En los cuartos de final de Chile 1962, un perro invadió el Sausalito, orinó a Jimmy Greaves de Inglaterra y fue adoptado por Brasil (a la postre campeón) como su amuleto.

Brasil arribó al Mundial de Chile 1962 como gran favorito. Los campeones cuatro años antes en Suecia llegaban liderados por Pelé y, tras la lesión de ‘O Rei’, fue Garrincha el que lideró a la Verdeamarela.

Pero para ganar un certamen de tal envergadura, dicen, también hay que tener una cuota de suerte. Y el amuleto de los campeones fue un intruso perro que interrumpió el partido ante Inglaterra.

Por los cuartos de final, Brasil y los británicos se enfrentaron en el Sausalito de Viña del Mar, en un duelo que se mantuvo muy parejo hasta el arranque del segundo tiempo.

Y es que recién iniciado el lapso final, cuando el marcador estaba 1-1, un juguetón quiltro ingresó a la cancha.

Primero, el árbitro detuvo el encuentro e intentó darle caza al canino, aunque sin suerte. Luego, Garrincha intentó persuadirlo corriendo junto a él hacia un costado del césped, pero el cuadrúpedo no tenía intenciones de ceder en su minuto de fama.

Ahí fue cuando, de una manera poco convencional, el inglés Jimmy Greaves logró sacarlo.

El perro de la suerte de Chile 1962

El goleador histórico del Tottenham, y cuarto máximo anotador de la historia de la Selección inglesa, consideró que los métodos para intentar ahuyentar a la mascota no eran los indicados.

Por lo anterior, y ante la sorpresa de compañeros, rivales y el público, Greaves apoyó sus brazos y rodillas en el césped y, como si de un perro se tratara, comenzó a caminar en cuatro patas hacia el invasor.

El británico, además, movía su cabeza de un lado a otro, imitando todos los movimientos del quiltro, hasta que finalmente se acercó lo suficiente como para tomarlo entre sus brazos.

Así, Greaves cargó al can hasta un costado de la cancha para poder retomar el encuentro que, hasta el momento, era de fuerzas parejas.

Fue en ese momento cuando el inglés se percató de que el perro le había orinado la camiseta. “Un mal augurio”, pensó el delantero. Y tenía razón.

A los 53′, Vavá puso el 2-1 y, 6 minutos después, Garrincha anotó el 3-1 final a favor de Brasil.

Feliz con el resultado, la figura de la Verdeamarela buscó al can luego del partido y lo adoptó como amuleto de buena suerte.

El canino incluso acompañó a sus nuevos dueños en la final ante Checoslovaquia, donde Brasil logró su primer bicampeonato.

Por lo anterior, el quiltro chileno pasó a llamarse “Bi” y acabó viviendo en Río de Janeiro junto al recordado crack de piernas torcidas.