Formado bajo la influencia de Manuel Pellegrini y Arturo Salah, el DT nacional y exfutbolista de Universidad de Chile decidió darle un giro a su prometedora carrera en el país. Fue asistente de la filial del Málaga, se mantiene como miembro del staff del club andaluz y asegura que “me atrajo estudiar el fútbol dentro de un país con una identidad de juego muy reconocible, que llegó a ser campeón del mundo”.

Cada vez que Hugo Vilches (Santiago, 56 años) asume como entrenador de un equipo, hay un mensaje que deja claro en su primera reunión con el plantel: “Aquí tengo 25 suplentes, nadie tiene nada asegurado”, dice con fuerza ante la mirada atónita de experimentados, juveniles con aires de estrellas y, por supuesto, aquellos que con esfuerzo pelean por obtener un cupo fin de semana tras fin de semana. Su sello es construir confianza en sus dirigidos desde el minuto uno.

Hoy, el entrenador nacional, formado bajo la enorme influencia de Manuel Pellegrini (su entrenador en las juveniles de Universidad de Chile y quien lo subió al primer equipo) y de Arturo Salah, a quien considera no solo como mentor, sino como un gran amigo, decidió que en junio de 2022 se iría de Chile con destino a Málaga, España. En la ciudad de la Costa del Sol ha sido entrenador asistente del equipo filial y se mantiene como parte de la estructura técnica del elenco donde el Ingeniero es idolatrado.

Su último año dirigiendo en el fútbol chileno fue el 2019, cuando se sentó, primero en la banca de Deportes Temuco, y luego, en la de Curicó Unido, desde donde se fue tras dirigir solo un partido y el comienzo del estallido social que obligó a suspender el fútbol en todo el país.

A fines de esa temporada, junto a su familia, había tomado la decisión de dejar el país. Sin embargo, la pandemia lo frustró todo y postergó el viaje. La idea jamás perdió fuerza, asegura en conversación con BioBio Chile. “Era una decisión de vida y, para mí, también una oportunidad de seguir creciendo como entrenador. Había incertidumbre, claro, porque significaba comenzar una etapa nueva. Pero siempre lo miramos con ilusión. Tratamos de no quedarnos detenidos por esos miedos naturales que aparecen frente a un cambio grande. Atreverse a vivir esa incertidumbre también hace crecer”, sostiene.

Un inédito ascenso a Primera y un nuevo comienzo después de los 50 años

La carrera como DT de Hugo Vilches se comenzó a fraguar a comienzos de este siglo. Se formó en Inglaterra, viviendo en España por primera vez hasta 2004, cuando volvió a Chile y homologó sus estudios en el INAF. Desde ahí iniciaría sus andanzas por el fútbol joven de Universidad de Chile, pasando por ser ayudante técnico de Salah en Santiago Wanderers y asumiendo el 2013 la dirección técnica de AC Barnechea, club con el que lograría un inédito ascenso a Primera División. Sin duda, el logro más importante del elenco del sector oriente de la capital.

Luego vendría un buen paso por Huachipato, donde peleó hasta el final el título que finalmente ganaría Cobresal el 2015. A los Acereros los clasificó a Copa Sudamericana, lo mismo que a Audax Italiano.

Pero internamente, Vilches sabía que había algo más. Su constante búsqueda interna por crecer profesionalmente, lo llevó a iniciar el viaje a Europa. No sería fácil, porque en el Viejo Continente, tendría que convalidar el título de entrenador. “Lo que aprendes e incorporas en los cursos de UEFA es completamente diferente a Conmebol”, indica.

Antes de seguir con lo futbolístico. ¿Por qué eligió Málaga como destino?

“Elegimos España porque ya habíamos vivido acá entre 2000 y 2004. Fue una experiencia importante para la familia y yo también trabajé como entrenador, así que conocíamos un poco el país y las posibilidades que podía ofrecer.

Málaga tenía además una historia familiar para nosotros: mi suegro era malagueño y parte de su familia todavía vive aquí. Ya habíamos visitado la ciudad y nos había gustado. Conocíamos la cercanía y la amabilidad de la gente, y eso también nos inclinó por Andalucía y por Málaga. Influyeron el clima, estar cerca del mar y la posibilidad de que cada uno (su esposa y cinco hijos) construyera su camino y se desarrollara en diferentes ámbitos, no solamente yo en lo profesional”.

En Chile tuvo buenas campañas, un nombre importante, y seguramente, buenas opciones de seguir dirigiendo. ¿Por qué comenzar desde cero al otro lado del charco?

“Yo valoro mucho lo que viví en Chile. Me formé como jugador en Universidad de Chile, jugué profesionalmente y después trabajé con futbolistas jóvenes y estuve a cargo del área formativa del club. También fui segundo entrenador junto a Arturo Salah y dirigí en el fútbol profesional; con Barnechea logramos el ascenso a Primera División. Todo eso es parte de mi historia, pero no vivo del pasado. Me importa lo que puedo hacer y aprender hoy”.

En una de las mejores canteras de España, el campeón del mundo

Pero sabía que la historia iba a ser compleja. ¿Tuvo que tocar muchas puertas en España?

“Cuando llegué a Málaga, extrañaba estar en la cancha. Participar en los entrenamientos y trabajar directamente con el futbolista, que son de las cosas que más me gustan de esta profesión. Me gusta ayudar a los jugadores a crecer, a desarrollarse y a tener ambición por conseguir objetivos. No hablo solamente de lo económico, sino también de metas deportivas que puedan llevarlos a vivir algo importante y a quedar en el recuerdo de su club.

