Cedida | Pato Mena

Pato Mena, el ilustrador chileno que retrata la niñez desde Barcelona

11 octubre 2025 | 13:00

La carrera de ilustrador de Patricio Mena (45) empezó por una serie de pequeñas coincidencias. Desde niño que le gustaba dibujar y hacer fanzines caseros basados en las películas que veía.

Así pues, Patricio, después de terminar la enseñanza media, tuvo que tomar la decisión que todo joven debe enfrentar: decidir qué estudiar.

“Yo soy de la generación del 80, entonces había una dirección práctica de lo que tenías que dedicarte”, comenta Mena en conversación con BioBioChile.

Sin olvidar los dibujos que hacía, Patricio igualmente decidió emprender una carrera convencional, estudiando publicidad. “Tenía inquietudes artísticas, pero al final asumí que debía optar a un trabajo convencional”, agrega.

“Justo estudié cuando la digitalización en lo gráfico no estaba muy presente en la universidad, entonces yo me metí a publicidad para meterme en la parte gráfica, que son los que hacen los avisos, manejar programas, los que hacen photoshop, etcétera”.

Pero en esa época, Patricio no tuvo la preparación para manejar la edición de imágenes, por lo que su entrada a la publicidad fue una mezcla de ingenio, por lo que decidió dedicarse a la elaboración de textos.

De esta manera, empezó a ganarse un lugar en el rubro, manteniendo así la estabilidad financiera, pero siempre mirando a lo que hacía desde niño: dibujar. “Tuve que empezar a leer pensando que los publicistas eran unos literatos natos”, cuenta. “Entonces me metí de cabeza a leer y a conocer autores, preguntándole a mis amigos que estudiaban literatura y sin querer me empecé a nutrir un montón”, revela Mena.

Según cuenta Mena, tenía un “bichito” que le incomodaba cada cierto tiempo, pues había inquietudes que no lo soltaban. Esta sensación —dice— le ocurrió a los 30 años. “Yo siento que las personas deberían tener un derecho humano a esa edad, de tener la oportunidad de replantearse la vida, porque uno intenta seguir el camino que eligió a los 18 años. Y después te vas a dar cuenta de que sigues creciendo y cambian tus inquietudes”.

Patricio estuvo diez años en la publicidad, hasta que decidió tomar las maletas y partir a Barcelona a finales del 2012, a estudiar un curso de ilustración de 6 meses. Posteriormente, volvió a Chile a tramitar la visa para concretar su residencia en la ciudad catalana. “Fue un proceso superbonito donde busque reconectar con esa parte postergada durante tantos años, pero en el fondo yo sabía que el dibujo lo tenía abandonado y que era cuestión de dedicarme un ratito a recuperarlo. Y que podía terminar haciendo mis propios libros”, complementa.

Con el tiempo, Patricio Mena empezó una carrera como ilustrador. Así nació Don Mosco, escrito por él e ilustrado por Sergio Lantadilla, siendo la primera obra infantil publicada por “Pato” como se hace llamar en el circuito literario. “No hay muchos mapas, además cada carrera suele ser muy particular, depende de la persona y el background que tengas, como la ayuda familiar que puedes recibir”. “Yo en mi caso tenía los ahorros de estos 10 años trabajando en publicidad. Y fue un poco como una autobeca con mis ahorros. Traté de instalarme y de hacer la carrera mientras eso me durara”, agrega Mena, sobre el comienzo de su carrera literaria.

Una que, por lo demás, ha sido reconocido a nivel internacional, ya que obtuvo el Premio Torre del Agua en Festilij, Madrid, a mejor Álbum Ilustrado por el libro ¡Contemos 5 ranas!, galardonado por las bibliotecas públicas de EE.UU. por La Siesta Perfecta, además de recibir el premio Best Picture Book en los International Latino Awards. Mientras tanto, en Chile, obtuvo en 2020 y 2022 el Premio Nacional de Literatura Infantil, Marta Brunet, en la categoría primera infancia.

Arte e inspiración

Sobre escribir para niñas y niños, Patricio relata que no hay una sola manera de crear para el público infantil. En ese sentido, afirma que es una tarea “bastante curiosa porque es algo que no te lo enseñan, nadie sabe que se va a dedicar a esto”. “Es un mundo que en el que tienes que desaprender mucho para no caer en los clásicos clichés de la creación infantil como facilones o yendo como a cosas más obvias”, explica.

