Notas
Verano, verano, ¬°so√Ī√© que la nieve ard√≠a!
Publicado por: Oscar Vega
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Europa y el verano encima. Fui a respirar, me sent√© a orillas del rio al Tajo y so√Ī√© que estaba so√Īando. En realidad estaba meucando o cabeceando ah√≠, sin querer, a orillas del B√≠o-B√≠o, camino a Santa Juana, donde, todo hay que decirlo, tengo un amigo cototudo. De pronto a mi lado siento un dulce murmullo, un c√°lido aliento. Miro y en menos que canta un gallo, digo:

-Camila, ¬°por fin te encuentro! Camila Vallejo, tanto tiempo pensando en este instante.

-Yo no soy yo, me dijo la princesa marxista.

-S√≠, t√ļ eres t√ļ. T√ļ, la misma de ayer, la que no supe amar, – le respond√≠ en tono rom√°ntico, plagiando un texto del pegajoso bolero del bardo mejicano, de Lu√≠s Miguel.

-¬ŅQu√© te pasa, gal√°n machista? ¬ŅD√≥nde la viste?

-La firme, Camila. Te veo y estoy políticamente desconcertado.

-Yo también pero, para que sepas, yo solo estoy media desconcertada.

Mir√© el torrente y confes√©: Camila, anoche so√Ī√© que la nieve ard√≠a.

-Tonto, esa es la letra del ‚Äú¬°Ay!, ¬°ay!, ¬°ay!‚ÄĚ del Osm√°n P√©rez Freire, ¬Ņapuesto que a ese p√°jaro antiguo, alguna vez, lo entrevistaste?

-Me estas avejentando más de la cuenta, Camila, no tienes piedad. Pero es bueno que lo sepas, ese verso no se le ocurrió al Osmán. Pertenece al antiguo romancero el del Siglo de Oro. Aprende chica.

-Mucha can√≠cula. Est√°s confundido canaca ‚Äďrespondi√≥ la voz, pero era otra voz. Mir√© y no pod√≠a creerlo. Qued√© patidifuso.

-¬ŅAngela, t√ļ, eres tu?

Efectivamente. Era la Merkel. Inconfundible ella, el rictus de sus labios y esa chaqueta tan mona, tan original, la que no cambia nunca. Miré de nuevo el río, iba ancho, plácido, solemne, con barquitos a la distancia.

-Me embolin√©, Angela, disculpa, pero‚Ķ ¬Ņqu√© veo? este no es el B√≠o-B√≠o, es el r√≠o Tajo y estoy tomando sol contigo a mi lado. Estoy en Lisboa, la ciudad donde moro auto desterrado, la capital lusitana, la intervenida por los hombres de negro, los de la Troika.

-Te has equivocado otra vez canaquita ¬Ņo prefieres que te llame sudaca o sudaquita? Lo que ves frente a ti no es el Tajo, es el r√≠o Spree. No est√°s en Portugal sino en mis dominios. Bienvenido.

-¬ŅEn Berl√≠n, acaso estoy en Berl√≠n? Pero Angela, entonces ¬Ņqu√© no es √©ste es el mismo r√≠o Spree donde unos malandrines alemanes tiraron al agua, la eliminaron, por dirigir la revoluci√≥n espartaquista, a mi grande Rosa de Luxemburgo?

-Correcto, pero eso sucedi√≥ el a√Īo de la cocoa, f√≠jate, en 1919. Eso es harina de otro costal. Estas atrasado, canaquita, tienes que renovarte, necesitas concertarte, tal como la mayor√≠a de tus compatriotas all√°, los que, entre par√©ntesis, al pi√© de cordillera, est√°n hasta las narices con smog

-Eso es verdad, Angela. Pero ante la poluci√≥n ‚Äďdigo la poluci√≥n ambiental, no la otra- yo tengo fe ciega en Sebasti√°n, un ecologista a carta cabal. √Čl lo arregla todo.

