13 años de búsqueda terminaron en 2018 para la familia Mardoff Peirano cuando recibieron una llamada en que un anónimo les informaba que el cadáver de Sergio, el hijo menor, estaba en el Servicio Médico Legal de Concepción desde 2015. La Fiscalía, tras ser blanco de críticas por no haber hecho las diligencias correspondientes, reabrió la investigación, en la que llegó a la misma conclusión que ya tenían: que Sergio Mardoff Peirano se suicidó.
Con esa base el pasado 6 de septiembre comunicaron su decisión de no perseverar en la investigación, pese a que la familia mantiene sus dudas. La historia del caso Mardoff, desde la desaparición hasta el cierre de la indagatoria, en la siguiente crónica de BioBioChile.
Abel Insulza y César Inostroza condujeron ese 6 de abril de 2015 a los carabineros entre la vegetación. Sólo horas antes habían pasado por el mismo lugar, donde realizaron el hallazgo. Junto a los dos policías de Santa Juana, los brigadistas forestales llegaron hasta un pequeño desnivel, donde unos cinco metros más allá, sobre el suelo de pasto y tierra en un área de 60 por 60 centímetros, había un cúmulo de huesos.
De entre los restos se podía distinguir un blue jean Ranger, unos boxers, un chaleco y un cinturón. Al buscar pudieron encontrar además unos zapatos de gamuza y una mandíbula, y observaron una soga de cáñamo amarrada, incrustada en la rama de un árbol.
Tras el aviso a Fiscalía, se instruyó que el Laboratorio de Criminalística de Carabineros (Labocar) periciara el lugar, y los restos junto a la ropa fueron trasladados al Servicio Médico Legal de Concepción.
Tres años después, interrogado por ese día, Patricio Larregla Saavedra, administrador del Fundo Pelún y quien habitaba una casa a 135 metros del lugar del hallazgo en el kilómetro 37,8 de la Ruta de la Madera, aseguró que un nombre había aparecido en su mente.
“Cuando los brigadistas encontraron los huesitos yo pensé, hice la asociación, que tal vez podrían corresponder a los del muchacho Mardoff”, aseveró el administrador.
Pero el vínculo con la desaparición en 2005 del estudiante de 24 años Sergio Mardoff Peirano no fue hecho ni por la Fiscalía ni por los policías que estuvieron en la escena. A pesar de que inmediatamente se supo que las osamentas tenían una larga data de muerte, no se hizo una revisión de los casos de desaparecidos en la zona.
Guardados quedaron los restos en el SML de Concepción, solamente conociéndose que pertenecían a un NN de entre 20 y 30 años.
El cadáver estaba listo para ser inhumado a mediados 2018 pues, según la versión del Ministerio Público, en mayo se habían contrastado muestras de los restos con la información del Codis, el registro nacional de ADN, pero el resultado fue negativo.
Eso hasta que hace un año, el 28 de septiembre, Sergio Mardoff Silva recibió una llamada anónima.
13 años de búsqueda
Una semana después, el 5 de octubre, Mardoff Silva llegó a los estudios de Radio Bío Bío en Concepción acompañado de sus hijas.
–Entiendo que ustedes concurrieron al Servicio Médico Legal y reconocieron un cuerpo aparecido ahí hace tres años, que correspondería a su hijo –comenzó la entrevista.
–No correspondería, es Sergio –respondió Mardoff Silva–. Nosotros lo supimos hace exactamente siete días. Hicimos muchas diligencias con las facilidades del Instituto Médico Legal, que se han portado excelente, y sin avisar al Ministerio Público porque no tiene nada que hacer.
Sergio Armando Mardoff Peirano daba de comer a una perrita afuera de la casa en que vivía, en el kilómetro cero de la Ruta de la Madera, la última vez que fue visto con vida. El joven estudiaba en ese entonces Pedagogía en Artes Plásticas en la Universidad del Bío Bío y residía en ese lugar, en el sector El Recodo de San Pedro de la Paz, gracias a un acuerdo con la profesora Susana Herrera, que lo obligaba solamente a cuidar y dar de comer a la perrita. Fue la empleada de una vivienda vecina quien lo observó ese 30 de marzo de 2005.
