Fotos: Venezia Pulita – Clean Venice y Agence France-Presse

El preocupante escenario tras los canales limpios de Venecia y los cielos azules por la cuarentena

18 mayo 2020 | 20:29

Los efectos inmediatos que se han visto en el medio ambiente debido al confinamiento por la pandemia de coronavirus han sido noticia a nivel mundial. Nuestro mismo medio ha hecho eco de aquellos sucesos en múltiples ocasiones.

Los delfines jugando en el Bósforo, los canales limpios de Venecia, los ciervos descansando libremente en Japón, el regreso del ave de presa más grande del Reino Unido al sur de Inglaterra tras 240 años… nómbrenlo y lo más probable es que aparezca en nuestra web.

Pero estas noticias que han sido positivamente recibidas por la ciudadanía y las redes sociales esconden un preocupante panorama que tiene que ver justamente con lo inmediato de esos hechos y con su no sustentabilidad en el tiempo.

En conversación con diario El País de España, Julio Díaz Jiménez, científico titular en la Escuela Nacional de Sanidad en el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), echó por tierra cualquier posible beneficio de esos fenómenos para el planeta y lamentó que se estén mezclando conceptos como el de calidad del aire y cambio climático.

“El primero tiene que ver con emisiones que en las ciudades provienen, sobre todo, del tráfico. Ahí sí veremos beneficios en la salud a corto plazo, pues se han reducido mucho por el confinamiento. Pero si me hablas de cambio climático lo importante es el CO2, cuyas emisiones apenas han descendido a nivel mundial”, señaló.

“De hecho, hace solo tres días batimos un nuevo récord de PPM (unidad con la que se mide la concentración de dióxido de carbono) en la atmósfera. La pandemia no ha cambiado nada”, lamentó.

Junto con ello, el especialista lamentó que la COP26 de Glasgow se haya debido suspender producto de la aparición del virus.

La COP25 fue considerada por muchos prácticamente como un desastre en materia de compromisos medioambientales y eso le llega de manera directa a Chile, pues nuestro país organizó la junta que terminó llevándose a cabo en Madrid ya que el estallido social del 18 de octubre finalmente obligó a cancelarla y concretarla en otra parte.

Bajo las circunstancias actuales, la siguiente Conferencia de las Naciones Unidas por el Cambio Climático tal vez -tal vez- podría llevarse a cabo en noviembre de 2021, aunque no hay nada claro.

Sobre las emisiones de gases de efecto invernadero, Díaz Jiménez fue claro: las reducciones derivadas del coronavirus son insignificantes y no representan una real ayuda al escenario catastrófico que enfrenta el mundo.

Por un lado, algunas estimaciones afirman que 2020 se cerraría con una reducción de emisiones de C02 cercanas al 5%, pero para frenar el cambio climático y reducir las consecuencias del calentamiento global en los ecosistemas tenemos que experimentar bajas del 7,6% durante diez años consecutivos.

De ser más extremos, aquellos valores deberían dispararse a 10% por los próximos 12 meses y recién allí podríamos comenzar a cantar victoria.

En tanto, desde el Instituto de Ciencias Marinas de Italia, Davide Tagliapietra desechó que los canales transparentes de Venecia sean realmente una noticia para alegrarse.

“Sin medirlo es imposible saber si se debe a la calidad del agua o a qué. Al no haber barcos, los sedimentos no se remueven y permanecen en el fondo”, precisó.

Plástico

Pero toda esta emergencia impulsó la generación de una gran cantidad de basura plástica, ya sea porque las alternativas ecológicas simplemente significaban demasiadas amenazas para los intentos de frenar la propagación del virus o porque los insumos están elaborados con ese material.

Sobre el primer punto, el citado medio mencionó la decisión de Starbucks en Estados Unidos de hacer obligatoria la compra de sus productos en vasos de plástico y prohibir el llevar tazas desde casa.

Sobre el segundo punto, el tan aconsejado lavado constante de manos no solo aumentó la venta de jabones y toalla de papel, sino que también se instaló junto al aumento en la compra de guantes, mascarillas, batas y otros productos hechos de plástico.

Por ello es que desde Greenpeace ya barajan que la contaminación por plástico copará su agenda en los próximos meses.

“No tenemos datos, pero es evidente que hay un incremento del consumo de productos envasados en plásticos desechables”, afirmaron desde la ONG.

Animales

Sobre los animales y sus paseos por lugares en los cuales no se veían debido a la presencia humana, no todos lo están pasando así de bien.

Un reportaje de Wired puso en la palestra el hecho que hoy en día, debido a los efectos del virus, las medidas de confinamiento impuestas y el cierre de parques, entre otros factores, todos los animales con cuernos en África, como por ejemplo los rinocerontes, está en mayor peligro de ser cazados.

“(Por la destrucción del empleo de los guardias forestales) Se va a perder todo el trabajo de conservación que se ha hecho en los últimos diez años en la zona”, dijo a la revista un vocero de la ONG The Nature Conservancy.

En un plano más urbano, la ausencia de los humanos en las calles está afectando a otras especies, especialmente aquellos que se alimentaban gracias a los turistas o de los desechos que estos dejaban a su paso.

Un ejemplo de ello ocurrió en la ciudad tailandesa de Lopburi, en marzo, cuando cientos de monos decidieron resolver a golpes quien comía y quien no.

En Madrid, por ejemplo, Matilde Cubillo, presidenta de la Federación de Asociaciones Protectoras y de Defensa Animal, comentó que las colonias “de gatos, los patos, pavos reales de algunos parques y las pequeñas aves que comen de las sobras de las terrazas se encuentran desamparados”.

Hasta las ratas se han visto afectadas, y a nivel mundial: el hambre las llevó a cambiar su comportamiento y a salir en búsqueda de la comida que antes tan facilmente encontraban por todos lados.

¿Cambiarán los modelos productivos?

Pero desde la comunidad científica no hay mucha esperanza que el coronavirus nos haga cambiar los modelos productivos que han llevado al planeta al estado en el que se encuentra.

Desde el ISCIII, Julio Díaz, jefe del departamento de Epidemiología y Bioestadística, indicó que la pandemia nos ha enseñado “que se puede poner la salud por encima de la economía. Y la defensa del medioambiente es una defensa de la salud: no se entienden el uno sin el otro”.

“Ahora bien, tenemos que ser capaces de recordarlo después de la recesión, y no seguir el ritmo de crecimiento y emisiones tan salvaje que llevábamos”, señaló.

Consultado sobre si la crisis económica que se avecina ayudará a concretar un cambio energético o será la razón para reforzar el camino ya recorrido, Díaz matizó su optimismo.

“Ya soy mayor. Y la historia nos dice que ocurrirá lo segundo. En Estados Unidos Donald Trump ha anunciado que relajará la normativa medioambiental a la industria del coche para paliar la recesión. China ya emite gases contaminantes por tráfico al mismo nivel que antes de la pandemia. Aún así, he elegido creer”, finalizó.