Al minuto 100 del, para muchos, poco relativo partido por la Segunda División de España entre la AD Ceuta y el mítico Valladolid, el zaguero Carlos Hernández Alarcón le dio a la única ciudad europea con frontera terrestre con África la mayor de sus alegrías en más de 50 días.
El pasado 30 de julio, cerca de 40 mil migrantes marroquíes ingresaron a Ceuta, sin ningún tipo de control, generando un colapso nunca antes visto en una ciudad pequeña, donde residen 80 mil personas, todas en perfecta armonía entre cristianos y musulmanes. Sin embargo, ese masivo acceso a España generó la que es, en este momento, la mayor crisis migratoria en el Viejo Continente.
El país se ha dividido. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez defiende una gestión en la que “se evitaron muertes masivas” (82 personas perdieron la vida en el mar mientras cruzaban), la oposición lo critica por una gestión blanda. Actualmente, son cerca de 5 mil los extranjeros que se mantienen en la ciudad, muchos de ellos durmiendo en campamentos y carpas improvisadas en diferentes playas.
La sensación de anormalidad es total. Por eso, el club de la ciudad es de las pocas distracciones para personas y familias que han optado por salir menos de sus casas ante el temor de lo que pueda ocurrir. Ese gol del pasado domingo marcado por el veterano capitán de 36 años tuvo un simbolismo mucho mayor que el punto que significó, el primero en seis jornadas.
Ceuta se desahoga al grito de gol
José Juan Romero, el entrenador del equipo que el año pasado sorprendió y estuvo muy cerca de clasificar a los playoffs para el ascenso a Primera, rompió en llanto. No fue solo él, gran parte de la afición caballa explotó en un grito que unió a una ciudad golpeada, y soltó lágrimas acumuladas de impotencia, miedo y frustración acumulada.
Después de ese desahogo, el propio entrenador lanzó una contundente frase que bien refleja lo que este equipo significa para su ciudad, pero también lo mal que lo han pasado los futbolistas y él mismo, que, como todos los ceutíes, son habitantes de una zona colmada.
“Cuando puedes sacar la cabeza un poco de la mierda y ver luz, resulta maravillosa”, indicó mientras incluso los periodistas que cubren a la AD Ceuta también se mostraban emocionados.
Marina Zapico es periodista de Ceuta Actualidad y, entre la cobertura que realiza de la crisis, los fines de semana saca fotos de los partidos del club. Para ella, el emotivo gol gritado como pocas veces en el Estadio Municipal Alfonso Marube será el despertar de un cuadro que está muy golpeado: “Les va a venir bien y lo vamos a comprobar en el partido de este sábado que volvemos a jugar en casa y a ver si mantenemos esta dinámica”, asegura.
¿Cómo afecta una crisis migratoria a un equipo de fútbol?
Probablemente, en medio de todo lo que ocurre en el lugar, el fútbol y la pobre campaña del equipo sean el menos importante de los problemas. Pero puede que no.
La profesional comenta a BioBioChile que la afición del Ceuta es muy fiel y, pese a todo, no dejará de acompañar. Además, descarta que la menor presencia de hinchas en el estadio no responda precisamente a la crisis. “Yo creo que la afición del Ceuta va a estar allí, gane o pierda. Eso es así porque lleva muchos años viendo cómo su equipo ha ido ascendiendo. Muchísimos amigos míos llevan siguiendo al Ceuta años. Si ha habido menos gente en el estadio, es por los horarios que se ponen, que son malos, y pues muchas veces a horas de la comida. Ahora todavía hace calor. La afición, ya te digo que va a apoyar al equipo hasta el final, y si tiene que bajar otra vez, seguirá apoyándolo, porque es una afición muy fuerte”.
En donde sí se vio afectado el club es en la llegada de nuevos fichajes. En el programa El Larguero de Cadena Ser, el presidente del Ceuta, Luhay Hamido, señaló que “quince jugadores que ya teníamos hechos antes de esta situación se han negado a venir”.
En aquella ocasión, indicó que “a la mujer (de los futbolistas) le da miedo, a los niños… Se entiende la información que te llega. Si no lo estás viviendo, pues parece un estado de sitio”.
“Yo creo que (la caída de fichajes) ha sido uno de los factores que está haciendo que ahora la plantilla no esté tan completa como debería. En lo futbolístico, hemos visto que la temporada actual claramente ha sido muy diferente a la anterior”, complementa Zapico.
Otro tema que, ligado al fútbol, volvió a golpear a Ceuta en las últimas semanas fue la suspensión del partido amistoso que ahí iba a jugar la selección Sub 20 de España ante México. Según el Ministerio del Interior, existía un riesgo inminente de posibles desmanes en el recinto o en las cercanías.
Zapico descarta que algo así pueda ocurrir, ni siquiera en un partido del club. “Ceuta está unida, los ceutíes están unidos. Es al revés, ir a ver un partido del Ceuta es un momento de desconexión, de volver un poco a una normalidad entrecomillada, de salir de toda esta situación. Lo único que hacen los partidos ahora es reivindicar que Ceuta no se vende, Ceuta se defiende, pero yo creo que estamos todos a una, y mucho más en el fútbol, que es un momento para disfrutar y compartir con los tuyos”, dice.
Fuera del fútbol, ¿cuál es el nivel de normalidad en la ciudad en estos momentos?
“La normalidad no ha vuelto; han pasado más de 50 días y la gente está muy cansada. Sobre todo gente de la periferia. En los barrios hay muchísima situación de calle con inmigrantes; la inseguridad, los datos están, ha subido. Esto era una ciudad segura, yo nunca he tenido ningún tipo de problema de ir sola por la calle durante la madrugada, y ahora sí se tiene ese miedo y la normalidad en sí no ha vuelto y queda bastante para que vuelva, si las cosas se siguen haciendo tan lentamente como se están haciendo”, cierra la periodista, que se confiesa agotada al extremo, como la gran mayoría de sus vecinos, amigos y colegas de Ceuta.
Ahora, el equipo de fútbol vuelve a tener una prueba de fuego. Este sábado se enfrenta a la Real Sociedad B. Un triunfo parece muy importante, tanto como lo será un nuevo desahogo en caso de conseguir el primer triunfo del año, y de paso, un segundo fin de semana de pequeña felicidad para una ciudad tan golpeada.