Fui a la plaza con mis niños después de mucho tiempo de encierro. Vi niños jugando, perros corriendo y adultos conversando. Una niña lloraba desconsolada. Su mamá contó que estaba muy emocionada porque hace meses que no veía a sus amigas y no quería volver al confinamiento. Pensé en lo que están viviendo nuestros niños, el encierro, el temor a una enfermedad invisible y desconocida, y en que, si bien en algún momento la pandemia va a acabar y podremos reencontrarnos con nuestros seres queridos y abrazarnos como antes, la niñez es una etapa que se vive solo una vez y es deber de nosotros, los adultos, procurar que se viva en plenitud.

Esto es lo que el Comité de Derechos del Niño –órgano de control de la Convención sobre Derechos del Niño, ratificada por Chile y por casi todos los Estados del mundo- ha denominado el desarrollo holístico del niño. Y es que los principios guía que rigen dicha Convención indican que los niños deben tener un desarrollo integral en todas las etapas de la infancia. A su vez, la Organización de Naciones Unidas ha señalado que uno de los colectivos más vulnerables en esta pandemia son los niños, ya que están más expuestos a sufrir por el encierro, no solo por el daño psicológico que les provoca, sino que al estar más tiempo en sus hogares están más expuestos a distintos tipos de abuso o maltrato y, lo peor, este puede pasar inadvertido debido al escaso contacto del niño con otras redes de apoyo, como el colegio y la familia.

Por eso, en esta oportunidad quiero dirigir mi carta a las autoridades que toman decisiones en Chile. ¿Están (estamos) pensando en nuestros niños?

Maria Lorena Rossel
Doctora en Derecho
Directora de carrera de Derecho
UDLA Sede Viña del Mar