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La caída en la aprobación presidencial, las tensiones entre los partidos oficialistas y las primeras crisis políticas del Ejecutivo instalaron un nuevo flanco para el Gobierno de José Antonio Kast: la dificultad para ordenar a los sectores que lo respaldan.
De acuerdo con los resultados de la encuesta Plaza Pública Cadem, la aprobación del mandatario llegó a 37%, mientras que la desaprobación alcanzó un 60%, su peor registro desde el 11 de marzo.
El dato se conoce en medio de un escenario complejo para La Moneda, marcado por cuestionamientos a la conducción política del Ejecutivo, diferencias entre colectividades oficialistas y una serie de episodios que han puesto a prueba la capacidad del Gobierno para alinear a sus propios sectores.
Uno de los casos que golpeó al Ejecutivo fue la salida de Trinidad Steinert del Ministerio de Seguridad, cartera clave para un Gobierno que hizo de la delincuencia uno de los ejes centrales de su campaña.
La polémica se originó a menos de 48 horas de que Steinert asumiera como ministra, cuando envió un oficio reservado a la PDI solicitando antecedentes de funcionarios que habían trabajado junto a ella en la investigación del denominado “Clan Chen”. Posteriormente, Contraloría concluyó que la entonces secretaria de Estado excedió sus atribuciones y no observó el deber de abstención que correspondía por su vínculo previo con el caso.
Aunque el organismo no atribuyó responsabilidades penales ni cuestionó la legalidad de la salida de la exsubdirectora de Inteligencia de la PDI, Consuelo Peña, el episodio terminó convirtiéndose en una de las primeras crisis políticas del Gobierno. Steinert permaneció solo 69 días en el cargo.
A este contexto se añaden las tensiones internas en el oficialismo, reflejadas en la complejidad de articular las agendas de los partidos que integran la coalición. Esto se observa en demandas particulares de diversas colectividades, como la presión del Partido Nacional Libertario por los eventuales indultos a internos de Punta Peuco.
Si bien el Ejecutivo cuenta con el respaldo de partidos como la UDI, Renovación Nacional y Evópoli, además de sectores republicanos y Nacional Libertarios, el bloque no opera como una coalición de gobierno tradicional, con mecanismos claros para procesar sus diferencias.
El analista político Marco Moreno, decano de la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central, apuntó precisamente a ese problema. Según el experto, el Gobierno logró articular apoyos durante la campaña, pero ahora enfrenta una etapa distinta: administrar el poder, ordenar prioridades y contener las agendas propias de los partidos que lo respaldan.
En esa línea, el académico advirtió que La Moneda no solo debe concentrarse en obtener triunfos legislativos, sino también en construir victorias políticas explicando que la ciudadanía no evalúa las leyes en abstracto, sino por sus efectos en la vida cotidiana.
“Cada vez es más fácil ganar una elección, pero cada vez es más difícil gobernar y cada vez es más fácil perder el poder”, concluyó Moreno, en medio de un escenario donde la baja presidencial y las tensiones oficialistas comienzan a transformarse en un problema político para La Moneda.