El caso de isla Guafo, la “pequeña Galápagos” de la Patagonia norte, cuya venta fue reflotada este año en US$ 20 millones despertando una ola de preocupación en Chile y también a nivel internacional, nos ha dejado algunas importantes lecciones. En primer lugar, la necesidad de escuchar con mayor atención a la ciencia como base para las decisiones de administración, protección y desarrollo del territorio y el maritorio en Chile.

En este caso, desde hace al menos una década diversas organizaciones, entre ellas WWF Chile, habían puesto sobre la mesa evidencia científica y técnica, mucha de ella generada desde hace tiempo atrás por diversos investigadores, como complemento a su llamado para proteger zonas críticas para la biodiversidad marina, como el Golfo de Corcovado, cuya puerta de entrada es, justamente, isla Guafo.

Esto consideró diversos esfuerzos de investigación con miras a impulsar un Plan de Conservación Marina y la identificación de un portafolio de Áreas Marinas y Costeras de Alto Valor de Conservación para la Ecorregión Marina Chiloense.

En particular, Guafo destaca porque sus aguas circundantes han sido reconocidas internacionalmente por su tremenda productividad biológica, con un gran valor ecológico y la presencia de especies marinas altamente migratorias, emblemáticas y en peligro de extinción, como el chungungo, la ballena azul y la ballena franca austral. Además, es parte de una de las áreas de desove de peces de importancia comercial como la merluza de cola.

Sin embargo, Guafo también ha dejado en evidencia un aspecto que es crucial para llevar adelante, con éxito y de manera apropiada, una iniciativa de conservación: el involucramiento, empoderamiento e incluso liderazgo de las comunidades locales, quienes en este caso han sido los primeros y más activos defensores de la isla. Puntualmente, las once comunidades mapuche-williches agrupadas bajo la iniciativa “Wafo Wapi, territorio ancestral para la conservación”, quienes presentaron una solicitud de Espacio Costero Marino de Pueblo Originarios (ECMPO), con el respaldo de otro grupo muy relevante de actores, como son los pescadores artesanales de Quellón, todo con el apoyo técnico de WWF Chile.

En específico, la estratégica ubicación de la ínsula ha sido relevante en las rutas marinas demarcadas por los pueblos canoeros en las aguas del Golfo de Corcovado para navegar y desplazarse entre sus distintos territorios, siendo parte esencial para el desarrollo de sus actividades ancestrales de supervivencia y constante conexión con su entorno natural.

En este contexto, WWF no solo decidió potenciar la iniciativa de las comunidades del sur de Chiloé, sino que también desistir de una propuesta propia que consideraba una figura de protección “clásica” desde la mirada conservacionista, como es un Área Marina Protegida (AMP). Reconociendo el tremendo aporte que las AMP con un manejo efectivo pueden hacer a la protección de ecosistemas y especies amenazadas, el contexto especial de Guafo hacía necesario tomar esta opción y el tiempo ha ido demostrando el gran valor de esta nueva mirada.

De este modo, esta relación virtuosa entre entidades científicas y medioambientales que pueden contribuir a llevar a la práctica una conservación efectiva del maritorio y territorio, entregando insumos y herramientas a las comunidades empoderadas, creemos que es un modelo que debe ser promovido y replicado a nivel nacional. Así como lo ha destacado Juan Carlos Castilla, Premio Nacional de Ciencias 2010, “hay una oportunidad de conservación ligada a los pueblos originarios, eso es lo bonito de este cuento”. Castilla es uno de los investigadores y científicos que firmaron una carta publicada por la influyente revista Science, en donde se destaca el caso de isla Guafo y su solicitud de ECMPO.

Así, utilizando una figura de protección cultural y territorial que reconoce usos consuetudinarios, las comunidades de Wafo Wapi también hacen historia en términos de la conservación de la naturaleza y los recursos en el sur de Chile, impulsando la protección de un patrimonio que no podemos perder.

Yacqueline Montecinos, encargada de Biodiversidad Marina de WWF Chile.