Durante estos dos siglos, la presencia y el reconocimiento de las mujeres en la justicia chilena ha sido una transición marcada por la perseverancia y el coraje. Las mujeres que rompieron barreras lo hicieron en tiempos en que el campo legal estaba dominado exclusivamente por hombres.
Se necesita recordar a pioneras como Matilde Throup Sepúlveda, primera mujer en concurso en el Poder Judicial o Claudina Acuña Montenegro, primera mujer en entrar a la carrera judicial y la larga espera, hasta que en 2001 se nombró a la primera ministra titular en este alto tribunal.
Hoy celebramos, con satisfacción, la mayor participación femenina en las instituciones judiciales, con mujeres ocupando lugares de responsabilidad en el Poder Judicial, el Ministerio Público y la Defensoría. Sin embargo, el camino hacia una paridad completa aún no ha terminado. La eliminación de la violencia de género y la promoción de una cultura verdaderamente inclusiva son tareas inconclusas, que requieren el fortalecimiento de políticas con perspectiva de género.
Esto no es solo una cuestión de justicia para las mujeres, sino un imperativo democrático que beneficia a toda la sociedad chilena. Un sistema judicial que incorpora y representa equitativamente a las mujeres no solo es más justo, sino que también refuerza la integridad del Estado de derecho.
En este aniversario bicentenario de la Corte Suprema, la mirada debe estar puesta en el compromiso con el futuro. Las instituciones y sus actores tienen el deber de seguir avanzando hacia un entorno donde la igualdad de género sea la norma y no la excepción.
Agradecemos y honramos a todas las mujeres cuyas luchas han allanado el camino, y renovamos nuestro compromiso para que en los próximos 200 años de nuestra historia judicial, la igualdad de género no sea un ideal, sino una realidad consolidada.