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Sábado 28 abril de 2018 | Publicado a las 14:39 · Actualizado a las 16:16
Seguimos evolucionando: 5 mutaciones recientes de la humanidad
Publicado por: Nicol√°s Sep√ļlveda
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¬ŅUn sexto dedo? ¬ŅUn tercer ojo? ¬ŅLa capacidad de comunicarnos con las plantas de interior? Nada de eso. Cuando hablamos de evoluci√≥n humana no es necesario llevar nuestra imaginaci√≥n tan lejos. Es m√°s: basta con mirarnos al espejo y buscar las huellas que cientos y cientos de a√Īos de selecci√≥n natural nos han legado.

Y es que aunque no lo parezca, seguimos evolucionando. De hecho, un reciente estudio conducido por el profesor Jian Yang y el doctor Jian Zeng, ambos de la Universidad de Queensland, Australia, se adentró en el ADN humano para confirmar que la selección natural sigue más activa que nunca.

Este proceso hace que las caracter√≠sticas que mejoran la supervivencia se transmitan de generaci√≥n en generaci√≥n, pero tambi√©n que las da√Īinas no contin√ļen con su viaje.

‚ÄúEsto pasa con las mutaciones de ADN que perjudican la aptitud de supervivencia, y que resultan menos propensas a transmitirse por un proceso llamado selecci√≥n negativa‚ÄĚ, explica el profesor Jian Yang, del Institute for Molecular Bioscience, quien dirigi√≥ el estudio.

Es as√≠ como hoy podemos encontrar m√°s de alg√ļn rasgo que nos muestra c√≥mo la selecci√≥n natural ha operado en nuestra fisiolog√≠a, siempre en pos de mejorar nuestra nunca bien ponderada capacidad de seguir vivos. Estos son algunos de ellos.

1- Adultos que toman leche

Aunque tomar leche es una caracter√≠stica propia de los mam√≠feros en general, los humanos son los √ļnicos que siguen haci√©ndolo cuando superan la infancia. Al terminar la lactancia, el resto de los animales deja de producir lactasa, la enzima que permite procesar la lactosa y descomponerla en glucosa y galactasa.

Pero gracias a una mutaci√≥n que habr√≠a aparecido hace unos 7.500 u 8.000 a√Īos en lo que hoy es Hungr√≠a, algunos humanos adultos desarrollaron la capacidad de consumir leche sin problemas.

Es probable que en esas tierras el consumo de l√°cteos haya comenzado con ciertos tipos de quesos, como cheddar y el feta, que contienen menos lactosa que la leche.

Tambi√©n es razonable pensar que el alto aporte cal√≥rico de los productos l√°cteos resultaba bastante √ļtil para sobrevivir en el fr√≠o clima europeo, factor que habr√≠a ayudado a desarrollar esta capacidad. Hoy no necesitamos el aporte cal√≥rico para sobrevivir, pero s√≠ para ciertos gustos culinarios.

Pixabay (CC0) Pexels
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2- Resistencia a las enfermedades

En medio del ajetreo de la vida moderna, a veces es f√°cil perder de vista el objetivo √ļltimo de nuestra existencia: la preservaci√≥n de la vida. Es decir, reproducirse. Esto, al menos desde un punto de vista evolutivo. Y para reproducirse es requisito fundamental mantenerse vivo.

Dado que las enfermedades van en contra de todo esto, la selección natural se ha encargado de desarrollar mecanismos naturales de defensa ante afecciones específicas.

Por ejemplo, en el caso de la malaria, ciertas mutaciones dificultan que la enfermedad se esparza a través del torrente sanguíneo; ciertos genes provocan la escasez de la proteína que permite la descomposición de los glóbulos rojos, con lo que el trabajo de la malaria para colarse en ellos es mucho más difícil. Otra mutación, en tanto, se encarga directamente de impedir el ingreso de la malaria en la placenta.

Mecanismos similares para protegernos de determinadas enfermedades han sido observados en poblaciones particulares. Un estudio publicado en el International Journal of Organic Evolution concluyó que las poblaciones con larga data viviendo en entornos urbanos presentan una resistencia natural a patógenos intracelulares como la tuberculosis o la lepra.

La investigación también concluye que la densidad poblacional ha sido determinante en la evolución de la estructura genética humana.

3- Ojos azules

El ojo humano original ten√≠a solo un color: el caf√©. Pero en alg√ļn punto entre 7 mil y 10 mil a√Īos atr√°s (o en t√©rminos evolutivos, ayer), alguien sufri√≥ una mutaci√≥n en el gen OCA2, el que incide en la producci√≥n de melanina.

Dicha mutaci√≥n ‚Äúapag√≥‚ÄĚ la habilidad de colorear el iris, el que sin la posibilidad de adquirir su color natural se decolor√≥ hasta el azul.

