El noruego Atle Lie McGrath, que había conseguido el mejor tiempo de la primera ronda del eslalon de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, falló por completo en la segunda y fue a refugiarse al bosque situado junto a la pista.

En una escena surrealista, el esquiador se salió de la pista y luego arrojó con rabia sus bastones, antes de quitarse los esquís e ir caminando en dirección hacia un bosque, donde se quedó allí un rato, tumbado sobre la nieve.

Después de varios minutos, una motonieve de la policía italiana fue en ayuda, se puso de nuevo los esquís y bajó hasta la zona de meta, con un semblante muy serio y sin querer hablar con los periodistas.

La desilusión era inmensa para el que, en la primera ronda, había conseguido una buena ventaja de 59 centésimas de segundo respecto al segundo, el futuro campeón, el suizo Loïc Meillard.

La medalla de oro era para dedicársela a su abuelo, que falleció el 6 de febrero, el día de la ceremonia de apertura de estos Juegos Olímpicos.

“Sinceramente, no sé cómo gestionar los Juegos Olímpicos sin ti aquí. Lo único que me hace mantener la cabeza alta es que siempre has querido que yo persiguiera mis sueños”, había escrito el esquiador en redes sociales tras el fallecimiento de su abuelo

McGrath llevaba desde entonces un brazalete negro durante sus carreras. “Atle Lie se merecía también el oro. Ha sido el mejor esta temporada, pero así es el eslalon”, declaró por su parte el nuevo campeón olímpico Loïc Meillard