WIkimedia Commons

80 años de la muerte de Hitler ¿Cuál fue la única mujer que el dictador alemán amó de verdad en vida?

30 abril 2025 | 20:30

Fue un 30 de abril de 1945 cuando Adolf Hitler terminó con su vida, en el búnker bajo la Cancillería Alemana en Berlín. La capital alemana era destruida y asediada por el Ejército Rojo, mientras que él no tenía mucho más que hacer.

La muerte de Hitler siempre ha estado rodeada por un halo de misterio, entre quienes dicen que se suicidó de un disparo en la sien, y otros que aseguran que lo hizo con una pastilla de cianuro. Por otro lado, las teorías conspirativas aseguran que, en realidad, falseó todo esto para huir a Sudamérica, en algo completamente inverosímil.

Los historiadores nunca han dejado de indagar en torno a la personalidad del dictador, descrito por muchos como introvertido, incapaz de controlar su temperamento, con arranques de histeria y desdén por la vida humana.

Otro aspecto al que se hace referencia constante fue la popularidad del político entre las masas y haber poseído el don de la palabra, cuestiones que a la larga lo llevaron a acceder al mayor cargo político de Alemania, en 1933.

Aquello llevó a Hitler a ser bastante famoso entre las mujeres de la época, pese a no cumplir con ese ideal físico alemán que él mismo clamaba (hombres rubios, altos y fuertes).

Para los historiadores, el aludido tuvo varias amantes en vida, aunque en sus campañas aseguraba que “estaba casado con Alemania”. Sólo contrajo matrimonio un día antes de morir, con su compañera de varios años, llamada Eva Braun.

No obstante, muchos que han investigado la historia del líder nazi sostienen que sólo quiso a una mujer en vida: su madre, Klara Pozl.

Klara Polz, madre de Hitler

La relación de Hitler y su madre

Washington Post, que reunió varios testimonios de Paula, la hermana del dictador, sostiene que desde pequeño él contó con la protección de su progenitora, añadiendo que nunca se recuperó de su muerte a causa de un cáncer de mamá, en 1907.

Adolf fue una persona bastante castigada por su padre, Alois Hitler, en su niñez, pero su mamá siempre fue una especie de zona segura luego de aquellos momentos.

“Mi madre. era una persona muy dulce y tierna, el contrapeso de un padre casi demasiado severo”, indicó Paula en sus memorias.

Alois murió en 1903 y Klara Pozl asumió la crianza de sus dos hijos en solitario. Soportó el terrible temperamento del niño Adolf, sin mayores reparos, e incluso aceptó que él dejara su educación cuando tenía 16 años, supuestamente por una enfermedad.

Asimismo, no recriminó al muchacho cuando este no logró ingresar a la Academia de Artes de Viena, que era su sueño.

Según escribió su hermana, Hitler fue quien más se preocupó por su madre cuando ella fue diagnosticada con cáncer. Klara aguantó una difícil operación de remoción de un seno, y siguió con cuidados en casa.

“Mi hermano Adolf mimó a mi madre durante esta etapa de su vida con una ternura desbordante. Fue incansable en su cuidado, quiso complacer cualquier deseo que pudiera tener y se esforzó al máximo para demostrarle su gran amor”, recordó Paula.

Sin embargo, el deceso de la mujer llegó en diciembre de 1907. Su hijo la lloró por semanas y, posteriormente, partió a Munich (Alemania). Nunca más regresó a su natal Austria.

El resto, ya es historia: Klara Polz no supo en qué se convirtió su hijo años más tarde.

Según el historiador Ian Kershaw, al momento de morir Hitler se apegó a dos objetos que, para él, fueron invaluables: la Cruz de Hierro (emblema del ejército alemán) y una pequeña foto de su mamá.

“Su retrato estuvo en sus habitaciones de Múnich, Berlín y otros lugares. De hecho, es posible que su madre fuera la única persona a la que amó de verdad en toda su vida”, concluyó.