Camila Ahrendt, Bióloga Marina: "Las salmoneras operan de una forma que no le hace bien al mar"

Créditos: Camila Ahrendt

Jueves 03 diciembre de 2020 | Publicado a las 20:53 · Actualizado a las 11:39

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Esta entrevista forma parte de una serie de contenidos que Radio Bío Bío está compartiendo en el marco de Reacciona por el Clima, programa que busca incentivar la participación ciudadana en la acción contra el cambio climático y crear la red climática más grande de Chile. Participa sumando tu iniciativa sustentable en www.porelclima.cl

Camila Ahrendt Esteban (33) es Bióloga Marina y Magíster en Biología Marina de la U. Andrés Bello. Ella forma parte de la campaña Reacciona por el Clima, impulsada por la Unión Europea en conjunto con el Ministerio de Medio Ambiente y fiiS. Su pasión por el océano tiene larga data: ella cuenta que surgió cuando era pequeña e iba con su mamá a la playa, y tenía contacto directo con los animales del mar y el entorno.

Dice con entusiasmo que estos paseos eran “como una aventura, como una expedición, una experiencia muy entretenida. Tengo excelentes recuerdos de la playa. Me encanta el dinamismo del agua, y me encanta estar salada, que mi cuerpo esté salado, mi pelo, me encanta que el mar sea azul: es tan grande, tan dinámico, tan espectacular, tan inspirador. Tengo una conexión íntima con el mar, y por eso lo estudié”, asegura.

Y definitivamente le encantó. Camila dice que “tenía muy claro que para cuidar lo que yo amo, tenía que hacerlo bien, y estudiándolo era una herramienta. Y dentro de la carrera me enamoré: yo decía ‘qué afortunada soy de estar estudiando las algas, el océano, los peces, las dinámicas ecosistémicas’ […] Esto es un panorama, estamos estudiando vida. Y la conexión que tiene el océano con todo. Y me encanta, yo estoy enamorada de lo que estudié”.

“Yo no entré por nada en específico, ningún animal, nada. Lo que yo quería hacer era viajar en el mar. Embarcarme, bucear. Y es lo que hago ahora: experiencias marítimas, experiencias en el agua, con el agua. Y recorrer el océano entero”, agrega.

Más tarde, realizando prácticas en el sur de Chile, se encantó especialmente con los peces. Cuenta que estos pequeños animales pueden incluso sufrir estrés: “son fantásticos los peces, ¡me encantan! Cada pez es un mundo, hay una personalidad por pez. Es como nosotros”.

Contra viento, marea… y toneladas de plástico

En julio de 2017 terminó su tesis de Magíster, y desde entonces dedica su vida a la investigación científica, la divulgación y la conservación de los mares. Su especialidad, cuenta, es el tema de la contaminación, particularmente de plásticos: “para mí es un tema que sale de lo científico: es más social también, es más psicológico. Incluso, hasta espiritual. Es bastante holístico el asunto de la contaminación como tal, como concepto”, dice.

Fue la fundadora y Directora Científica de Plastic Oceans en nuestro país, y escribe artículos para la Revista Endémico desde hace más de 2 años. Ella destaca particularmente el aprendizaje y experiencia que ha tenido en terreno, conversando con la gente en distintas regiones de Chile y observando la realidad en que se encuentran los distintos ecosistemas que ha podido ver. Según dice, “todo está centralizado en nuestro país, y eso es una desventaja al momento de gestionar los residuos”, por lo que el panorama a nivel de contaminación es complejo.

Hoy está con su energía puesta en el desarrollo de la película “AIR(E)”, que tendrá como temática la conservación del océano y dos de las amenazas que más lo debilitan: la contaminación por plástico y la contaminación acústica.

Y como sabe que en materia medioambiental corremos contra el reloj a nivel planetario, lo que harán junto al equipo del rodaje de la película será también divulgar cápsulas y otros contenidos para despertar conciencia respecto a lo que pasa con el océano a medida que van filmando: “hay una urgencia climática visceral profunda, y es ahora ya. El mundo no puede esperar”, expresa con determinación.

Muchos científicos ya han alertado la relevancia de los mares para la estabilidad de toda nuestra tierra: desde cómo incide en el clima, hasta el hecho de que provee la mitad del oxígeno que respiramos. Camila lo reafirma: “el océano, literalmente, es lo más importante del planeta tierra […] No significa que si el océano realmente está sano, el planeta tierra va a estar sano, porque hay gran cantidad de cosas que pasan en tierra, pero sí ayuda mucho a que la tierra pueda restablecer su equilibrio climático y ecosistémico”.

“Comer salmón no es una alternativa sustentable”

¿Cómo están los mares chilenos? La experta comenta que nuestras aguas son particularmente privilegiadas y productivas, gracias a la Corriente de Humboldt, que trae aguas frías cargadas de nutrientes y los mueve hacia la superficie permitiendo que haya mucha vida.

Sin embargo, de estos maravillosos mares, “tenemos muy poco porcentaje protegido en Chile en aguas: no hay tantas reservas marinas, y menos parques marinos. Ésa es una herramienta de protección muy importante, que ayuda a la conservación y ayuda a que todas las formas de interactuar con el océano sean mejores. Pero nuestro país no tiene tantas reservas ni parques”, alerta Camila.

