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El 2 de agosto de 1883 se promulgó en Chile la Ley de Cementerios Laicos, una de las reformas más controvertidas del siglo XIX. La norma permitió que los cementerios administrados por el Estado o las municipalidades recibieran a personas de cualquier credo, marcando un profundo cambio en la relación entre la Iglesia y el Estado.
Una reforma que dividió al país
El proyecto había generado un intenso debate desde la década de 1870. Sus defensores buscaban garantizar que todas las personas pudieran ser sepultadas en los cementerios públicos, mientras que sus detractores sostenían que los camposantos perderían su carácter religioso al recibir a quienes no profesaban la fe católica.
La ley estableció que en los cementerios administrados por el Estado o las municipalidades no podría impedirse la sepultura de ninguna persona que contara con un lugar de entierro o que fuera considerada pobre de solemnidad. La medida fue vista como el inicio de una serie de reformas que también afectarían al matrimonio civil y al registro de nacimientos y defunciones.
La respuesta de la Iglesia fue inmediata. El arzobispo de Santiago prohibió los servicios religiosos en los cementerios laicos y declaró profanas sus capillas. El conflicto dio paso a una dura disputa entre las autoridades civiles y eclesiásticas, que incluso llevó a familias a trasladar los restos de sus seres queridos para mantenerlos en recintos exclusivamente católicos.
En este video, Nibaldo Mosciatti narra cómo la promulgación de la Ley de Cementerios Laicos, el 2 de agosto de 1883, desencadenó uno de los mayores enfrentamientos entre la Iglesia y el Estado en la historia de Chile.