Tener una carrera artística en Hollywood, es el sueño de muchos actores. Uno que, al cumplirse, puede significar la consagración total de una vida, que será recordada para siempre. Aunque esta situación, no fue el caso de Anthony Perkins, el intérprete de Norman Bates en la película Psicosis.
Porque Perkins, a pesar de que demostró que podía actuar magistralmente como el trastornado Norman, vivió un calvario mientras estuvo trabajando en la industria. A partir de 1960, con el estreno del film de Alfred Hitchcock, Perkins fue catapultado a un icónico rol del cual consideró una “maldición”.
El artista sufrió la presión mediática, al tener que vivir su homosexualidad de manera escondida, puesto que por largos años, temió que le perjudicara su carrera.
Por este motivo, esta necesidad de mantener su vida privada, transformó a Perkins en el objetivo de los tabloides y la prensa que, de manera inesperada, hicieron público su diagnóstico de VIH, sin que el mismo lo supiera.
La complicada infancia de Anthony Perkins
Anthony Perkins, antes de ser conocido por su papel de asesino, ya era un actor que había alcanzado notoriedad, al tener una sólida formación teatral.
Como el padre de “Tony”, también había sido actor, pronto en su adolescencia, el intérprete de Norman empezó a incursionar en la actuación, como una forma de recordar a Osgood, su padre que fallecería prematuramente de un infarto. “Me propuse ser un gran actor, mejor que mi padre. Como se había ido y había muerto, decidí devolverle el favor superándolo”, reveló Perkins en una entrevista concedida a revista People en 1983.
Cabe mencionar que en 1953, Perkins debutó en Broadway en la obra Tea and Sympathy, con tan solo 23 años, en el mismo año en que actuó en su primera película, The Actress.
Tres años más tarde, fue nominado al Oscar al Mejor Actor de Reparto por su papel en la película Friendly Persuasion, protagonizada por Gary Cooper y Dorothy McGuire, según consigna revista People.
No obstante, el rol de Bates en Psicosis de 1960, lo convertiría en un fenómeno global, al ser uno de los primeros papeles que retrata a un asesino con personalidad múltiple en el cine.
Las alegrías y penurias de Norman Bates
Así pues, con apenas 28 años, parecía que su carrera iba a despegar. Hasta que rumores de su vida personal, empezaron a obstaculizar su ascenso. En ese sentido, uno de los primeros problemas que enfrentó fue su tensa relación con su madre, Janet Esselstyn, que según describen los artículos de la época, habría abusado sexualmente de su hijo.
“Me tocaba y me acariciaba constantemente”, explicó Anthony en una emotiva entrevista a revista People, explicando que los abusos de su madre continuaron hasta su adultez. “[Mi madre] sin darse cuenta del efecto que tenía, me tocaba por todas partes, incluso me acariciaba el interior de los muslos hasta la entrepierna”.
Mientras el actor crecía, vivió con mucho pesar, que su madre opinaba y se entrometía en cada aspecto de su vida, lo que le provocó una profunda tristeza que le impedía relacionarse con hombres y mujeres. “Tenía fantasías salvajes, pero mi experiencia erótica era mayormente solitaria. Había tenido encuentros homosexuales, pero ese tipo de sexo siempre me pareció irreal e insatisfactorio. Y nunca había tenido sexo con una mujer; la sola idea me aterraba”, describió a revista People.
A los 40, Perkins, empezó a sanar las heridas infligidas por su madre, lo que le permitió vivir un apasionado romance con la actriz Victoria Principal, que le permitió disminuir la ansiedad que sentía hacia las mujeres.
De todas maneras, un encuentro casual, cambiaría la vida de Anthony Perkins, al conocer a la fotógrafa Berinthia “Berry” Berenson, de quien quedó profundamente enamorado. Con ella, el actor se casó en 1973, teniendo en común, dos hijos, Osgood Robert “Oz” Perkins II, de 51 años, y Elvis Perkins, de 49.
Sin embargo, mientras Anthony se esforzaba en formar un hogar, trascendió que en la década de 1950, el actor de Psicosis mantuvo un romance con su colega Tab Hunter. “Mi padre era un actor con una vida privada inaceptable para la sociedad, ya sea que lo llamen gay o bisexual, o cualquier otro apodo que le queramos dar”, declaró su hijo Osgood a People en 2024. “No se podía hacer eso, no se podía ser ambas cosas. ¡Y sigue sin poderse!”.
El diagnóstico de VIH
En 1990, el actor supo por una publicación del periódico sensacionalista National Enquirer, que había sido diagnosticado con VIH.
Según Berinthia “Berry” Berenson, el actor pensaba que si se hacía público su estado de salud, nunca más trabajaría en Hollywood, afirmó la viuda, en una entrevista realizada cuatro días después de la muerte de su esposo al diario The New York Times.
En medio de la conversación con el periódico neoyorquino, Berry aclaró que presumiblemente a su esposo le hicieron una prueba de sangre que reveló su estado serológico. Esta filtración -comentó Berry al New York Times- había sido sin su consentimiento, pero describió que fue determinante para que Perkins supiera que era una persona VIH-positiva.
También puntualizó que los últimos años de vida de Anthony, estuvieron marcados por los problemas de salud, al ser una persona que vivió con VIH.
“Estuvo dos veces hospitalizado, una vez como paciente externo, y nos pusimos otro nombre”, recordó al diario estadounidense. “Literalmente me pregunté: ‘¿Quién soy hoy?’. Fue extraño. Pierdes la noción de la realidad. Ni siquiera puedes ser tú mismo en una situación así. Firmas como ‘Sra. Smith’ o algo así. Piensas que este hombre se ha pasado toda la vida dando tanto placer a la gente en el mundo del espectáculo, y esta es su recompensa. Al final, ni siquiera puede ser él mismo. O sea, la gente del Sindicato de Actores de Cine está completamente metida en esto. Están acostumbrados a lidiar con alias”, reflexionó.
Respecto a sus últimos días con vida, los hijos de Perkins, Osgood y Elvis, lo ayudaron a redactar un emotivo comunicado sobre la experiencia de vivir con el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, contando las razones de porque no compartió el diagnóstico.
“Elegí no contar mi enfermedad en público porque, citando mal aquella frase de Casablanca, ‘no se me da bien ser noble”, expresó Perkins en el comunicado publicado póstumamente. “Hay muchos que consideran que esta enfermedad es una venganza de Dios, pero yo he aprendido más sobre el amor, la generosidad y la comprensión humana gracias a las personas que he conocido en esta gran aventura en el mundo del sida de lo que jamás aprendí en el mundo competitivo en el que pasé toda mi vida”.
Perkins murió el 12 de septiembre de 1992, a los 60 años, por una neumonía causada por el sida.