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Dell en la mira: fabricó millones de computadores sabiendo que el 97% presentaría graves fallas
Publicado por: Gabriela Ulloa
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Dell OptiPlex

Dell OptiPlex

Dell, una de las empresas modelo del desarrollo tecnol√≥gico, est√° pasando por una de sus peores crisis luego de que saliera a la luz que pr√°cticamente el 97% de los computadores de su l√≠nea de escritorio OptiPlex -que alcanz√≥ gran fama a nivel mundial- fallaban antes de los 3 a√Īos de uso, causando innumerables problemas en sus consumidores como p√©rdidas de archivos y monetarias, e incluso la posibilidad de que los computadores se incendiaran. El golpe m√°s bajo, no obstante, fue saber que la empresa lo hac√≠a con conocimiento de causa.

De acuerdo a un completo informe, The New York Times destap√≥ el lunes la pol√©mica que comenz√≥ en 2007 cuando AIT (Advances Internet Technologies) instal√≥ una demanda en Estados Unidos luego del colapso de cerca de 2 mil computadores de la empresa -quien se hizo la desentendida-, caus√°ndoles irreparables da√Īos en sus arcas. Sin embargo, reci√©n se conocieron los papeles secretos de la demanda que dejan a la manufacturera en mal pie.

¬ŅC√≥mo parte la debacle de Dell? Los desarrolladores, entre los a√Īos 2003 y 2005, vendieron casi 12 millones de computadores a personas y empresas -incluyendo Wal-Mart y la Cl√≠nica Mayo- teniendo conciencia de que estaban hechos de componentes el√©ctricos defectuosos, los cuales pod√≠an provocar malfuncionamientos y fugas de qu√≠micos capaces de producir incendios.

Lo anterior, se debía principalmente a la compra de millones de condensadores -una pieza fundamental de la placa madre para que la corriente fluya a través del hardware- a una organización asiática llamada Nichicon, que desde su fabricación presentaban fallas -goteaban fluidos y a veces explotaban- lo que, además de Dell, afectó a empresas de la talla de Apple y Hewlet-Packard, entre otras.

Pese a esto, desde Dell hicieron un pacto de silencio del que incluso formaban parte sus trabajadores, quienes debían atender a los consumidores y hacer otras tareas sabiendo que hacían algo malo para los clientes.

Luego, Dell quiso ‚Äúenmendar en parte su error‚ÄĚ a los ojos de los usuarios, pero no hizo m√°s que reemplazar las partes defectuosas con otras partes defectuosas, teniendo en consideraci√≥n que millones de sus productos circular√≠an sin posibilidades de arreglo y bajo la constante amenaza de da√Īarse en cualquier momento.

Incluso, en estos a√Īos que pretendieron tapar el sol con un dedo, fueron protagonistas de las situaciones m√°s ins√≥litas, como aquella que naci√≥ en el Departamento de Matem√°ticas de la Universidad de Texas, donde decenas de computadores Dell prestaban servicios. Una vez que los dispositivos comenzaron a fallar y se inform√≥ a los desarrolladores, ellos aseguraron que los inconvenientes se produjeron por una sobrecarga de dif√≠ciles c√°lculos matem√°ticos que la m√°quina deb√≠a resolver. Como para no creerlo.

Todo este enredo en el que se ve envuelto Dell ha causado sentimientos encontrados en Estados Unidos, pues la organizaci√≥n es una de las m√°s influyentes, no s√≥lo en su rubro, sino en el mundo empresarial. El conocido ‚ÄúDell Model‚ÄĚ fue sin√≥nimo de eficiencia, manejo de recursos e inventarios, cuyo modelo de negocios fue ense√Īado en la Universidad de Harvard y admirado durante la √ļltima d√©cada del siglo XX.

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