que se cuenta el celibato que la Iglesia impone a sus sacerdotes y que claramente se presenta como uno de los factores principales de los casos de atentados sexuales.

El origen del celibato

La iglesia postula que los curas deben ser c√©libes, es decir, una persona “no casada”. El t√©rmino se usa para designar a quienes viven esa situaci√≥n “por consagraci√≥n a Dios”, seg√ļn el Glosario de T√©rminos Religiosos y Eclesi√°sticos.

Esta imposici√≥n se adopt√≥ en el siglo XVI durante el Concilio de Trento, como una forma de tomar medidas ante la inmoralidad de los sacerdotes de esa √©poca, que ten√≠an concubinas y, por consiguiente, v√°stagos repartidos en diversos lugares, tal como lo reconoci√≥ el te√≥logo espa√Īol Enrique Miret Magdalena.

Sin embargo, el principal libro de referencia para la religión, la Biblia, no apoya precisamente esta disposición que se adoptó en Trento. En la primera carta del apóstol Pablo a Timoteo, en los versículos 3 al 7 del capítulo 3 especifica que:

“Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para ense√Īar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeci√≥n con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¬Ņc√≥mo cuidar√° de la iglesia de Dios?); no un ne√≥fito, no sea que envaneci√©ndose caiga en la condenaci√≥n del diablo. Tambi√©n es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descr√©dito y en lazo del diablo”.

En este sentido, y pese a que se argumenta que el propio Pablo indic√≥ en la primera ep√≠stola a Corintios -en el vers√≠culo 1 del cap√≠tulo 7- que “en cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le ser√≠a al hombre no tocar mujer”, como una forma de justificar el a estas alturas rid√≠culo dogma, el ap√≥stol se√Īala en el verso 8 y 9 del mismo cap√≠tulo que “digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen don de continencia, c√°sense, pues mejor es casarse que estarse quemando”.

¬ŅAlguna duda que el celibato no tiene asidero b√≠blico? Me parece que no hay lugar a segundas interpretaciones. Tanto as√≠ que hay investigadores y te√≥logos, como el sacerdote suizo Hans Kung, quien derechamente ha publicado art√≠culos como en el diario franc√©s Le Monde, en contra de esta pr√°ctica.

Seg√ļn el tambi√©n acad√©mico de la Universidad de T√ľbingen (Alemania), esta falsa doctrina ‚Äúrevela la relaci√≥n crispada que entretiene la jerarqu√≠a cat√≥lica con la sexualidad, la misma relaci√≥n que determina su postura con respecto de la contracepci√≥n‚ÄĚ.

El celibato y los casos de pedofilia

Asimismo, Hans K√ľng tambi√©n postula en dicha columna que ‚Äúcon la misma franqueza para abordar de cabo a rabo el tema de los abusos sexuales, habr√≠a que abordar la discusi√≥n de su causa esencial y estructural: la regla del celibato. Esto es lo que los obispos deber√≠an plantearle con firmeza y sin ambages al papa Benedicto XVI.‚ÄĚ

De esta forma, abre una posibilidad cierta del factor detonante en los miles (¬Ņo millones?) de casos de abusos sexuales, que en pa√≠ses como Irlanda y Estados Unidos, han provocado un sismo importante en El Vaticano…y en la fe de los pocos creyentes que van quedando frente al quiebre del paradigma de los llamados a ser modelos de moralidad y vida p√≠a.

Aunque no s√≥lo el profesor K√ľng sac√≥ del cl√≥set este tema, sino tambi√©n otros reputados miembros del clero han comenzado a reconocer el v√≠nculo. Un ejemplo lo constituye el obispo auxiliar de Hamburgo, Hans-Jochen Jaschke , quien reconoci√≥ en un art√≠culo de la BBC que “el celibato puede ser un estilo de vida que atraiga a personas que tienen una sexualidad anormal y que son incapaces de incorporar la sexualidad de modo normal en su vida”.

Asegurar a priori que el celibato es el culpable de todos los abusos, a lo mejor es exagerado, pese a lo cual claramente contribuye y ofrece un campo propicio para las mentes enfermas.

Quizás la relación no está precisamente en que el celibato incline la tendencia hacia la pederastia, sino más bien que la insana atracción hacia menores se ve favorecida con el celibato, al no obligar el vínculo sexual normal y corriente.

Por otro lado, la iglesia ofrece una oportunidad enorme de ejercer influencia y superioridad sobre otros, para seducir y convencer a sus v√≠ctimas, y de esta forma evitar la culpa merced de los trastornos narcisistas y la fr√°gil autoestima que presentan, seg√ļn se√Īala el libro ¬ŅQu√© es la pedofilia? de Anna Oliverio Ferraris y Barbara Graziosi.

Los investigadores, por otro lado, destacan que los abusadores intentan por todas las formas posibles de estar en contacto con menores, y eso se los proporciona la iglesia, así como colegios y otras instituciones afines.

La política del barrido bajo la alfombra

Aunque en el caso de la iglesia, √©sta ha tomado el camino equivocado del “ocultamiento”. En otras palabras, en vez de castigar y entregar a la justicia los antecedentes, ha preferido cambiar de ciudades a los acusados, y en casos emblem√°ticos, proscribir a una vida de “oraci√≥n y penitencia”.

Poco castigo, incluso irrisorios si se toma en cuenta el enorme da√Īo a inocentes, por parte de individuos que aprovecharon su posici√≥n de poder para abusar impunemente, amparados no s√≥lo por el “paraguas” religioso de la iglesia, sino tambi√©n de c√≠rculos de poder mezclados con pol√≠ticos y empresarios.

¬ŅCu√°l es la raz√≥n de esta pol√≠tica del “barrido bajo la alfombra”? Puede que esos lazos e influencias en los poderosos no sea otra cosa que una red para ocultar m√°s mentiras, m√°s abusos y m√°s inmoralidad.

El pasado viernes 20 de julio falleció Isabel Margarita Lagos, más conocida como Sor Paula, quien era investigada por abusos sexuales contra menores, aprovechando su calidad de Superiora de la Congregación las Ursulinas de Chile. Se fue sin pagar en vida los delitos por los cuales era investigada. Tal y como ocurrió con Marcial Maciel, tal y como ocurrió con Augusto Pinochet.

Es tiempo que la iglesia Cat√≥lica deje de pedir perd√≥n y comience a asumir en acciones concretas la culpa que le cabe por los abusos contra menores, incluso, si es necesario rompiendo dogmas y falsas doctrinas. Quiz√°s un Concilio al estilo del desarrollado en Trento no ser√≠a una mala opci√≥n para decidir actualizar una entidad que ahora m√°s que nunca parece un “sepulcro blanqueado”.

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