Así nació uno de los rasgos más valorados entre las estrellas de Hollywood. Pero aun más interesante es que la mutación se habría traspasado desde un solo individuo, un solo ancestro; en otras palabras, todas las personas de ojos azules podrían ser parientes (aunque muy, pero muy lejanos).

A esta conclusión llegó un estudio de la Universidad de Copenhage conducido por el profesor Hans Eiberg, del Departmento de Medicina Celular y Molecular.

Pixabay (CCO)
Pixabay (CCO)

La variación verde, explica Eiberg, puede explicarse por la cantidad de melanina en el iris, la que en el caso de los poseedores de ojos azules es mínima.

‚ÄúCon esto se puede concluir que los individuos de ojos azulados est√°n todos vinculados al mismo ancestro. Han heredado la misma modificaci√≥n en el mismo punto exacto de su ADN‚ÄĚ afirma el experto.

En cuanto a las razones de la mutación, la discusión sigue abierta. Entre las teorías se encuentra la del atractivo físico que aumenta las probabilidades de encontrar pareja y reproducirse.

Otra tesis, como comenta el doctor Barry Starr, genetista de la Universidad de Stanford, apunta a que los ojos azules no tienen una utilidad directa y que no es más que una consecuencia de otra mutación que sí resultó de mucha utilidad a nuestros ancestros de hace 10 milenios: la piel clara, que los originarios del norte de Europa desarrollaron para absorber más eficientemente el poco sol que recibían para poder sintetizar la vitamina D.

4- El tama√Īo del cerebro

En los √ļltimos 30 mil a√Īos, el cerebro humano ha reducido su tama√Īo en el equivalente a una pelota de tenis, cambiando de un promedio de 1.500 a 1.359 cent√≠metros c√ļbicos. Con esta disminuci√≥n de 10% en su masa, la pregunta resulta obvia: ¬ŅEst√° tambi√©n disminuyendo nuestra inteligencia?

El neandertal, desaparecido justamente hace unos 30 mil a√Īos, ten√≠a un cerebro m√°s grande que el nuestro. El del croma√Ī√≥n, pintaba cavernas hace 17 mil a√Īos, tambi√©n.

Para David Geary, profesor de la Universidad de Missouri que ha estudiado este fenómeno, esto se explica porque nuestros ancestros requerían más materia gris para controlar una masa corporal mayor y defenderse de los muchos peligros de un entorno hostil.

En sus investigaciones, Geary descubri√≥ una relaci√≥n inversa entre la densidad poblacional y el tama√Īo del cerebro: ‚ÄúAl surgir sociedades m√°s complejas, el cerebro se empeque√Īeci√≥ porque las personas ya no necesitaron ser tan listos para sobrevivir‚ÄĚ.

Pero esto no significa una menor inteligencia, sino el desarrollo de una diferente, más sofisticada, afirma Brian Hare, profesor de Antropología en la Universidad Duke, de Carolina del Norte, Estados Unidos.

El experto asimila el fen√≥meno a lo que ocurre con los animales domesticados al ser comparados con sus s√≠miles salvajes. Por ejemplo, el cerebro de los perros siberianos es m√°s peque√Īo que el de los lobos, pero son a√ļn m√°s listos, pudiendo incluso comprender los gestos de los humanos.

5- Respirar en las alturas

Para vivir a 4 mil metros de altura hay que ser especial, como lo demuestran los habitantes del Tibet. Y no es solo una manera de decir. El mismo profesor Yang, de la Universidad de Queensland, desarrolló un estudio en el que comparó el genoma de 3.008 tibetanos con el de 7.287 no tibetanos y comprobó que los primeros poseen mutaciones genéticas que les permiten adaptarse mejor al lugar en el que viven.

Quienes viven en el T√≠bet, as√≠ como los sherpas nepaleses, lidian con condiciones de hasta un 40% menos de ox√≠geno en comparaci√≥n con lo que pasa a nivel del mar. En estas circunstancias, el cuerpo de un monta√Īista se aclimata aumentando temporalmente la producci√≥n de hemoglobina, lo que lleva ox√≠geno a todo el organismo.

PIxabay (CCO)
PIxabay (CCO)

Pero el cuerpo de los tibetanos ha evolucionado para distribuir y consumir el oxígeno en forma mucho más eficiente sin tener que recurrir a la hemoglobina. Esto es mucho más seguro, pues esta proteína en exceso puede producir coágulos que aumentan el riesgo de ataques y problemas coronarios.

Los genes responsables de este rasgo son los EPAS1¬†y¬†ELGN1, mientras otros con nombres igual de atractivos (como MTHFR, RAP1A, NEK7) tambi√©n otorgan a los habitantes del T√≠bet otras caracter√≠sticas √ļnicas para lidiar con su entorno, como una mayor producci√≥n de √°cido f√≥lico o de prote√≠nas que ayudan a regular el sistema inmunitario.

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