Fotografía: Aaron Jara | Facebook

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  • El suboficial mayor Aarón Jara, el único entomólogo forense que tiene el Laboratorio de Criminalística de Carabineros, llegó a la zona de Caripilun para apoyar el trabajo que realizaron Ministerio Público y la PDI, que solo después de nueve días halló el cadáver de Tomás Bravo de solo tres años. Coincidencia negra, este puede ser el último caso de Jara como miembro de la institución, porque este lunes presentó oficialmente su expediente de retiro, después de 29 años de labores, veinte de los cuales se dedicó a la investigación científica de homicidios, algunos de los cuales parecían irresolubles. “El 85% de los seres vivos de la tierra son insectos, y a la hora de investigar (...) son los primeros en llegar a la escena del crimen”, contó Jara en una entrevista. Ayer, en tanto, Jara volvió a Santiago portando muestras que recogió en la zona. Estas podrían cambiar el curso de la indagatoria o bien confirmar que el autor de la muerte es Jorge Escobar, el tío abuelo de la víctima. La labor de este CSI chileno, comienza siempre después de la muerte. El perfil es de la Unidad de Investigación de Radio Bío Bío.

    Puede que el nombre del suboficial mayor de Carabineros Aarón Jara no esté grabado en la memoria cotidiana de los hombres y mujeres de a pie. Sin embargo, por estos días, podría convertirse en una pieza clave para terminar de aclarar la muerte de Tomás Bravo de apenas tres años, cuyo cuerpo fue hallado después de nueve días desaparecido en la comuna de Arauco.

    Jara es un policía atípico. Es el único experto entomólogo (estudia insectos) que tiene el Laboratorio de Criminalística (Labocar) y que llegó a la zona de Caripilun para buscar pistas en la naturaleza que ayuden a sustentar la teoría del caso que maneja el Ministerio Público: el autor del crimen sería el tío abuelo del niño, Jorge Escobar. Este último será formalizado hoy por el delito de homicidio simple en un caso que -al menos hasta ahora- arroja cuestionamientos al trabajo desarrollado por la fiscalía y Policía de Investigaciones (PDI).

    Como sea, Jara ya dejó el sector y con él viajó a Santiago lo que recogió en la zona. El análisis debiera ser entregado en los próximos días.

    El aterrizaje de Jara en la investigación se produjo luego de que el cadáver de “Tomasito” fuera hallado en una zona denominada “cuadrante 24” por la PDI, y a tres y medio kilómetros del lugar donde supuestamente su tío abuelo lo dejó, mientras buscaban unos animales.

    Los caminos de la vida

    Aarón Elías Jara Peñailillo, vino al mundo en Lota, Región del Bío Bío, el 17 de noviembre de 1970, señala su partida de nacimiento. La de matrimonio indica que está casado con Jazmina, enfermera de profesión y pilar en el desarrollo de su carrera, asegura el propio Jara.

    Realizó el Servicio Militar en Punta Arenas, egresó de la Escuela de Formación Policial en 1992 y trabajó en varias unidades en labores operativas.

    Sin embargo, en 2000 postuló al curso de criminalística institucional que cambiaría su manera de ejecutar una investigación. Si antes buscaba delincuentes, tomaba declaraciones o se enfrentaba a los malos, hoy traduce la información que le entregan larvas, parásitos o gusanos en un sitio del suceso. Estos últimos secuencialmente colonizan un cuerpo y varían dependiendo de la zona geográfica y el clima. Es decir, su labor comienza siempre después de la muerte.

    “El 85% de los seres vivos de la tierra son insectos, y a la hora de investigar (…) son los primeros en llegar a la escena del crimen”, contó Jara al diario La Cuarta.

    Un detalle y un lamento en Carabineros: después de 29 años de servicio, Aarón Jara inició oficialmente ayer lunes su proceso de retiro.

