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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

En un final dramático, el Bournemouth venció al Liverpool 3-2 con un gol de Adli en el último suspiro, dejando al equipo de Anfield desconcertado tras diez jornadas sin perder. El Liverpool mostró inestabilidad y fragilidad defensiva, concediendo goles por errores individuales, como el de Van Dijk. A pesar de dominar la posesión, el Liverpool careció de ocasiones claras y tuvo que recurrir a un gol de Szoboszlai para empatar.

Superados ya los cuatro minutos del tiempo añadido, en el enésimo saque de banda larguísimo al área, Adli remachó un barullo, dio la victoria en la última jugada del partido al Bournemouth y golpeó al Liverpool, enfadado por el último 3-2 final y derrotado diez jornadas después en la Premier League inglesa.

El saque de centro posterior derivó en el pitido final, entre la apoteosis del estadio Vitality, con la segunda victoria de su equipo en sus últimos 14 encuentros, y la falta de explicaciones del equipo ‘red’, que aún titubea, sin rastro del vigente campeón, sin el éxito de su millonaria inversión.

No es capaz de revertir su inestabilidad. Tampoco de ganar al Bournemouth. Ni siquiera de puntuar. Tampoco en su secuencia de diez jornadas invicto hasta este sábado había reencontrado la solidez de otros tiempos, sin ir más lejos del pasado curso o del inicio del actual.

En duda (ahora en peligro) constante su actual cuarta posición, con el liderato a 14 puntos con un encuentro ya más disputado, la reincidencia de los de Anfield es un lastre evidente en este ejercicio.

También sus lapsus en los partidos. No se puede entender en otro sentido la forma con la que concedió el 1-0 en el minuto 26. Van Dijk se pasó de confianza. Un exceso. Despejó a la nada y dio el margen suficiente para el pase atrás de Scott y el gol de Evanilson.

Una pifia de Van Dijk, otro contratiempo para el Liverpool, que, sin enterarse aún del todo, encajó el segundo gol, al borde del fuera de juego Álex Jiménez, que definió ante Alisson Becker.

El central neerlandés se rehízo después. Cada córner es una búsqueda inevitable del movimiento y el remate de Van Dijk. En todos y cada uno de sus partidos. Su testarazo en el primer palo, por encima de Petrovic, reactivó al Liverpool a punto del descanso, pero todavía un gol por detrás. Muchos deberes por hacer en la reanudación.

El Liverpool se hizo sentir en el otro área, pero el repliegue local fue un laberinto para los jugadores de Arne Slot, tan presentes a 20 metros de la portería rival y tan lejos del gol.

Por entonces, en concreto en la segunda parte, la posesión del Liverpool era ya del 80%. Ya había entrado Ekitiké al campo, aún seguía sobre el terreno Mohamed Salah y el equipo ‘red’ manejaba el encuentro sin lo más crucial: ocasiones.

Pero cualquier instante puede ser diferencial con los jugadores que tiene. Había sido trabado Ngumoha, al que recurrió Arne Slot. La falta la pisó Salah y la colocó Szoboszlai por el palo del portero, con potencia y buena altura para establecer el empate del Liverpool.

Era el minuto 80, dentro de la competencia contra el cronómetro del Liverpool, dirigido en la transición por Curtis Jones, insistente por el atrevimiento de Ngumoha y expuesto a los contragolpes del Bournemotuh.

Todo era incierto entonces, entre la expectativa de la victoria de los dos oponentes, entre la inseguridad del 2-2, con la reaparición de los locales por el otro área de forma repentina, mucho más presente en el desenlace que en todo el desarrollo para, también de pronto, ganar el duelo en el minuto 95.