Tras haber sido alertado por la expolola de su hijo, Marcela Sepúlveda, porque no se había podido comunicar por celular con el joven, Sergio Mardoff Silva fue acompañado de Susana Herrera hasta la casa de El Recodo el viernes 1 de abril.
Rompieron un vidrio para entrar a la vivienda. Dentro estaba todo ordenado. El celular de Sergio Mardoff Peirano se estaba cargando.
Entre ese día y la llamada que lo cambió todo, 13 años de búsqueda.
Su padre, su madre y sus hermanas recorrieron incansablemente el camino a Santa Juana, con ayuda de amigos y compañeros, e investigaron cuanta pista se presentó, llegando a revisar en otras regiones ante la posibilidad de que finalmente apareciera.
–Uno cuando tiene un ser querido no deja nunca, pero nunca de buscarlo, y nunca de sufrir, porque te marca muchas fechas. Los aniversarios, la fiesta de Navidad, Año Nuevo, muchas cosas –contó Sergio Mardoff Silva un par de meses después de la identificación de los restos.
En esa búsqueda, según reconoció el mismo padre, no se les pasó por la cabeza que quien rastreaban hasta en los lugares más remotos estaba en el SML de Concepción, donde siempre les habían asegurado que les avisarían en caso de que llegara a aparecer.
Negligencia
Sergio Mardoff Silva y Edda Peirano salieron el pasado 6 de septiembre del Juzgado de Garantía de San Pedro de la Paz después de tres horas de audiencia, con un fallo en contra de la solicitud de la Fiscalía, que había pedido el sobreseimiento definitivo en la causa.
–Hay una parte de negligencia, una falta de humanismo, una falta hasta de profesionalismo –comentó Mardoff Silva–. Porque aquí lo que tiene que haber es gente idónea, no son las instituciones, es la gente. Aquí, una vez más queda claro que las instituciones no están funcionando. Es doloroso para nosotros, como familia ha sido una tortura todo este tiempo.
Con el descubrimiento del cuerpo en el SML penquista y la denuncia en los medios de comunicación se desencadenaron una serie de críticas a Fiscalía.
Fue la persecutora Sandra Véjar, actual fiscal jefe de Tomé, la encargada de llevar la investigación por la presunta desgracia presentada en 2005. Véjar dirigió distintas búsquedas en el sector El Recodo, en las orillas del río Bío Bío y el Camino de la Madera, sin resultados.
Para obtener alguna hipótesis de qué le pudo haber pasado al joven, la fiscal pidió diversos informes. En por lo menos dos, elaborados por la PDI, se respaldaba la teoría del suicidio, argumentando que Mardoff había estado asistiendo al psicólogo y al psiquiatra por presentar depresión, y citando a amigos que habían percibido que su ánimo había cambiado.
Véjar siguió con esa línea de investigación hasta que decidieron comunicar la decisión de no perseverar en 2011, con lo que la causa fue archivada sin haber encontrado el cuerpo.
En resumen, cuando Sergio Mardoff apareció, la Fiscalía ya no lo buscaba. Y hace un buen rato.
Pero lo más grave para la familia y la opinión pública fue que no se hubieran identificado los restos cuando aparecieron, el 6 de abril de 2015.
El Ministerio Público explicó que se había hecho el contraste de las muestras de los restos con la información del Codis, pero que los datos de Mardoff Peirano no estaban en el registro porque este se creó en noviembre de 2008, tres años después de la desaparición del joven.
Sin embargo, las excusas de Fiscalía no cayeron bien en la familia, y tampoco ayudó que la persecutora regional, Marcela Cartagena, ordenara periciar el lugar del hallazgo del cadáver a la Brigada de Homicidios de la PDI de Concepción.
