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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Informe Especial de TVN emitió en 1986 "Viaje al submundo de los árbitros", revelando presiones y arreglos en el fútbol chileno. Exárbitros declararon sobre instrucciones para influir en resultados, incluyendo modificar calificaciones y arreglar partidos para la Polla Gol. Llamativa coincidencia en 1978 con premio millonario vinculado a árbitro. Aunque sin pruebas judiciales, la investigación planteó dudas sobre manipulación de resultados para beneficios en apuestas.

La noche del 12 de agosto de 1986, un reportaje de Informe Especial de Televisión Nacional de Chile terminó convirtiéndose en uno de los episodios más controvertidos del fútbol chileno de los años 80.

El periodista Guillermo Muñoz había preparado “Viaje al submundo de los árbitros” para abordar las presiones, dificultades y riesgos que enfrentaban los jueces dentro de las canchas. Sin embargo, en los minutos finales de la investigación, el relato tomó un rumbo inesperado.

Y es que antiguos árbitros comenzaron a referirse a presuntas maniobras destinadas a influir en resultados y a una eventual relación con los millonarios premios de la Polla Gol.

Uno de los testimonios que abrió esa puerta fue el de Robinson Luengo, exárbitro de Segunda División retirado en 1981. Ante las cámaras, Luengo relató que durante su carrera recibió una instrucción concreta para intervenir en el resultado de un partido. “Se me pidió que un equipo empatara”, dijo.

Según su versión, inicialmente creyó que la petición era una broma, pero después del encuentro habría recibido un reproche porque el marcador no coincidió con lo que se le había solicitado. Para el exjuez, ese episodio confirmó que la orden había sido real.

El exárbitro aseguró además que había recibido instrucciones para modificar las calificaciones de otros jueces. Su relato adquiría particular relevancia porque, según explicó, su actividad profesional como ingeniero informático lo había llevado a participar en el procesamiento de esas evaluaciones arbitrales.

No obstante, tales declaraciones fueron presentadas por el programa como testimonios recogidos durante una investigación periodística y no como hechos posteriormente establecidos por una sentencia judicial.

La investigación dio entonces paso a otro nombre, el de Rafael Hormazábal, también exárbitro. Frente a las cámaras, Hormazábal sostuvo que había existido un arreglo vinculado con la Polla Gol y afirmó que una parte importante del estamento arbitral conocía sus antecedentes.

Su frase fue especialmente categórica: “El 95 % de los árbitros conocen esto”. Además, aseguró que el conocimiento de aquella situación no se habría limitado a los jueces, sino que también habría alcanzado a personas vinculadas con el periodismo deportivo.

La entrevista alcanzó otro punto de tensión cuando Guillermo Muñoz le preguntó directamente a Hormazábal si conocía casos de árbitros a quienes se les hubiera solicitado arreglar partidos. El exjuez no entregó nombres. “Prefiero no responder esa pregunta”, contestó.

La negativa dejó planteada una interrogante que excedía las habituales controversias sobre decisiones arbitrales. Esa fue la posibilidad de que existieran mecanismos organizados para intervenir deliberadamente en los resultados de los encuentros.

Pero Informe Especial no se quedó únicamente con los testimonios de los exárbitros. Para reconstruir la historia, el programa volvió la mirada hacia un episodio ocurrido casi ocho años antes, en septiembre de 1978, cuando Ñublense derrotó 2-1 a Colo Colo en Chillán. El árbitro de aquel encuentro había sido Víctor Ojeda.

El partido adquirió una nueva dimensión cuando fue relacionado con una llamativa coincidencia registrada en el concurso de la Polla Gol.

Según la reconstrucción difundida posteriormente, la única cartilla ganadora de aquella jornada había sido jugada en una agencia de Polla Gol cuya propiedad se atribuía al propio Ojeda, quien precisamente había dirigido el encuentro. El dato, por sí mismo, no demostraba que el resultado hubiese sido manipulado, pero introducía una coincidencia difícil de ignorar dentro del relato que el reportaje estaba construyendo.

Años después, periodistas como Juan Cristóbal Guarello y Luis Urrutia O’Neil retomaron y reconstruyeron estos antecedentes. Había, además, otro elemento que alimentó las sospechas: el seudónimo utilizado en aquella cartilla ganadora, “OREMA”, que consiguió un premio de casi medio millón de dólares de la época.

Investigaciones periodísticas posteriores señalaron que esas letras corresponderían a las iniciales de Ojeda, Adolfo Reginato y Alberto Martínez, todos relacionados con el mundo arbitral.

La coincidencia fue incorporada a la reconstrucción de un episodio que, con el paso de los años, terminaría convirtiéndose en una de las historias más llamativas asociadas a la Polla Gol y al arbitraje chileno.

Eso también permitía establecer automáticamente una conexión entre la actuación de Ojeda y el premio obtenido. Lo que hizo el reportaje fue poner esos antecedentes en un mismo relato investigativo y plantear la pregunta sobre si podía existir una estructura destinada a influir en determinados resultados para obtener beneficios en el concurso.

El propio contexto de la época ofrecía además un argumento utilizado en defensa de Ojeda. Según los antecedentes recogidos posteriormente, en aquel momento no existía una prohibición expresa que impidiera a un árbitro ser propietario de una agencia de Polla Gol. Por eso, la propiedad de la agencia no podía considerarse por sí misma una infracción.

El verdadero cuestionamiento planteado por la investigación estaba en otro nivel y era determinar si aquella coincidencia había sido aprovechada dentro de una eventual operación para favorecer determinados resultados. ¿Podían las apuestas y los premios de la Polla Gol convertirse en un incentivo para intervenir en el fútbol profesional?

La emisión de “Viaje al submundo de los árbitros” no significó, sin embargo, que todas las acusaciones planteadas quedaran judicialmente demostradas. Los testimonios recogidos por televisión, las coincidencias documentales y las reconstrucciones periodísticas posteriores forman parte de una historia controvertida, pero deben distinguirse de hechos establecidos mediante una condena.

En particular, los antecedentes relacionados con el partido de 1978 y la cartilla “OREMA” no terminaron en una sentencia que acreditara judicialmente un arreglo del encuentro.

Cuatro décadas después, el valor de aquella investigación reside también en haber registrado un momento en que el periodismo decidió mirar más allá de las decisiones discutidas dentro de una cancha.