Notas
Testimonial 2: los curiosos carteles que apoyaron a los corredores en el Maratón de Santiago
Publicado por: Benjamín Ahumada
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Por Rodrigo Chacón

Ya vamos por la Alameda y de seguro los miles que estamos en la competencia, jugamos a ser las estrellas durante una hora. El entorno es maravilloso y as√≠ se nos hace sentir. La gente al costado de la calle nos alienta; ‚ÄúVamos que se puede cabros‚Ķ‚ÄĚ, nos saludan y aplauden y nosotros nos dejamos querer.

Voy corriendo hace escasos 5 minutos, llegando a Los H√©roes y un carro de Bomberos nos sorprenden. Espont√°neamente aplauden nuestro paso y hacen sonar sus sirenas en se√Īal de aliento. A nosotros no nos queda m√°s que agradecer el gesto con un chi-chi-chi, le-le le‚Ķmismo grito que se fue repitiendo varias veces durante el trayecto.

Doblamos por Brasil y me doy cuenta que la m√ļsica es fundamental en una corrida.
Sean 10, 21 √≥ 42 kil√≥metros, la m√ļsica acompa√Īa a los runners y es clave para olvidarse de que, en un poco rato m√°s, nos comenzar√° a doler la planta de los pies y las piernas por el cansancio. Pero me prepar√© durante varias semanas. Fui sumando kil√≥metros conforme pasaban los d√≠as hasta llegar a 10. Cuando cumpl√≠ la meta de forma gradual, supe que no iba a tener inconveniente alguno para terminar la corrida.

Siento que ha pasado harto rato, pero reci√©n vamos en Brasil con Agustinas. La gente sale a los balcones con pijamas como diciendo‚Ķ ‚ÄúPucha ellos corren y yo ac√° flojeando‚ÄĚ. Es verdad, muchas veces yo tambi√©n me sent√≠ as√≠ y eso fue lo que pens√©. En maratones anteriores me despertaba, prend√≠a el televisor y dec√≠a ‚ÄúQue incre√≠ble es ver a toda esa gente adultos, adultos mayores, j√≥venes, personas con capacidades diferentes y yo acostado‚Ķ‚ÄĚ
Hoy miro el panorama desde la otra vereda y créanme que es mil veces mejor estar en la pista.

Llegamos a La Vega, a la distancia diviso el primer arco de agua que la producci√≥n instal√≥ para que podamos refrescarnos. Esta vez paso por fuera, ya que a√ļn no tengo la necesidad de mojarme adem√°s est√° fresco el clima.

Avanzo y los bomberos nuevamente nos saludan con sus sirenas sonando a todo lo que dan. Ellos mismo escribieron pancartas para tirarnos buena onda. Hay una que me hizo re√≠r mucho‚Ķ ‚ÄúCorre, corre imagina que atr√°s viene tu suegra‚ÄĚ.

Enfilamos por el sector de Plaza Baquedano hacia el oriente por Andr√©s Bello. All√≠ nos juntamos los que vamos subiendo y los que van bajando por la Alameda. A ellos les queda poco, est√°n a minutos, nosotros subimos reci√©n por un costado del parque. La gente en sus bicicletas observa. ¬ŅQu√© mirar√°n?, seguramente nuestras caras rojas, algunos con cara de felicidad y otros con cara de dolor.

Me llam√≥ la atenci√≥n que cada esquina cobijaba a un grupo familiar, una polola, una esposa o unos hijos. ‚ÄúVamos Billy‚ÄĚ, ‚ÄúAguante amor‚ÄĚ, ‚Äú¬ŅMario te esperamos a almorzar? y ‚ÄúPapito no corras tanto te estamos esperando en casa‚ÄĚ. Respectivamente eran esos, algunos de los mensajes que se le√≠an.

En ese momento se piensan tantas cosas y la m√ļsica hace que nos transportemos, pues hace que uno se sienta como que va en un auto escuchando con las ventanas cerradas. Es all√≠ cuando uno es due√Īo de sus pensamientos. Pensar y volarse con el entorno es el juego que cada uno debe tratar de hacer para llevar a cabo una carrera y disfrutarla. Yo pens√© en mi sobrina, en la Pequita la mujer que adoro, en la meta, en la vida‚Ķ se disfruta tanto correr!
Auch!!!, siento una peque√Īa molestia en el muslo‚Ķ seguramente una elongaci√≥n ausente en ese sector de mi pierna. Pero es leve, s√© que debo bajar el ritmo un poco, pero no parar√©‚Ķeso jam√°s.

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