Y el panorama es aún más crítico considerando las diversas amenazas que existen a la naturaleza oceánica producto de las actividades humanas: la bióloga explica que éstas están constantemente y que “van perjudicando el equilibrio y la biodiversidad. El océano es demasiado sensible: todos sus procesos están tan interconectados, y cada uno por separado es muy sensible por lo que en conjunto es muy frágil. Cualquier cambio pequeño afecta en una cadena”.

¿Cuáles son estas amenazas? Camila nombra las principales: la sobrepesca y todas sus externalidades negativas; la contaminación acústica; y la contaminación por plástico.

La primera amenaza se encuentra amparada por la legislación actual. La Ley de Pesca vigente en Chile, “deja mucho que desear, honestamente. Siendo un instrumento legal, no ayuda a la salud de nuestro mar”, opina. Las ‘pescas no selectivas’, como por ejemplo la de arrastre, generan mucho daño y ‘descarte’ pesquero: se capturan muchos animales no deseados.

Sin embargo, Camila es especialmente crítica con una industria en particular: la salmonera. Explica que estas empresas “están operando de una forma que no le hace bien al mar. […] por una parte están los antibióticos, que llegan al agua; por otra parte están los escapes de los salmones, que al ser una especie introducida altamente dominante, se come a todo lo que encuentra, y generalmente se come a todos los peces endémicos”.

“En muchos de los lugares donde están las salmoneras, hay fauna residente o migratoria, por ejemplo, de ballenas, pero mucho, cerquita, al lado. Y es tremendamente impactante”, agrega.

Esta industria también implica una amenaza en términos de contaminación acústica, tanto en la construcción de la infraestructura que requiere, como en la operación misma, explica la experta. Por eso, concluye que “comer salmón no es una alternativa sustentable, para nada. Porque uno está contribuyendo a una industria que debiese ser mucho más responsable”.

Oídos explotados

Poco se ha hablado hasta ahora del impacto que tiene en los océanos la contaminación acústica: los ruidos producidos por todo lo que los seres humanos hacemos cerca o en el mar. Todas nuestras embarcaciones a motor con hélices generando ondas directas en el agua, la construcción de puertos o muelles, las instalaciones submarinas, el movimiento y traslado de arena o rocas, o incluso los mismos sistemas de alimentación automatizada de la acuicultura.

Esta contaminación acústica, dice Camila, “tiene muchas implicancias para la fauna residente y para la fauna migratoria. También pueden ocurrir desequilibrios en zonas puntuales. Por ejemplo, cuando se hace alguna construcción submarina, o cuando hay algunas industrias que trabajan 24/7 en el océano, producen un nivel de contaminación local que es terrible. Y donde están situadas, hay fauna que se ve muy afectada por eso”.

Estas intromisiones sonoras del ser humano en las aguas del mar incluso provocan que a algunos animales les exploten los oídos. “Hay algunas especies que son muy sensibles a las ondas de baja frecuencia, por ejemplo. […] Y cuando el ruido es muy severo, puede haber una explosión de órganos dentro de los individuos. Los mamíferos marinos tienen un comportamiento muy social, entonces se pierden, se desorientan y a veces varan en grupo”, explica la experta.

Un mar de plástico… un océano de responsabilidad humana

Ya es sabido que tenemos una crisis ambiental gigantesca, y que los productos plásticos -algunos de los cuales pueden tardar hasta 1000 años en descomponerse- están plagando la tierra y las aguas del océano. La experta señala que el 80% llega al agua directamente desde el continente, y el restante directamente desde el mar como residual de actividades pesqueras, construcciones marítimas y embarcaciones.

Por eso, la responsabilidad que tenemos como especie humana es gigantesca y la urgencia de hacernos cargo es cada vez mayor.

¿Qué podemos hacer las personas para evitar seguir contribuyendo con este desastre ambiental? Camila llama primero a “informarse: ser un ciudadano o ciudadana más responsable con los hábitos, qué consumir y qué no, qué llevar, qué usar, qué comprar”. Nombra, por ejemplo, la importancia de respetar las vedas, claves para que se recupere la población de cada especie marina.

La bióloga recuerda que “cuando uno está eligiendo un producto, uno está haciendo un voto: le estás dando plata a una industria, estás contribuyendo a que eso siga. Entonces, contribuyamos a que lo bueno siga. Tenemos que inclinar esa balanza”.

Convoca, entonces, a tomar decisiones más amigables con el océano y con el planeta, como comprar a granel y andar con elementos reutilizables en vez de consumir productos que vengan envasados en plástico de un uso.

“La invitación es a que ojalá entendamos que estamos demasiado conectados, que todo está conectado, pero íntimamente conectado. Por lo tanto, lo que hacemos realmente importa”, concluye.

Suma tu iniciativa a Reacciona por el Clima, y podrás participar por un viaje a la COP26 que se desarrollará el próximo año en la ciudad de Glasgow, en Escocia. Ingresa a sumatuaccion.porelclima.cl para ser parte de esta campaña y de la red de acción climática más grande de Chile.

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