Soñamos con lograr el desarrollo de países como Estados Unidos y otros europeos, pero no vemos allí la destrucción que hay acá. En las manifestaciones de Black Lives Matter, los desmanes no llegaron a ser ni un décimo de lo que hemos visto en nuestro país. Nos parecemos cada día más a nuestros hermanos sudamericanos, de los cuales tantas veces nos sentimos fuera del barrio.

Es aquí donde entra a jugar una palabra esencial: respeto. Entre las personas y hacia las instituciones y también con los bienes materiales. El 18 de octubre de 2019 quedó claro que este país ya no estaba evolucionando: todo se quiere rápido, eligiendo el camino corto y evitando esfuerzos, y procesos de largo plazo.

En los primeros días de la convención constitucional hemos visto que la mediocridad tan criticada en la clase política no es tan diferente a la que presentaban los representantes electos para redactar una nueva Carta Magna.

El país en que los manifestantes luchan por cambiar no parece importarles. Mientras se cantaba nuestro himno, se vivía un verdadero circo. ¿Qué constitución podemos esperar de un grupo de gente que no respeta orden alguno y que pareciera no entender que los intereses particulares deben subordinarse a un bien superior en beneficio de toda la sociedad?

No es edificante pensar que este grupo es una expresión de la mayoría de nuestro país y nos instala en un pesimismo respecto al objetivo final de este cuerpo.

¿Qué hace la diferencia entre Chile y USA? Ambos países lograron su independencia hace casi la misma cantidad de años, el primero (1783) apoyando el desarrollo de las iniciativas individuales como base del crecimiento. Lo que cada uno logre dependerá única y exclusivamente de su propio esfuerzo, sin echarle la culpa a nadie. En cambio en nuestra sociedad la culpa de todos nuestros males recae sobre terceros: la dictadura, Jaime Guzmán, el neoliberalismo, etc.

Muchos factores que están en el origen de nuestra historia parecen condenarnos al subdesarrollo.

Creo que el colonialismo anglosajón aportó fuertemente al desarrollo de la nación del norte, mientras que el español nos pesa hasta nuestros días. Acá el individuo y su desarrollo están fuertemente condicionados a un Estado benefactor, donde al que sobresale no se le mira como ejemplo posible de alcanzar, sino como resultado de trampas, malas prácticas y pitutos.

En USA, los niños se van de casa a los 16 años y comienzan a trabajar para tener lo suyo, existiendo una claridad absoluta de que lo que tiene su propia familia no se lo han ganado ellos. Y no necesariamente lo recibirán. Son múltiples los casos en que las grandes fortunas no se heredan, sino por el contrario se devuelven a la sociedad.

Los ingleses colonizaron Estados Unidos con una visión de largo plazo, con una visión de ellos viviendo en el lugar, integrándose a este, pero no mezclándose. Esto es totalmente opuesto a lo vivido en países de Latinoamérica como el nuestro, donde el objetivo de los españoles era obtener beneficios de corto plazo. Si bien el principal objetivo era la evangelización, el segundo era llevarse las riquezas de este continente.

Esto último parece no haber cambiado mucho, ya que lo que actualmente sucede es que la gente quiere acumular a costa de la riqueza y trabajo que no es de ellos. Espero que pase el tiempo y esta misma gente que hoy quiere solo recibir del resto no deje con nada nuevamente a nuestro país.