–Cuando hablamos con la fiscal regional le pedimos que no interviniera ninguna institución de acá, cierto, hasta que vinieran de Santiago –recordó Mardoff Silva–. Pero ella mandó el día 7 (de octubre) al lugar del suceso, cuando no se sabía si eran los restos de Sergio. Y qué casualidad, el día 7 no lo encontraron, el día 8 encontraron su bolso, con todas sus identificaciones, con todas sus cosas, aparte también de osamentas.
Después de 13 años, se halló el cráneo de Sergio Mardoff Peirano.
La teoría del suicidio
Después de menos un año de una nueva investigación, el fiscal Eric Aguayo llegó a la misma conclusión de Sandra Véjar: Sergio Mardoff Peirano se suicidó, y lo hizo de tal manera que nadie lo encontrara.
Aguayo dirigió una serie de diligencias, entre ellas una reconstitución de escena en el kilómetro 37,8 de la Ruta de la Madera. Peritajes antropológicos, arqueológicos, toxicológicos, médico forenses, químicos, de suelos, de polen, documentales, huellográficos, medioambientales y balísticos se sumaron a los informes ya adjuntados en los tiempos de Véjar.
De acuerdo a la hipótesis del Ministerio Público, Mardoff llegó a ese lugar para colgarse de la rama del Peumo, a poco más de dos metros de altura, el mismo día 30 o muy cerca de esa fecha.
A pesar de haber permanecido su cadáver suspendido y descomponiéndose, la vasta vegetación a su alrededor y el fuerte olor del Peumo habrían impedido que fuera encontrado por 10 años, periodo en el que no hubo faenas forestales en el lugar.
Los restos permanecieron ahí año tras año, con el administrador del fundo Pelún viviendo a 135 metros, paseando constantemente en los alrededores, con la fauna recorriendo ese lugar y la vegetación creciendo. Mientras, su familia lo buscaba sin cesar.
Lo que más aportó a la tesis de la Fiscalía fue un peritaje entomológico. De acuerdo a ese análisis, el cuerpo estuvo suspendido, debido a la manera en la que los insectos accedieron a él, por la zona inferior, durante el proceso de descomposición.
Se perició además la cuerda, que en 2015 el Labocar consideró irrelevante porque se veía demasiado nueva como para tener relación con el hallazgo del cadáver ya en estado de osamentas.
Un análisis dendrocronológico de un equipo de la Universidad Austral, sin embargo, no fue concluyente respecto a cuánto tiempo había estado amarrada. Según su informe, la cuerda pudo haber quedado suelta y con el tiempo, con el lento crecimiento del Peumo, pudo haber dejado nada más que la cicatriz superficial que se pudo constatar.
El peritaje de la arqueóloga Constanza Gnecco respaldó también que donde se encontraron los restos correspondía al sitio original donde ocurrió el proceso de descomposición y esqueletización del cuerpo.
Por último, un informe de la destacada médico legista Vivian Bustos Baquerizo concluyó que con la más alta probabilidad, la muerte fue “consecuencia de la maniobra que permite que su cadáver sufra una descomposición particular con el cuerpo en suspensión”.
“Por lo tanto, con la mayor probabilidad la causa de muerte es producto de una situación de compresión cervical y suspensión del cuerpo. Salvo información en contrario, la muerte de Sergio Mardoff Peirano es un ahorcamiento autoinferido con intención suicida”, determinó Bustos.
Pero no fue suficiente para el sobreseimiento definitivo.
Las dudas
Tres años pasaron para que alguien interrogara a Abel Insulza y César Inostroza acerca de cómo habían encontrado el cuerpo. Durante todo ese tiempo nadie se había interesado en conversar con ellos sobre su hallazgo, pero de súbito se transformaron en testigos claves de uno de los casos más bullados del país.
