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Los detalles que rodean el ’salto de la muerte’ que ni Simone Biles se atreve a realizar

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No son pocos los que creen o consideran que la gimnasia artística del siglo XXI tiene nombre y apellido: Simone Biles.

Y no es para menos, si cada una de sus rutinas tiene un condimento único, atractivo y especial, lo que ha hecho que desde los incrédulos hasta los más entendidos en el tema se rindan ante su talento.

Pero ojo que hay algo de su vida que más de alguno desconoce. Es un salto, el que aún cuando se lo tienen más que prohibido sus entrenadores, le pone la piel de gallina cada vez que se lo imagina practicándolo.

Se trata del salto Produnova, popularmente conocido en el mundo de la gimnasia como el ‘salto de la muerte’, el que además del peligro que entraña su ejecución, tiene una interesante historia para contar.

Si lo logras pasas directo a la final, pero si fallas puedes morir en el intento

El salto de la muerte debe su nombre a la deportista rusa Yelena Produnov, quien en 1999 realizó la pirueta que consiste en un un salto en el aire sobre dos manos, seguido por un doble salto mortal, justo antes de caer sobre las dos piernas.

Quien no se arriesga no cruza el río, debe haber pensado por ese entonces la europea que -sin saberlo ni muchos menos imaginarlo-, ejecutó la maniobra que hasta los días de hoy es considerada la más difícil dentro de la disciplina.

¿La razón? más que simple. Su ejecución implica el apoyo de las dos manos sobre el potro, un salto con elevación y dos mortales hacia adelante antes de clavarse como un ‘saco de plomos’ sobre las dos piernas.

Los especialistas señalan que la realización de este salto será efectiva si se logran conjugar tres importantes factores: velocidad en la carrera previa, altura en el despegue y fuerza en el aterrizaje.

Eso sí, hay que aclarar que es este último el más importante de todos, ya que el aterrizaje es tan imponente que incluso doblará el propio peso de quien lo está ejecutando: si la deportista pesa 45 kilos, cuando aterrice sus piernas deberán lograr sostener 90 kilos sin quebrarse o fracturarse en el intento.

“Estoy bendecida por la naturaleza, ya que Dios me ha hecho potente y rápida”, fueron las palabras que señaló la rusa, en 1999, luego de la realización del increíble salto.

Desde ese entonces los especialistas decidieron evaluar la maniobra con grado siete, que en el listón de calificación es el más alto, ya que si una deportista logra ejecutarla y aterrizar decentemente sobre sus pies tendrá casi asegurado un lugar en el podio.

Por el contrario, si uno de los cálculos falla o si un simple gesto llega a alterar el ritmo de los movimientos, la atleta podría lesionarse el cuello o la espalda, y en el peor de los casos morir.

Su complejidad es inminente, eso está más que claro, pero los anales deportivos nos señalan que hay cuatro deportistas mujeres que han desobedecido el consejo de no intentarlo y se han arriesgado para escribir su propia historia.

Una es la alemana campeona del mundo en 2006, Oksana Chusovitina, mientras que las otras son la dominicana Yamilet Peña, la egipcia Fadwa Mahmoud y la india Dipa Karmakar, caso que por cierto es uno de los más preocupantes por estos días.

Lo intentó mil veces antes de Río 2016

Dipa Karmakar, de 23 años, no se conformó con ser la primera mujer de la India en participar de unos Juegos Olímpicos, y en la edición celebrada en Río de Janeiro fue por todo y más.

La deportista se atrevió a realizar el ‘salto de la muerte’ en esa cita de los anillos, el que además de meterla en la historia dorada de la gimnasia artística, le entregó un resultado que fue celebrado tal como si hubiese obtenido la medalla de oro.

Y es que aún cuando la gimnasta se quedó con el cuarto lugar en el salto femenino, con una sumatoria total de 15.066 puntos, su rutina causó tal sorpresa que quienes la presenciaron en vivo y directo se rindieron a sus pies.

Según los entendidos en el tema en esos Juegos Olímpicos, Karkamar logró ejecutar un salto bastante limpio. El problema estuvo en que luego de caer sobre sus dos pies, la asiática perdió el equilibrio y se sentó brevemente en el colchón.

Dicho impasse hizo que los jueces le entregaran el puntaje que la dejó a menos de un punto por detrás de la suiza Giulia Steingruber, ganadora de la medalla de bronce de Río 2016.

“Estoy convencida de que el entrenamiento me permitió perfeccionarlo y lograr esto”, le señaló a la prensa en ese entonces.

Agregando a su mensaje, y confesándole a la misma prensa, que llegó a repetir dicho salto hasta mil veces en los meses anteriores a la esperada competencia.

Por razones más que evidentes sus declaraciones no pasaron desapercibidas en la audiencia deportiva, desde donde surgió cierta preocupación y hasta un tanto de miedo por la obsesión que comienza a quitarle el sueño a Karkamar.

¿Cuál es el futuro del ‘salto de la muerte’?

Según consignó hace algún tiempo atrás la cadena televisiva Telemundo, para el experimentado juez olímpico, Cheryl Hamilton, el salto Produnova o ‘salto de la muerte’ vale muchísimo más que cualquier otro salto por la dificultad que conlleva.

Pero ojo que sus declaraciones no quedaron solo eso, ya que de paso abrieron un debate en torno a la posibilidad de modificar el sistema de puntuación y así disuadir a las atletas de intentar ejecutar este peligroso salto.

Y es que el éxito de la rusa Yelena Produnova ha motivado y sembrado la curiosidad en más de alguna deportista, las que aún cuando se han arriesgado por conseguir el objetivo, no han corrido la misma que la europea.

En 1980, por ejemplo, la joven deportista norcoreana Choe Jong Silen lo intentó en los Juegos Olímpicos de Moscú pero su maniobra finalizó con una caída de espaldas.

Mismo resultado obtenido por la gimnasta rusa Yekaterina Tsvetkova, segunda persona en intentarlo, quien en la Copa Veronis de 2012 también cayó sobre su espalda.

“Es arriesgado, lo sé, pero para ganar algo siempre supe que tenía que asumir algún riesgo”, comentó tras los Juegos Olímpicos de Rio 2016, Dipa Karkamar.

Afortunadamente de momento no hay vidas que lamentar, pero esto no quiere decir que las atletas no estén corriendo un riesgo inminente al momento de realizar la maniobra que se ha vuelto casi un reto personal.

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