Hace unas semanas nos enteramos de la muerte del comunero mapuche Pablo Marchant en un incidente con Carabineros. Conocemos la complejidad de la situación y vemos la importancia de contar con tecnologías adecuadas que respalden la labor de Carabineros sin menoscabar en ningún momento los Derechos Humanos de las personas.

Es en estos casos donde la tecnología debe respaldar los protocolos para prevenir incidentes y dar soporte a las aclaraciones de los hechos. Situaciones como estas dificultan que se conozcan las reales circunstancias en que se produjo la muerte del sujeto dada la inexistencia de registros audiovisuales. Hechos previos como lo sucedido con Camilo Catrillanca o incluso con George Floyd en Estados Unidos, dan cuenta de que las imágenes resultan ser un elemento clave cuando se trata de esclarecer el accionar de las fuerzas del orden.

En los últimos años, se ha evidenciado un drástico aumento en el uso de Bodycams por parte de las Fuerzas de Orden y Seguridad a nivel mundial. Como resultado del escrutinio de las autoridades y de los medios de comunicación a las interacciones de las fuerzas del orden con el público, las Bodycams han incrementado su reputación como una herramienta para lograr mayor legitimidad y transparencia tanto para los ciudadanos como para los policías.

Una nota publicada en El Mercurio, reveló que desde la policía uniformada explican que cuentan solo con 981 cámaras personales, las que deben ser distribuidas entre los 20 mil policías que salen a patrullar. A raíz de esto, se estableció un criterio de causas complejas para asignarlas.

Instituciones como Carabineros, necesitan evolucionar en sus métodos y contar con mayores recursos tecnológicos de este tipo. Es verdad que las Bodycams se vuelven esenciales en ocasiones de crisis, pero no bastan solo con ellas: se requiere migrar a soluciones de comunicación eficientes, no propietarias, como el estándar abierto TETRA, que consiste en un ecosistema competitivo de misión crítica desarrollado en Europa en el que se prioriza el acceso a las radiocomunicaciones seguras e interconectadas para todas las instituciones que velan por la seguridad pública.

Esto es vital al momento de realizar operativos, pues brindan un soporte en tiempo real al actuar de la policía. El contar con este respaldo y supervisión desde un centro de control integrado junto con los registros fidedignos que no permiten su manipulación, brindan mayor confianza a la ciudadanía y más información objetiva a los tomadores de decisión.

Según un informe del Servicio Nacional de Referencia de Justicia Penal del Programa de la Oficina de Justicia de los EE.UU. realizado en 2017, las Bodycams cuestan entre US$828 y US$1.097 por usuario anuales, pero pueden llegar a generar ahorros anuales netos que duplican la inversión y que oscilan entre US$2.909 y US$3.178 por usuario. Esto debido a que, a través de las imágenes, las investigaciones se resuelven significativamente más rápido y de manera más objetiva.

Con la implementación de tecnologías competitivas de comunicación que cuenten con el apoyo de altos estándares internacionales, Carabineros podrá optimizar la asignación de recursos ante incidentes y/o demanda de las personas, produciendo una mejora en la percepción ciudadana. Esta podría ser una intención concreta que aportaría al resguardo de los Derechos Humanos de cada individuo involucrado -ya sea civil o uniformado-, a la modernización de la institución y también a la posibilidad de hacer un trabajo más eficiente en cuanto a las amenazas que atenten a la población.