“Ese día pedimos permiso para salir a pescar y, cuando íbamos llegando a la orilla del río, vimos unos huesos. Pensamos que eran de animales, pero al ver que tenía ropa llamamos a Carabineros”, contó Inostroza a La Tercera durante la reconsitución de escena, el 18 de octubre del año pasado.
En esa misma pericia participó Sergio Mardoff Silva, quien pudo observar la zona donde se habían encontrado los restos. Según él, ya había estado en ese lugar.
–Recorrimos todo eso buscando –afirmó Mardoff Silva–. Sobre todo la parte esa donde encontraron a Sergio, porque ahí hay una avenida de castaños. Y en ese tiempo, yo me acuerdo, marzo, abril, mayo, había castañas y todo el asunto, y gente va a recoger castañas y cosas.
Sólo diez días antes de la reconstitución se había encontrado el bolso, un descubrimiento sorprendente, porque fue hallado al pie del árbol en que estaba la soga, por donde, se suponía, habían pasado los peritos de Labocar tres años antes.
En el bolso estaban la licencia de conducir de Sergio Mardoff Peirano, su carnet de identidad y un pase escolar de Marcela Sepúlveda. Cualquiera de esos documentos habría permitido identificar el cadáver en 2015.
Pero en el bolso había algo que faltaba según su padre: la croquera.
–Para mí es una cosa importante –manifestó Mardoff Silva–. Para mí, yo sé que él habría plasmado algo quizás antes. Qué sé yo, si peleó con la muchacha, por último lo escribía. Cualquier cosa. Extraño, muy extraño. Estaba todo lo otro, pero la croquera no.
A pesar de considerar que la Fiscalía había hecho las diligencias necesarias, el Juzgado de Garantía de San Pedro de la Paz finalmente concluyó que el tiempo transcurrido dificultaba determinar cómo los hechos acontecieron, por lo que, al no adquirir convicción plena de que la tesis del suicidio era la correcta, rechazó la solicitud de sobreseimiento el pasado 6 de septiembre.
De esa forma la Fiscalía decidió simplemente no perseverar en la investigación, aunque de surgir una nueva diligencia que pudiera aclarar la muerte de Mardoff Peirano se podría reabrir.
Para la familia todavía quedan dudas, las que plantearon en la misma audiencia. Entre ellas, argumentan que conociendo a Sergio Mardoff Peirano no se hubiese suicidado, lo que también respaldan en testimonios amigos, que dicen que, a pesar de que se notaba con un ánimo decaído en el tiempo de su desaparición, no pensaban que hubiese sido capaz de quitarse la vida.
En cuanto a la escena, Mardoff no se desabrochaba los zapatos para sacárselos, pero en 2015 fueron encontrados de esa manera a metros del árbol. Además, viéndolo desde el punto de vista de una persona que se va a suicidar, ¿por qué dejaría su celular cargando?
El Ministerio Público tampoco logró determinar a quién pertenecían unas manchas de sangre en el cobertor de Mardoff Peirano en la casa de El Recodo. De acuerdo a un informe en la carpeta investigativa, por su tamaño no estarían relacionadas con la muerte, pero la familia ha insistido en que se debieron periciar con mayor detalle.
Y, más allá de eso, los peritajes dirigidos por la Fiscalía no fueron concluyentes y no se pudo establecer a ciencia cierta una causa de muerte por el estado de las osamentas.
Antes de que se realizaran las últimas diligencias, Sergio Mardoff Silva criticaba la falta de una tesis alternativa del Ministerio Público.
–Yo he leído muchos casos de desapariciones, y la teoría de la Fiscalía siempre de partida es que está con psicólogo, está con depresión, lo más fácil. Para nosotros, ¿por qué no reconocerlo, por qué no aceptarlo? Pero, ¿por qué voy a aceptar una cosa que sabemos que no es así? Nosotros siempre hemos sido una familia bien constituida, achoclonada, preocupados de nuestros hijos. Conocemos a nuestros hijos, conocíamos a nuestro hijo.