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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Cuatro jugadores de ajedrez afganos escaparon del régimen talibán para competir en un torneo en Uzbekistán, desafiando la prohibición del gobierno sobre este deporte por motivos religiosos. La orden de detenerlos al regresar generó temor entre ellos y sus familias. El ajedrez está "suspendido" oficialmente en Afganistán, pero sigue prohibido en la práctica, con casos de persecución por parte de las autoridades. La delegación femenina también enfrenta restricciones, participando en la Olimpiada Femenina como un acto desafiante para Kabul.

Una orden con el número 784, firmada por un director de Deportes del régimen talibán, llegó a todos los aeropuertos de Afganistán apenas una hora después de que cuatro jugadores de ajedrez cruzaran la frontera rumbo a Uzbekistán.

El documento, acompañado de más de 20 anexos, pedía detenerlos al regresar. Su delito: haberse escapado del país para competir en un torneo de ajedrez, un juego que el gobierno talibán considera prohibido por motivos religiosos.

Esos cuatro deportistas forman parte de los 12 integrantes de la delegación de Afganistán que compite en la Olimpiada de Ajedrez que se disputa estos días en Samarcanda, Uzbekistán. Los otros ocho viven fuera del país y no corren el mismo riesgo. Todos accedieron a relatar su historia al diario español El País, pero pidieron que ninguna frase se atribuyera a una persona en particular, por temor a represalias contra ellos y sus familias.

La Olimpiada de Ajedrez es el torneo por equipos más importante del mundo en esta disciplina, organizado cada dos años por la federación internacional y en el que participan selecciones de más de 200 países. Para estos afganos, competir ahí significó desafiar directamente las reglas de su gobierno.

Un juego “suspendido” que en realidad sigue prohibido

“En teoría, durante su actual mandato (desde 2021), y tras un periodo corto de tolerancia, el ajedrez está ‘suspendido’. Pero es una palabra para disfrazar que sigue prohibido”, explicaron los jugadores afganos, según consignó el citadio medio hispano. “Los clubes están cerrados […] Y si te pillan con un tablero en la mano, te arrestan. Se sigue jugando, hombres y mujeres, pero clandestinamente”.

Esa versión coincide con lo que ya había confirmado el Comité Olímpico Nacional de Afganistán en mayo de este año. Según reportó la agencia EFE en una nota publicada por BioBioChile, el portavoz Atal Mashwani declaró entonces que “debido a preocupaciones religiosas con respecto al juego, el ajedrez ha sido suspendido en el país por un período indefinido”.

Mashwani agregó en esa ocasión que el ajedrez “también está prohibido por la Ley del Ministerio de Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio”, el organismo talibán encargado de vigilar el cumplimiento de su interpretación estricta de la ley islámica.

La cadena estadounidense NPR documentó casos concretos de esa persecución. Un exentrenador de ajedrez en la ciudad de Herat contó que agentes de ese ministerio le confiscaron los tableros y golpearon a dos de sus amigos mientras jugaban en un parque. “Jugar ajedrez está prohibido, comprar un tablero está prohibido, hasta mirarlo está prohibido”, le dijeron, según su testimonio.

Para las mujeres la restricción llegó incluso antes que la prohibición oficial. Una jugadora profesional afgana, que pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias, contó a NPR que a ella y sus compañeras las echaron de su club de ajedrez apenas los talibanes tomaron el poder en 2021, mucho antes del veto formal de 2025. “Todavía practicamos en casa y en línea, pero no es como jugar en público. No puedo negarlo: las mujeres se sienten frustradas”, relató.

Jugar “porque lo amamos”, aunque implique no volver a casa

Para el régimen talibán, lo más grave no es solo que se juegue ajedrez, sino dónde y con quién se jugó en Samarcanda. Los documentos que ordenan la detención de los cuatro fugados citan como agravante que compitieron junto a miles de personas de ambos sexos en el mismo recinto, algo que consideran haram (estrictamente prohibido) bajo su lectura del Corán.

“Cuando solo se aducen motivos religiosos el asunto es sumamente serio. En el caso de las chicas, para el Gobierno es inaceptable que estén jugando aquí mientras las niñas tienen prohibido ir a la escuela en Afganistán. Por eso estamos muy preocupados”, relataron los jugadores a El País.

La delegación femenina afgana, integrada por cuatro jugadoras que hoy residen todas fuera del país, participa por tercera vez en la Olimpiada Femenina (ya lo había hecho en 2008 y 2012). Su sola presencia en el torneo, según el testimonio recogido, es leída por Kabul como una provocación.

Cuando se les preguntó por qué se arriesgaron a escapar si sus familias seguían en Afganistán, la respuesta de los jugadores fue unánime: “¡Porque amamos el ajedrez, es una parte importante de nuestras vidas!”. Ahora piden protección internacional ante lo que se viene. “Ojalá algún organismo o Gobierno pueda protegernos de algún modo cuando esto se publique”, imploraron.

Un dato aparte: la prohibición del ajedrez por motivos religiosos no es exclusiva de los talibanes. Tras la revolución de 1979 en Irán, el líder religioso Jomeini llegó a llamarlo “un juego diabólico que perturba las mentes de quienes lo practican” y también lo prohibió, asociándolo con las apuestas de dinero. Sin embargo, poco antes de morir en 1989, Jomeini levantó la prohibición tras ser convencido por intelectuales iraníes de que el vínculo histórico entre ajedrez y apuestas ya no tenía sentido.

Hoy Irán es una potencia asiática del ajedrez, aunque sus jugadores deben perder por incomparecencia cuando les toca enfrentar a un rival israelí. Los propios ajedrecistas afganos explicaron a El País por qué ese antecedente no les sirve de consuelo: “los talibanes pertenecen a la rama wahabí (ultraconservadora) del islamismo, y consideran que los chiíes (mayoritarios en Irán) no son verdaderos musulmanes”.

Hay un antecedente que los veteranos del ajedrez mundial todavía recuerdan con emoción. En la Olimpiada de 1996 en Ereván, Armenia, la delegación afgana llegó recién en la séptima ronda tras un viaje muy penoso, justo cuando el primer gobierno talibán acababa de anunciar la primera prohibición del juego. Los cerca de 1.500 participantes de esa edición se pusieron de pie y aplaudieron durante un largo minuto a los recién llegados.

Aquella vez la prohibición terminó en 2001, cuando fuerzas lideradas por Estados Unidos derrocaron al régimen talibán tras los atentados del 11 de septiembre. Esta vez, los propios protagonistas no ven un final tan claro. “Los ajedrecistas acostumbramos a pensar a largo plazo, pero en esta posición no vemos una salida. Solo podemos aspirar a que no nos castiguen con dureza por practicar un deporte que nos apasiona”, cerraron.

¿Cómo hicimos esta nota?

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