    De los 29 años como uniformado, veinte ha trabajado en el Labocar e incluso puso la primera piedra de la unidad en La Serena hace más de dos décadas. Se perfeccionó en Argentina, se licenció en gestión ambiental, diplomó en Entomología Agrícola, entre otras preseas académicas que luce en su currículum. Además, conoce el arte de la taxidermia.

    Uno de tantos casos en que participó fue la indagatoria por el homicidio de Fernanda Maciel en Conchalí, la joven asesinada en febrero de 2018 por Felipe Rojas, amigo y único formalizado en el caso. La mujer estuvo desaparecida 499 días, pero los insectos le revelaron el paradero del cadáver en junio de 2019. El cuerpo estaba enterrado a pocos metros de su casa, cubierto con cal, tapado con cemento y bajo escombros. Cuando se retiró del lugar, las cámaras de televisión lo grabaron portando un maletín. En él estaba impreso el rótulo que lo identifica: “Entomología Forense”.

    También fue convocado en el crimen de Bastián Bravo, quien a sus 20 años desapareció el 13 de noviembre de 2013, cuyos restos fueron ubicados el 22 de enero de 2014. En el caso también tuvo un rol preponderante, al igual que en la investigación de la secta de Pirque.

    En ese entonces fungía como sargento segundo y fue llevado al caso por petición explícita del fiscal que lideraba el caso, Alejandro Sánchez.

    “(…) había fallecido una joven embarazada que no recibió atención médica a tiempo, por lo que sus cercanos, liderados por Paola Olcese, la enterraron sin autorización. Fue gracias a la Entomología que pudimos resolver el puzzle policial”, contó Jara al diario de Copesa.

    En Carabineros aseguran que si deja la institución el trabajo no le faltará, porque figura como perito en la lista a la que recurre el Ministerio Público para sus investigaciones.

    El polvo blanco

    Otra de las investigaciones en que han participado estos equipos de Carabineros, fue el crimen ocurrido el 21 de julio de 2014 en el sector Las Salinas de Talcahuano. En el lugar se encontraron los cuerpos de Cristina Poblete Hormazábal, de 58 años, asesora del hogar, y del niño Matías Poblete Flores, de 10 años, los cuales fueron asesinados tras recibir una serie de golpes contundentes en el cráneo.
     
    Si bien en el sitio del suceso participaron varios expertos, para la fiscalía el rol de Labocar fue sustantivo para esclarecer que la pareja de Cristina Poblete, el albañil Rubén Carrasco Torres, había sido el autor del doble crimen. El dato concluyente fue una huella plantar detectada en la escalera del domicilio, pista de la que se percataron los funcionarios, los mismos que fueron convocados a apoyar el trabajo policial tras analizar más de 600 fotos de la vivienda ubicada en calle Ricardo Latchmann.
     

    El punto es que los de Labocar fueron los únicos que observaron que en la escalera de la casa había un polvo blanco ajeno a la vivienda. Ese fue el punto clave y de partida para esclarecer los hechos, puesto que se pudo establecer que esa “pequeña” traza de polvo blanco correspondía a yeso de construcción, según el laboratorio. Con ese dato entregado por los Carabineros especializados la fiscalía continuó las diligencias encaminándose hasta dar con la ropa  que Carrasco Torres, pareja de la víctima, poseía el día del doble homicidio, puesto que se encontró la misma sustancia.

    Digno de un puzzle policial, se pidió la exhumación de los dos cuerpos. Una vez analizados, y para sorpresa de los fiscales y equipos, el mismo polvo blanco estaba en los cabellos de la mujer, cerrando de esa forma la investigación y logrando la condena por presidio perpetuo simple contra el albañil.

    Pequeñas pistas que se pueden transformar en elementos claves en una investigación por homicidio, forman parte de los aportes que el equipo Labocar y en particular el suboficial Jara ha entregado a lo largo de su carrera en Carabineros, el mismo que comenzó su cuenta regresiva para abandonar el uniforme verde oliva pero que antes de eso, y con la esperanza de una familia devastada de Arauco, muchos creen que podría establecer la pista que falta para cerrar investigativamente el caso del pequeño Tomasito.

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