La nadadora de aguas abiertas, Bárbara Hernández, reconocida como ‘La Sirena del Hielo’, presentó un libro que repasa su trayectoria deportiva e incorpora una mirada desde la psicología.
El texto -publicado por editoral Planeta y titulado con su apodo- incluye los momentos difíciles y los más felices de su carrera, como los proyectos en la Antártica y las pérdidas personales que los acompañaron.
En conversación con BioBioChile, la deportista habló de su relación con la lectura, de los episodios que más la marcaron, de su rutina actual de entrenamiento y de lo que significa ser un referente del deporte chileno.
El libro y la lectura
— Bárbara ¿Cómo nace la idea de escribir un libro?
Fue un tremendo desafío. Era algo que habíamos soñado con mi equipo y con mi familia en algún minuto, y gracias a la invitación de la editorial Planeta por fin pudimos materializarlo. Tuve la libertad de que no fuera solo una autobiografía deportiva, sino también ocupar esta área desde la psicología, que le da un plus.
— ¿En qué crees que se nota ese lado más psicológico?
En que me expuse un montón. Es un libro con mucho corazón y mucha autenticidad, en los momentos más difíciles y también en los más bonitos.
— ¿Eres de leer habitualmente?
Sí, me encanta leer. Tengo muchos recuerdos de niña con mi mamá, yendo a la feria del libro en la Estación Mapocho y ahorrando todo el año para comprar libros. Soy hija única y la lectura me abrió un mundo que gracias a la natación pude conocer ya siendo adulta. Leo todos los días antes de irme a dormir.
—¿Tienes algún autor o libro favorito?
Soy muy de los clásicos. De las novelas latinoamericanas me gusta mucho Ángeles Mastretta. También leo desde Dostoievski hasta libros chilenos, como José Donoso. Entre más grande el libro, más lo disfruto.
—¿Y quedaste contenta con el resultado de tu libro?
Sí, aunque da una sensación rara, porque una parte tuya está puesta en todas las librerías. Me llegan mensajes de gente que lo lleva en sus viajes. Hay una comunidad de nadadores muy grande en Latinoamérica: lo compran en México, y nadadoras de Perú y Argentina me mandan fotos.
Momentos difíciles y lo que viene
— En el libro hablas de la vez que no pudiste completar un nado. ¿Qué fue para ti recordar ese momento?
Fue cuando tuvimos que cancelar Antártica, un día antes de tomar el vuelo. Se nos vino todo el proyecto abajo y fue una sensación muy cruda, porque son proyectos de 10 años, con reuniones con Cancillería y la Armada. Es construir la credibilidad de que algo imposible se puede hacer desde Chile y darlo a conocer a nivel mundial.
— También hablas de otros momentos difíciles…
Sí, y me marcan más las pérdidas, como entender que mis abuelos ya no están conmigo. La gente ve el logro, no esta parte íntima. Mi ‘Tata’ estaba muy enfermo mientras yo me quedaba en el agua. Es raro mostrarlo así.
— ¿Y cuál es tu episodio favorito del libro?
El Antártico, cuando pudimos concretar el nado. Y también el final del libro, porque es un aprendizaje: qué lugar le doy al dolor y al miedo, y que hay miedos con los que aprendemos a vivir. Vengo de una familia de mucho esfuerzo. Para muchas personas el descanso es un privilegio, y hacer las paces con eso fue importante. Hay muchas formas de construir el éxito. Me tocó acompañar el embarazo de una compañera de entrenamiento y me di cuenta de que eso también es éxito. No todo lo que vale la pena significa tener una hipotermia o estar 27 horas seguidas al otro lado del mundo.
Proyectos y qué se siente ser referente
— ¿Qué viene ahora para ti?
Disfrutar este proceso. Tengo unas ganas locas de volver a los glaciares y sigo soñando con volver a Antártica, porque hay cosas muy bonitas que podemos comunicar a nivel internacional. También quiero abrir espacio para otras personas. En este país de 6.500 kilómetros ojalá seamos cada vez más, especialmente mujeres, vinculadas a los deportes acuáticos, desde el cuidado y también desde las medallas. Hoy hago charlas motivacionales y no me imagino fuera del agua.
— ¿Cómo mantienes la pasión viva después de tantos años y tantos objetivos cumplidos?
Cuando algo te ha costado tanto, es parte de la persona que eres. Mi corazón le pertenece al mar. Nada te da esa sensación de libertad de un glaciar de 70 metros de altura y tú al lado, metida en el agua. Me costó mucho tener una piscina donde entrenar y financiar las carreras, así que solo queda disfrutarlo y seguir reinventándose.
— ¿Cómo es tu día a día en la actualidad?
Entreno todos los días en la mañana y tres veces por semana hago gimnasio. Además hay mucho trabajo con auspiciadores y fundaciones, y colaboro con Olimpiadas Especiales y la Teletón. Estamos al debe con un documental de alcance más internacional, y el libro hay que traducirlo al inglés.
— Bárbara, finalmente: ¿Qué se siente convertirse en un ícono de la natación y el deporte chileno después de tanta lucha?
Es una emoción muy rara. La gente me reconoce y me saluda en todas partes, y cada vez cuesta más estar en el aeropuerto. No me lo esperaba. Entiendo la responsabilidad de que quienes empiezan me vean como referente. Pero me ha tocado estar en eventos con Kristel Köbrich, Fernando González e Iván Zamorano, y que sepan quién es la ‘Sirena de Hielo’ es raro. Nunca me voy a acostumbrar a que ellos me traten tan bien.