Desierto, guerrilleros y 50 prisioneros: el secuestro en Rally Dakar 1999 en voz de un sobreviviente

Jueves 01 enero de 2026 | 09:30

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Ítalo Sánchez Sanhueza

Periodista de Deportes en BioBioChile

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Todo listo y dispuesto está en Arabia Saudí para dar el vamos a la edición 48 del Rally Dakar, tradicional y dura competencia tuerca en el desierto que celebrará desde el 3 a 17 de enero de 2026.

Entre las dunas, miles de historias se levantan en el polvo, aunque no todas son un buen recuerdo. En 1999, el piloto español Rafa Santiveri, por poco, se salvó de no morir.

El libro Cuando éramos pilotos, de José Antonio Ponseti, relata que el competidor (junto a su compatriota Rosendo Touriñán) fue víctima de una emboscada y posterior secuestro por parte de grupos guerrilleros en la etapa entre Mauritania y Mali.

El señuelo era preciso. Los secuestradores dejaban un coche vacío en medio de la carretera con señales de emergencia para obligar a parar a sus futuros rehenes.

“Normalmente, siempre en plena carrera si ves que un coche está parado, te acercas a dar una mano. Es parte del compañerismo. Nos acercamos, el coche estaba vacío”, relató Santiveri al respecto en un podcast de Cadena SER.

La emboscada y el plan de escape para volver al Dakar

Así, el protagonista cayó y al parar delante del auto, fue tomado prisionero… junto a otras 50 personas a las que, posteriormente, les apuntaron con fusiles Kaláshnikov para robarles sus pertenencias.

“Gracias a Dios fue en el 99. Tuvimos suerte, o te mataban, o te secuestraban hasta que el Gobierno pagaba por tu rescate”, añadió.

Armándose de paciencia, el secuestrado siguió el procedimiento al pie de la letra y de hecho, mostró viveza al entender perfectamente cuál era el plan. A la víctima que tenía dinero, la mataban. A la que no, la dejaban como rehén.

Fue así que en plena captura de otros prisioneros, el rider sacó de su ropa el dinero que llevaba consigo y se lo guardó en una de sus botas, para posteriormente enterrarlo y marcarlo, improvisadamente, con un lápiz.

En ese entierro, además, pasaron escenarios por su cabeza: o dejaba huellas en el desierto al momento de escapar o que, al ser de noche, podría cubrirse bajo la arena de las dunas sin ser detectado. Optó por lo segundo… y le resultó.

“Cuando estaba a la altura del cuello, llegué a la conclusión de que no tenía cómo respirar. Al final vi una mata y me la puse en la cabeza y esperé. Escuche que se iban, pero que iban a dejar francotiradores vigilando y que si alguien se movía, dispararían. Pero al final se fueron. Al cabo de media hora me desenterré y empecé a buscar el bolígrafo. Estaban muy cabreados conmigo. Prendimos fuego y empezamos a buscar nuestras pertenencias. Y tuve la gran suerte de encontrar el dinero enterrado”, detalló.

Como pudieron, Santiveri y Touriñan regresaron junto a otros pilotos al campamento del Dakar en la superficie africana. Nadie hasta verlos llegar se había enterado del secuestro, así que les ofrecieron retirarse o volver a competir…

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