“Chile se demoró 37 años en duplicar su ingreso per cápita entre 1900 y 1937, luego se demoró 52 años en volver a duplicar ese ingreso per cápita entre 1937 y 1989. Finalmente tardó solo 31 años en duplicar el ingreso per cápita entre 1989 y el 2020”. Esta frase se lee en “Chile y su desarrollo económico en el siglo XX”, libro del doctor en economía Erik Haindl, haciendo alusión a las buenas políticas públicas seguidas en los últimos años que hoy se ven en peligro.

El crecimiento logrado fue resultado del entendimiento que la clase política tuvo de nuestro país, en cuanto a que somos un país pequeño y frágil, tomadores de precios y con ninguna injerencia en la economía global. Por lo mismo, somos tremendamente vulnerables a factores como el precio de nuestros commodities, nuestros términos de intercambio, evolución de nuestro tipo de cambio y políticas de apertura al mundo. Estos han sido los temas relevantes que han marcado de una u otra forma las crisis o éxitos vividos por nuestro país en el pasado.

Consciente de lo anterior, nuestro país ha trabajado por años en mitigar las crisis que producen los cambios de estas variables en nuestras arcas fiscales, que redundan en crecimiento económico, como también en los niveles de inflación -este último- flagelo que tuvimos casi todo el siglo XX a excepción de los últimos 40 años.

Aspectos fundamentales como certeza jurídica en las reglas del juego, el desarrollo de un mercado de capitales profundo (independiente de las mejoras que se le deban hacer a las AFP), y un Banco Central autónomo, teniendo como único objetivo el control de la inflación, son elementos críticos para mantener una economía creciendo en forma saludable.

Estos elementos han comenzado a debilitarse. Vemos que las Compañías de Seguros internacionales (la asociación de aseguradores de Estados Unidos, en las que participan MetLife, Principal, entre otras y la federación global de asociaciones de seguros) enviaron una carta a las autoridades del G20 para alertar sobre las consecuencias que traería la aprobación del cuarto retiro del 10%.

No solo los inversionistas extranjeros, sino que también los locales, empiezan a cuestionar las garantías jurídicas y con ello se empiezan a paralizar las inversiones de largo plazo y el crecimiento económico. Ciudadanos y empresas deben saber a qué atenerse, lo que exige un marco jurídico legislativo estable, claro y que genere confianza.

Lo mismo sucede con las AFP, que por décadas generaron un sistema de ahorro que permitió crecimiento y acceso a la mayoría de los chilenos a créditos a tasas bajas, como también a un sistema de capitalización individual para las pensiones individuales. Pues bien, si en algún momento alguien pensó que los retiros no afectarían en forma inmediata, sino que solo al momento de jubilarse, estaba equivocado. El aumento en las tasas de créditos hipotecarios observados en el último año ha sido dramático, pasando desde mínimos de 2% antes de los retiros a casi 5% en el mes de Agosto (créditos a 20 años), alejando así a muchos del sueño de la casa propia.

En cuanto a la inflación, ésta se ha disparado a niveles no vistos por años (4,5% en 12 meses), alejándose de la meta ancla del 3% anual establecida por el Banco Central. El populismo -pan y circo- que la ciudadanía y políticos imprudentemente han abrazado, nos ha conducido a un déficit fiscal importante, que nos puede condenar a revivir el impuesto de las altas inflaciones del siglo pasado, afectando a los más desposeídos.

El derroche que estamos presenciando se ve claramente reflejado en que las liquidaciones de las empresas del retail que veíamos tradicionalmente en estas fechas no se están dando, producto de que el consumo está totalmente desbordado. Es decir, los retiros e IFE están cubriendo, no necesariamente, las necesidades básicas de la gente, sino que aumentando el ya preocupante déficit fiscal.

Pareciera que la experiencia vivida por nuestro país de poco ha servido, cuando en los programas económicos propuestos por algunos candidatos presidenciales, amenazan los fundamentos y equilibrios macroeconómicos. Para algunos, el Banco Central no sólo debería preocuparse de la inflación sino también del crecimiento entre otras variables. Me pregunto qué fundamento técnico avalan estas posturas, siendo que empíricamente hemos visto el éxito logrado en el control inflacionario.

Todos estos elementos son reales, y sus efectos los estamos viviendo ahora, afectando a la gente común y corriente, y poco a los grandes inversionistas. El mayor desafío para el nuevo gobierno será armar este rompecabezas económico en forma lógica, considerando también los elementos sociales que deben estar presentes.