Fotografía: Pablo Marchant

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  • Estudió en el Instituto Nacional, donde sus principales aptitudes en cuarto medio estaban en Educación Física, “Literatura e Identidad” con nota 7,0 y décimas menos en Filosofía. Luego siguió la carrera de Antropología en la Universidad de Concepción, donde conoció a Ernesto Llaitul, hijo del jefe de la Coordinadora Arauco Malleco, Héctor Llaitul. Fue pareja de la hija de este último y en la casa de estudios se ligó a movimientos en pro de la causa mapuche. A poco de que en 2017 Carabineros detuviera a ocho comuneros por asociación ilícita terrorista, en la llamada Operación Huracán, llegó a la zona de Lleu Lleu. Estando allí, se supo que el aparato de inteligencia había inventado pruebas incriminatorias.

    Las últimas horas de su vida -el pasado 9 de julio- refieren a un enfrentamiento con Carabineros, donde recibió un disparo en la cabeza, cuando todo indica que atacó junto a otros miembros de un Organismo de Resistencia Territorial un predio vigilado por la policía uniformada. Un trabajador del recinto privado recibió un impacto de bala en el tórax, que lo mantiene en estado grave y conectado a ventilación mecánica en el Hospital de Temuco. Esta es la historia.

    Antes que su cadáver fuera confundido con el hijo de Héctor Llaitul, jefe de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), Pablo Marchant Gutiérrez era públicamente un desconocido, salvo para los servicios de inteligencia y la fiscalía que investigan la violencia rural en la región de la Araucanía.

    Su identidad quedó al descubierto luego que el pasado 9 de julio falleciera en medio de un tiroteo con Carabineros, al interior de una faena de Forestal Mininco en la comuna de Carahue, portando un fusil M-16, como ha sostenido el Ministerio Público.

    Egresado del Instituto Nacional en 2010, su concentración de notas de entonces revela que sus principales aptitudes estaban en Educación Física y Literatura e Identidad, donde obtuvo nota 7,0, según se lee en registros del Ministerio de Educación.

    Uno de sus compañeros lo recuerda como un estudiante tranquilo, pero con inquietudes políticas que con el tiempo lo fueron ligando a posturas más extremas.

    La reserva con la que se movía y sus contactos con los encapuchados de las marchas lo ligaron al Movimiento Juvenil Lautaro (MJL), actualmente un grupo inorgánico mixturado con los anarquistas, distante del conocido en la década de los 80 y 90, creado por el fallecido Guillermo Ossandón.

    Salvo un par de detenciones por delitos menores y un paso por la carrera de Antropología en la Universidad de Concepción, Marchant Gutiérrez no tenía antecedentes. De él tampoco existen rastros en las redes sociales, ni en el sistema comercial, solo un LinkedIn que coincide con su identidad, donde se lee: “Cesante en cualquier lugar”.

    Las redes

    Entre el viernes 9 y el sábado 10 de julio, cuando se conoció que tras el tiroteo había un fallecido, las redes sociales estallaron. El muerto en Twitter, Instagram y Facebook era Ernesto Llaitul Pezoa, hijo del líder histórico de la CAM, Héctor Llaitul. Nadie tenía que decirlo, pero si se confirmaba la identidad, el gobierno y las policías esperaban un aumento de la violencia que no podían cuantificar, menos imaginar.

    Un video subido a Twitter por el werken de la Alianza Territorial Mapuche (ATM), Mijael Carbone, confirmaba la muerte del heredero. En el registro conminaba a “todos los territorios” a hacer “un acto de repudio de la presencia (…) del aparataje bélico del Estado chileno”.

    El lonko Juan Pichún Collonao, miembro de la CAM, hizo lo propio: “En este momento (…) las forestales nos han declarado la guerra”.

    Por esas mismas horas, parlamentarios, constituyentes e incluso candidatos presidenciales, como Gabriel Boric y Daniel Jadue, también lo daban por muerto.

    Sin embargo, cuando Héctor Llaitul no reconoció el cadáver, hubo un respiro entre las autoridades políticas y policiales.

    En la oportunidad, Llaitul no solo arengó la muerte de un miembro de la autodenominada resistencia territorial, sino también apuntó a Carabineros como el organismo que había filtrado información inexacta, aún cuando fue el propio Ministerio Público el que erró.

    Como haya sido, se inició una carrera contra el tiempo para confirmar la identidad del cuerpo, hasta que las huellas dactilares hablaron: era Pablo Andrés Marchant Gutiérrez, nacido el 3 de diciembre de 1992 e inscrito en la circunscripción Presidente Ríos del Registro Civil, perteneciente a la comuna de Talcahuano, región del Bío Bío.

    Héctor Llaitul no desaprovechó la oportunidad para entregar un parte de la situación operativa. Indicó que Marchant Gutiérrez vivía en su casa y que era amigo de su hijo y expareja de su hija Javiera.

    De paso, confirmó que su muerte se produjo en la comisión de un acto de sabotaje a una faena forestal y que incluso un segundo participante en el intercambio de disparos con Carabineros huía herido.

    “Pablo vivía en mi casa, es un militante nuestro, murió combatiendo, por lo que lo vamos a reivindicar”, arengó.

    De ahí en adelante las redes nuevamente cambiaron el norte. Había otro mártir. Circularon fotos, algunas de su tiempo en el Instituto Nacional e incluso una encapuchado, vistiendo tenida militar, portando una escopeta calibre 12 en actitud de combate.

    De acuerdo a la información que maneja Carabineros, la última dirección que registra Marchant Gutiérrez es en la comuna de Renca.

    Según reveló Héctor Llaitul, en una entrevista que concedió este domingo a Radio Universidad de Chile, a Marchant lo apodaban “Toño”, y se convirtió en Weichafe porque tendría ascendencia mapuche por parte de sus abuelos. De la revisión de las identidades de sus padres y abuelos, todos los nombres y apellidos tienen raigambre española.

    Reclutamiento

    La muerte de Pablo Marchant desempolvó una vieja convicción de la fiscalía y las policías: una parte de los nuevos miembros de los Organismos de Resistencia Territorial (ORT), provienen de fuera de las fronteras del Wallmapu, fundamentalmente desde las universidades y organizaciones sociales.

    En el caso de este último, la llegada a la CAM se produjo, según explicó Héctor Llaitul a Interferencia, porque se conocieron con su hijo en la Universidad de Concepción, donde este último estudiaba sociología y el primero antropología.

    Fue allí donde se inició un proceso ideológico de acercamiento a la causa Mapuche y, entre 2016 y 2017 agrega Llaitul, llegó a la zona de Lleu Lleu. En otras palabras, en los tiempos en que Carabineros desarrolló la Operación Huracán, amparado en la Ley de Inteligencia, deteniendo a ocho comuneros por asociación ilícita terrorista.

    Sin embargo, al año siguiente, se descubrió que la Unidad de Inteligencia Operativa Especial de la policía uniformada había falsificado evidencia inculpatoria. En cualquier caso, un caldo de cultivo.

    Actualmente, el Ministerio Público busca establecer de dónde proviene el fusil M-16 que de acuerdo a la versión del organismo, portaba el día en que murió.

    En medio del enfrentamiento cruzado, Ceferino González Marabolí, trabajador del recinto privado, recibió un impacto de bala en el tórax, que lo mantiene en estado grave y conectado a ventilación mecánica en el Hospital Regional de Temuco.

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