Cultura
Destacado arquitecto Miguel Lawner se suma a la defensa de Química y Farmacia
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La discusi√≥n en torno al nuevo proyecto para Vicu√Īa Mackenna 20, donde se propone la demolici√≥n del antiguo edificio, se ha manipulado al punto de crear la impresi√≥n de que solo pueden existen dos miradas, excluyentes la una de la otra. Ante la posible p√©rdida de este edificio, quise saber la opini√≥n del distinguido arquitecto Miguel Lawner, un profesional de demostrada dedicaci√≥n a las causas pol√≠tico-sociales y la arquitectura social. Por Beatriz Maturana Cossio

El problema se presenta en la forma de dos ‚Äúbandos‚ÄĚ. Por un lado, quienes est√°n por la demolici√≥n, justifican estar en pos de construir edificaciones para las organizaciones y alumnos de la Universidad de Chile, con quienes la Universidad tiene deudas pendientes en relaci√≥n a sus condiciones infraestructurales de trabajo. Por otro lado, a quienes intentan salvar este edificio patrimonial (reconocido o no) se los demoniza haci√©ndolos parecer poco solidarios con las necesidades de quienes trabajan/estudian en condiciones miserables (CEA, INAP entre otros). Detr√°s de este discurso existe otro incluso m√°s perverso: el discurso ideol√≥gico y mutuamente excluyente con el que se supone que estas dos miradas se alinean.

Por supuesto que ni una ni otra posici√≥n puede ser tan elemental. Extra√Īa adem√°s que sea la Universidad, o sus representantes, los que en forma directa o indirecta utilicen este tipo de simplificaciones, las que son notorias por promover laignorancia y demonizar a quienes piensan en forma distinta.

Ante la posible p√©rdida de este edificio, quise saber la opini√≥n del distinguido arquitecto Miguel Lawner, un arquitecto de demostrada dedicaci√≥n a las causas pol√≠tico-sociales y la arquitectura social. Ante la pregunta de qu√© deber√≠amos hacer en relaci√≥n a la propuesta de destruir este patrimonio, Miguel Lawner se pronuncia en favor de salvar VM20. De hecho, Lawner afirma que el rescate del patrimonio es un deber y que incluso en tiempos en que se favorec√≠a la destrucci√≥n del patrimonio (los a√Īos 60s 70s y 80s), √©l tom√≥ la iniciativa de rescatar los actuales edificios de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo.

Miguel Lawner relata que el proyecto de vivienda de las torres San Borja consideraba la demolici√≥n de lo que en ese entonces era el Liceo No.5 y el mercado Juan Antonio R√≠os‚ÄĒque eran antiguas barracas‚ÄĒ y que hoy conforman el campus que acoge a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la U. de Chile.

Como director ejecutivo de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU, 1970-1973), Miguel Lawner aconsejó en favor de mantener estos edificios y fue así como el Departamento Técnico de la CORMU resolvió no demolerlos. En esta decisión, la que fue más tarde compartida por todos, se comprendió la significancia cultural y patrimonial de estos edificios y la importante pérdida que implicaría para la ciudad su demolición.

Es importante notar la trascendencia de este evento ‚ÄĒuna valorizaci√≥n patrimonial que se impuso en tiempos en que el patrimonio aun no era un tema contingente‚ÄĒ que se traduce en una intervenci√≥n visionaria por parte del arquitecto Lawner y del gobierno de entonces.

La ciudad y sus edificios son patrimonio no s√≥lo de sus ‚Äúdue√Īos‚ÄĚ, sino de los ciudadanos que viven y aspiran a vivir en ciudades de calidad. El valor de inmuebles como el de Vicu√Īa Mackenna 20 trasciende su valor mercantil y no pueden existir s√≥lo para el beneficio cortoplacista de sus propietarios (sean estos especuladores inmobiliarios, o una universidad p√ļblica como la Universidad de Chile). El valor de Vicu√Īa Mackenna 20 es de todos, a trav√©s de estos edificios y sus historias se impregnan nuestras ciudades de cultura.

Sabemos que entre quienes hoy est√°n por la demolici√≥n del edificio, tambi√©n hay algunos que reconocen el valor de mantener el patrimonio‚ÄĒese que nos beneficia a todos y que va m√°s all√° del edificio, creando un car√°cter urbano de calidad‚ÄĒ. Tambi√©n sabemos que entre quienes intentan salvar el edificio no hay menosprecio por las necesidades de quienes se beneficiar√≠an de estas nuevas instalaciones.

No existe, ni debe reinar la noción de dos bandos, menos en una Universidad. Además, contamos con muy buenos ejemplos de proyectos (en Santiago) que han manejado de forma ejemplar la necesidad de crear espacios contemporáneos, con la de mantener la historia y patrimonio.

Si bien sabemos que hay en la Universidad de Chile necesidades imperiosas de espacio, el respeto por los ciudadanos y sus ciudades no es menos importante. La pregunta de hoy tiene que ser, c√≥mo responder a los requerimientos infraestructurales de la Universidad, incorporando el antiguo edificio de VM20. El tiempo y los costos incurridos por la Universidad, no son justificaci√≥n v√°lida para seguir adelante con un proyecto intr√≠nsecamente desacertado y destructivo, y que s√≥lo demuestra la mala gesti√≥n de la Universidad. Por esta mala gesti√≥n no pueden ser castigados quienes necesitan la nueva infraestructura, ni nuestros edificios patrimoniales. La Universidad de Chile debe entender que ‚Äúdos errores no hacen un acierto.‚ÄĚ

Dra. Beatriz Maturana Cossio
PhD, MUrbDes, BArch. (University of Melbourne)
INVI, Facultad de Arquitectura y Urbanismo
Universidad de Chile

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