Hubo nuevos anuncios en el Plan Paso a Paso, tras los cuales toda la Región Metropolitana tiene plena libertad de movimiento. Esto, a menos de un mes de que nos encontráramos en estrictas (o ya no tan estrictas) cuarentenas en más de la mitad del territorio nacional.

La medida nos muestra que estamos viviendo semana a semana y que no sabemos qué ocurrirá los próximos meses, si seguiremos el ejemplo de Europa, si volveremos a encerrarnos o si este es un paso sin retorno, pensando en la reactivación económica.

Mientras, el Banco Central determinó elevar en 25 puntos la Tasa de Política Monetaria (TPM). De esta forma, después de quince meses, la tasa de interés referencial sube de un 0,5 a un 0,75%. Uno de los mayores argumentos fue el “sorpresivo” desempeño de la actividad económica.

Pero ¿qué nos espera para las próximas semanas? Una suerte de realidad que no es realidad y que me resulta extraño. ¿por qué? Porque todo lo que creíamos que era, en realidad no es.

Los barcos de China de uno de sus principales puertos (Yantian), que maneja mercaderías que llenarían 36 mil contenedores, están retrasados por un brote de COVID, lo que genera escasez y alza de precios en nuestro país. Quizá aún no sentimos el impacto, pero en 60 días, créanme, lo notaremos.

Todo lo que llega ya está vendido y es raro porque según los indicadores no aumenta el consumo, pero la realidad es que como llega vendido, no alcanza a estar y estos productos no se ven. Entonces, creemos que hay un aumento de consumo, pero en realidad no es así, sino solo que contamos con pocos productos.

¿Hay liquidez? Creemos que si la hay, porque las personas tienen caja por varias vías (IFE universal es para 15 millones de personas), pero no así las empresas que han aumentado su mora o deuda y además están sin stock. Una escasez que los lleva a la muerte, porque no tienen qué vender y las empresas grandes tampoco les venden, y no por egoísmo, si no por la misma escasez.

Creíamos en la historia de los empresarios que vendían sus negocios a valores en dólares gigantescos. Una historia que era pero no era, porque si bien vendían y se jactaban de su valor de venta, no decían cuánto debían, y si les quedaba un saldo lo invertían en fondos inmobiliarios y hoy están más pobres que antes, porque los proyectos finalmente no fueron rentables.

La liquidez era pero no era, ya que solo se trataba de deuda por deuda. Creíamos que éramos un país boyante y de crecimiento pero la verdad es que crecíamos a punta de deuda.

¿Qué nos pasó? Se trancó la pelota por dos factores claros: nos ahogamos y explotamos y el mundo se resfrió y hoy la situación mundial hace que todo esté escaso y suban los precios.

¿Y qué pasa con las cuentas que no pagamos? Creemos que nos van a perdonar la deuda, pero la verdad es que no es así. En unos meses más nos cobrarán todo lo que adeudamos y no contaremos con la liquidez para pagar montos tan altos.

¿Por qué no pagar y creer que quien cobra es un acosador? Esta práctica amparada en una nueva ley nos lleva a un camino en el que las empresas, grandes y pequeñas, dejen de recibir estos flujos y terminan quebrando y generando un aumento en la cesantía. Esto es porque creemos que no tenemos que pagar o podemos dejar de hacerlo pero no es así.

Todo lo que creíamos que era, en realidad no es y tampoco sabemos qué es lo que vendrá. Hoy estamos en Fase tres y creemos que hay un avance en la pandemia, pero no sabemos en realidad, qué ocurrirá.

Y tú ¿en qué creías?