Por eso fui a pedir una práctica al Atlético Malagueño (filial del Málaga CF que fuera dirigido con muchísimo éxito por Manuel Pellegrini). Quería conocer desde dentro el trabajo del principal club de la provincia y aprender en un proyecto de cantera que me interesaba mucho”.

Y ahí comenzó una historia que hasta hoy lo tiene como miembro del cuerpo técnico del Málaga.

“Ahí conocí a Juan Francisco Funes (actual DT del cuadro Boaquerón, que milita en Primera División desde la presente temporada). Construimos una muy buena relación profesional y después tuve la oportunidad de continuar como segundo entrenador del Atlético Malagueño. He podido conocer de cerca a futbolistas que se mueven entre el filial y el primer equipo, y ver lo que requiere ese paso en lo futbolístico, lo físico y lo emocional”.

Usted está trabajando en la cantera de uno de los clubes que mejor está trabajando el desarrollo de las canteras en España, nada menos que la cuna de los actuales campeones del mundo.

“Sí. Hay un dato que refleja la importancia de la cantera en este proceso: el Málaga logró el ascenso a Primera División con 14 canteranos en la plantilla y comenzó el playoff ante Las Palmas con siete formados en el club como titulares. Para esos jugadores, alcanzar la Primera División con el Málaga es un logro que quedará en la historia del club. Ver cómo un trabajo de años puede llegar a ese momento ha sido muy valioso para mí.

Así que no diría que empecé de cero como entrenador. Entré en una realidad nueva con humildad, con ganas de volver a la cancha y con la disposición de aprender”.

Usted dice que no comenzó desde cero en España, pero sí es cierto que tuvo que hacer todos los cursos UEFA para estar donde se encuentra actualmente.

“Cuando regresamos a España en 2022, hice los cursos UEFA C, B y A. Fue una forma de conocer de primera mano cómo se está formando hoy a los entrenadores acá y poner esos conocimientos en relación con todo lo que ya había vivido. También estudié coaching deportivo. Ese curso me ayudó en lo personal y me dio nuevas herramientas para comunicarme con los futbolistas, acompañarlos en la gestión de sus emociones y comprenderlos en contextos que van más allá de la cancha.

Una de las cosas que más valoro de esta formación (RFEF/UEFA) es su conexión con la práctica. Me ayudó a observar una situación concreta del partido, comprender qué necesita el jugador y pensar cómo trabajar eso después en un entrenamiento. Para mí, esa conexión entre lo que uno ve y lo que hace en la cancha es fundamental”.

¿Cuál es la visión del fútbol que tiene actualmente tras estos años en España?

“Creo mucho en la simpleza del juego. Si somos capaces de llevar al entrenamiento a situaciones reales, tanto ofensivas como defensivas, le damos al futbolista la oportunidad de reconocerlas y buscar soluciones. Muchas veces, en lugar de darle una respuesta cerrada, podemos hacerle una buena pregunta para que descubra por sí mismo qué hacer. Ese aprendizaje tiene más posibilidades de aparecer después en un partido, cuando debe decidir sin que el entrenador esté a su lado.

También me atrajo estudiar el fútbol dentro de un país con una identidad de juego muy reconocible, que llegó a ser campeón del mundo. Cada club tiene sus matices, pero hay ideas que han influido mucho en el fútbol español, entre ellas las desarrolladas por el Barcelona. En los cursos pude profundizar en principios, momentos y situaciones del juego, y relacionarlos con la forma de enseñar”.

¿Muy diferente a lo que ocurre en Chile?

“No lo miro como una competencia entre países. Aprendí muchísimo en Chile y en mi primera etapa de formación. Los cursos que hice ahora en España se suman a ese recorrido y me han permitido estudiar el juego con mayor profundidad y verlo desde otras perspectivas”.

Atento a un paso clave para el fútbol chileno

Se ve que está bien en el Málaga, pero ¿qué pasaría si lo llaman desde Chile para aportar sus conocimientos?

“Estoy viviendo una etapa valiosa en Málaga. Si surgiera una propuesta para trabajar en Chile, la estudiaría con calma, como corresponde a cualquier decisión profesional importante. Querría conocer las ideas y convicciones del proyecto, quiénes participan y qué posibilidades reales hay de sostenerlo en el tiempo. También es distinto incorporarse a un trabajo que ya tiene un camino recorrido que participar en la construcción de uno nuevo”.

Chile enfrenta un proceso crucial para su desarrollo con la separación entre la Federación y la ANFP. ¿Cree que puede darse algún cambio importante para una actividad tan golpeada actualmente?

“Yo sigo muy pendiente de lo que pasa en Chile. Estar acá me ha permitido estudiar otras formas de organizar el fútbol y preguntarme qué podríamos hacer mejor nosotros. La separación entre la federación y la ANFP abre una oportunidad, pero para mí lo importante viene después: quién se va a hacer cargo de un proyecto deportivo para el país, cómo se va a formar a los entrenadores y a los jugadores, cómo se van a conectar las selecciones con el fútbol formativo y cómo vamos a saber si eso está dando resultado. Me gustaría que de este proceso salieran decisiones concretas y un trabajo que se mantenga en el tiempo.

He estudiado experiencias de España, Francia, Alemania e Inglaterra pensando precisamente en eso. Cada país tiene su propia identidad; Chile debe construir la suya con la participación de quienes trabajan en nuestro fútbol. Un proyecto de esa envergadura necesita convicciones compartidas, personas que se hagan cargo de llevarlo adelante y tiempo para desarrollarse. Esos serían los aspectos que consideraría ante una eventual propuesta”.