En la Antigua Grecia se recurría a los Dioses frente a conflictos. Ellos utilizaban el ´Espejo de la Verdad´ para resolverlos. Ubicaban ante el cristal a los involucrados y éste reflejaba a quién tenía la verdad. Así se solucionaban problemas, hasta que algunos codiciaron el artilugio, iniciándose altercados por apoderárselo. En una de esas disputas, el espejo se quebró en tantos pedazos como personas había. Los Dioses asignaron a cada uno, un fragmento del espejo. Desde entonces, los humanos estamos condenados a juntarnos y conectar cada pieza rota del espejo para acceder a La Verdad.

Como plantea la leyenda, es razonable pensar que la verdad se construye al aportar, entre todos, el fragmento del espejo concedido a cada uno. Pero, ¿qué aportamos con este pedazo? Esa fracción de verdad que cada uno posee, contiene experiencias personales, costumbres familiares y creencias. Asimismo, vivencias emocionales asociadas a discriminación o privilegio, frustración o beneficio, por ejemplo. Esto cimienta nuestra identidad y desarrolla una particular visión de mundo.

Con su verdad, algunos abogan por liberar presos políticos y otros niegan su existencia tras el estallido social. Algunos aplauden el sistema de AFP, otros denuncian su estafa. Algunos claman por clases presenciales, otros exigen mantenerse online. Algunos anhelan otra dosis de vacuna, otros rechazan inocularse. Algunos creen en la vida tras la muerte, otros se juegan todo en esta tierra.

¿Cómo lograr acuerdos con estas distintas verdades? En el experimento “gorila invisible” de psicólogos de Harvard, se exhibía un video de un partido de básquetbol, a un grupo de personas, por 1 minuto. Se les pedía contar la cantidad de pases que hacían sólo los jugadores vestidos de blanco. Al finalizar se les pregunta el número de pases. Pero, en realidad, importaba otro evento.

En la mitad del video aparecía una persona disfrazada de gorila. Se detenía entre los jugadores, miraba a la cámara, levantaba el pulgar y se iba. Junto con el número de pases, a los espectadores se les preguntaba: ¿Notó algo inusual mientras contaba los pases? No, respondieron la mitad de ellos. Pero, cuando volvieron a mirar el video, sin contar los pases, atónitos vieron al gorila.

Este experimento se ha repetido muchas veces, bajo distintas condiciones, audiencias y países. Los resultados son los mismos. La atención concentrada en los pases, los ciega a advertir lo inesperado, aún cuando sea prominente.

Hoy, Chile enfrenta grandes desafíos: la Convención Constituyente, elecciones presidenciales, consecuencias de la pandemia y del interrumpido estallido social. Todos ellos requieren diálogo, compartir perspectivas y acuerdos. Suponen liderazgos capaces de salir de nuestra porción de verdad, para comprender la de otros. Dejar de poner excesiva atención a nuestra historia, para empatizar con otras vivencias.

Tendemos a escuchar ideas coherentes con lo que pensamos. Lo familiar y frecuente, hace más sentido y alimenta nuestra verdad. Pero, si estamos aferrados a mantenerla, poniendo sólo atención en defenderla, no veremos al gorila. Tampoco completaremos el “espejo de la verdad” sin sumar las partes de todos.

Para evitar la ceguera, hay que distraerse y mirar hacia el lado. Obligarse a leer y escuchar lo que no resulta familiar, lo que no hace sentido, lo opuesto a la visión de mundo que cada uno ha construido, renovando su verdad. Así, las nuevas decisiones y acuerdos reflejarán verdades que integran distintos puntos de vista y restablecen las confianzas requeridas en la civilización post pandemia.

Dra. Verónica Villarroel Henríquez
Directora Centro de Investigación y Mejoramiento de la Educación (CIME)
Facultad de Psicología, Universidad del Desarrollo