-Le conozco. ¬ŅAprender√≠a historia alemana? La vez que estuvo ac√° qued√≥ la ¬Ņc√≥mo llaman ustedes?, ah, si, qued√≥ la escoba.

Al escuchar eso sent√≠ sofoco, verg√ľenza ajena. Cambi√© el giro de la conversaci√≥n. Entonces, con el tono m√°s melodram√°tico que pude, me puse a suplicar:

-¬°Angela, santa Angela, por las entretelas, esc√ļchame, tienes que salvar al euro! Hazle caso al Negro de Washington, ¬°tienes que ponerte con la unidad de la UE. S√≠ puedes, no eres vieja pero s√≠, eres integrante del Viejo Mundo‚Ķ!

-¬ŅOye bonito? Para empezar nada de santa, que soy luterana y casada. Segundo ¬Ņqu√© tu crees?… que nuestros bolsillos germanos revientan de billetes, que por aqu√≠ saltan, corren y brincan a destajo los ¬Ņc√≥mo le llaman ustedes? ‚Ķlos chicharrones.

-No te alteres mi reina del Banco Central Europeo. Solamente te recordaba que hay pobres que est√°n sufriendo sin parar. Mira abajo del mapa, hunde tus ojos en el Mediterr√°neo.

-¬°Ah, si! Me hablas de Italia donde trampean en vez de trabajar y de Grecia donde olvidaron a su compatriota Di√≥genes el cual, despreciando la riqueza, viv√≠a pilucho en un tonel. Mencionas a Espa√Īa donde se menean con sardanas y procesiones mientras un fulano, que antes trabajaba en ese escandaloso banco Lehman Brothers, y ahora oficia de Ministro de Econom√≠a, el tal de Guidos ese, lo mismo que poner al zorro a cuidar las gallinas. Y me hablas de Portugal donde‚Ķ

-Angela, calla por favor, d√©jame meter la cuchara. En Portugal estamos recitando los versos m√°s tristes de esta noche. Nos vigilan del FMI, del BCE, de la UE. Aumenta el IVA, el paro se empina al 15% y los secuaces cranean una reforma laboral leonina, los funcionarios, que son muchos, ya no tienen pagas extras del verano o navidad. Los jubilados la est√°n viendo con tongo. Ir al m√©dico y a la farmacia cuesta un ojo de la cara. Hospitales y transportes p√ļblicos andan al tres y al cuatro y el desabrido Gobierno del imberbe conservador Passos Coelho quiere vender o privatizar hasta el fado y los postes de la luz‚Ķ

No obtuve respuesta. Silencio espeso. Tolerancia cero. Se me obscureció el paisaje. Angela, se había hecho humo. Ahora solo veía correr agua sucia. Percibí un fuerte olor a azufre. Abrí los ojos y a mi lado apareció un gordo con sotanas coloradas y un anillo de oro entre sus dedos. Me tendía su mano para que la besara. Me habló con voz de falsete más falsa que Judas.

-Soy el arzobispo Marzinkus, el banquero de Dios, soy el segundo a bordo en nuestro amado Vaticano. Hijo mío, ya escuché. Cargas tu cruz con un rosario de lamentos. Tienes que aprender a sufrir. Yo estoy aquí para ayudarte.

Empapado en sudor sentí calofríos. Por suerte, en ese mismo instante, alguien, no sé quién, metió un tremendo gol. Los estadios del continente aullaban. Gritos y pataleos, bocinazos, cornetazos y rugidos. Desperté bruscamente.

Oscar ‚ÄúEl Monstruo‚ÄĚ Vega:

Periodista, escritor, corresponsal, reportero, editor, director e incluso repartidor de peri√≥dicos. Se inici√≥ en El Sur y La Discusi√≥n, para continuar en La Naci√≥n, Fort√≠n Mapocho, La √Čpoca, Ercilla y Cauce. Actualmente reside en Portugal.

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