“Hay que tener una verdadera apertura y mucha paciencia para terminar conectando con el lenguaje de la literatura infantil. Varios de mis libros han salido de paseos y de frases que escucho en la calle”, comenta a BBCL.

“Algunos libros, han tenido como unos tres años de maduración y hay otros que han salido en una semana. Creo que la literatura infantil versus otro formato artístico permite jugar un montón”, reflexiona Mena.

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Por otra parte, tener una vida dedicada al arte es por esencia una búsqueda del equilibrio para poder vivir. “Naturalmente, vas tratando de pillar trabajos paralelos y está siempre esa pelea entre lo que destinas para vivir y poder sostenerte, pagar el arriendo, etcétera, versus lo que te da el arte dentro de lo que te permite vivir”. “Hay muchas opciones porque siempre puedes recibir encargos, por ejemplo, que es lo más común para poder sobrevivir”, indica a BioBioChile.

Por ejemplo, Mena expresa que en Chile tenemos un nivel de becas que en España no existen. De acuerdo con el ilustrador, el mercado editorial en España se mueve por sí solo, siendo más desarrollado que otros mercados, describe. “Se da por hecho de que el que entra está bien y el que no es porque no funciona”, asegura.

La vida de barrio de Barcelona

Con casi 15 años viviendo en Barcelona, Patricio rescata que la ciudad le genera buenas sensaciones y un sentimiento de “estar en casa”. Así las cosas, Mena recuerda que eligió Barcelona como destino para reencontrarse con un amigo que justamente vino a la ciudad a trabajar como actor.

Además, al ser una ciudad portuaria, ubicada a las orillas del mar Mediterráneo, Barcelona es un faro de multiculturalidad. “Desde el 92, que Barcelona se abrió todavía más al mundo y ahí, bueno, llegó mucha gente de Latinoamérica”, indica Patricio Mena a la presente redacción.

Por este motivo, Mena cree que los catalanes son especiales en sus relaciones laborales y personales. “Hay un trato horizontal, menos empaquetado, que permite que se hagan mejor las pegas, a que haya un estilo de vida más relajado”, piensa. “Creo que en Barcelona hay una clase media mucho más expandida y las diferencias sociales son menos marcadas. Hay una sencillez muy positiva que permite que haya relaciones en todo sentido, incluso profesionales, mucho más cercana, mucho más auténtica y menos impostada”.

Pese a la especulación inmobiliaria que existe en suelo catalán, Patricio Mena cree que la vida en comunidad se mantiene intacta en Barcelona. “Los vecinos sacan las mesas a la calle, el fin de semana, para juntarse a almorzar. También lo hacen para financiar sus organizaciones. Hay una vida en comunidad absolutamente sana”, describe. “A nosotros los chilenos nos arrebataron la confianza en el vecino”, puntualiza Mena. “Aquí todos los barrios tienen organizaciones vecinales, que se encargan de las celebraciones”. “Barcelona me recuerda a Buin, donde la señora te saluda cariñosamente cuando compras las verduras, incluso a veces si te falta plata, puedes pagarlo después”, expresa.

“Mi lugar favorito es un lugar de mi barrio por el que paso todos los días paseando a mi perrita Maduixa: se llama plaza Rovira y aunque está en el barrio de Gracia está alejado de su centro y, por lo tanto, no es tan turístico y se puede sentir la vida de barrio y de vez en cuando encontrarte casualmente con algún amigo o amiga. Me gusta especialmente por las mañanas, por sus árboles, la luz que entra, su entorno, que invitan a tomarse un cafecito en alguna de sus terrazas o a leer o dibujar en algún banco. En la pandemia me di cuenta de que esta plaza era algo así como mi lugar seguro. Cuando las cosas empezaron a volver a la normalidad, pasar por ahí y ver que todo estaba como siempre era como si la vida te dijera: todo está bien”, comenta.

“En el bar La Rovira hay un sándwich para desayunar de ‘mi autoría’ que no está en la carta, pero lo puedes pedir como Especial Pato y consiste en una fusión catalana-chilena: Bull blanc con palta”, asegura Patricio, que pese a cambiar de profesión, expresa su alegría por encontrar su lugar en el mundo.