Cedida

Silvana Estrada, la nueva revelación de la música latina que influenciaron Bolaño, Violeta y Chile

04 octubre 2023 | 18:57

Silvana Estrada, la ganadora del Latin Grammy 2022 al Mejor Artista Nuevo, agotó en dos días todas las entradas de su primer concierto en Chile. Aquí, con una segunda fecha a cuestas (agendada para este 24 de octubre), la cantautora mexicana detalla su profunda relación con el país, la que incluso puede escucharse en su alabado disco "Marchita" (2022).

Para Silvana Estrada, ganadora del Latin Grammy 2022 al Mejor Artista Nuevo, su primer concierto agotado en Chile fue una genuina sorpresa: cuando supo que el show del 17 de octubre en el Teatro Nescafé de las Artes había vendido todas sus entradas en menos de dos días, más que felicidad, una sensación de deber cumplido recorrió su cuerpo.

“Uno va generando expectativas sobre los países que quieres que te quieran”, cuenta entre risas a BioBioChile, sin disimular la afinidad cultural que la une al país.

El interés del público en Santiago fue tal que rápidamente se organizó una segunda fecha, agendada en el mismo recinto pero una semana después, el 24 de octubre. Hasta el cierre de esta publicación, ya quedaban los últimos boletos disponibles.

“La verdad es que cuando anunciamos la fecha en Santiago fue un poco para ver qué pasa, porque en las redes nos decían: Silvana ven a Chile, a Santiago, Valparaíso. Yo no conozco Chile, y obviamente hay gente que me quería escuchar pero no sabía cuánta”, resume la mexicana de 26 años, hoy nominada otra vez al Latin Grammy con “Si Me Matan”, en la categoría “Mejor canción de autor(a)”.

El hito, para Estrada, es especial. “Yo siento que tengo una conexión muy fuerte con Chile, de muchas maneras, desde la literatura, la música, la historia, y era emocionante para mi saber que Chile me quería de vuelta. Tenía muchas ganas de ir y generar esa interacción”, reconoce.

Parte de ese boom local y continental se explica en “Marchita” (2022), su alabado primer álbum de estudio donde, sólo acompañada de un cuatro, da forma a canciones pop desde reminiscencias del folclor y la música de raíz. El álbum le valió elogios y etiquetas afiebradas. “La Chavela Vargas millenial”, le dijeron en España, y la provocación aún incomoda a la autora.

“La nueva Chavela Vargas, me dijeron también… He tenido cuidado con no tomarme en serio nada, porque sigo aprendiendo y creciendo. La persona que están felicitando por Marchita, no es la misma persona que soy ahora. Esas canciones ya son de la gente: el concepto le pertenece al mundo. Yo estoy tranquila pensando en lo que viene”, dice.

Y lo que viene es una gira internacional que arrancará el 11 de octubre en Uruguay y terminará en noviembre en Estados Unidos, donde ya saben de Silvana Estrada. Entre sus colaboraciones, a pesar de la corta carrera discográfica, destacan nombres como Aurora, Andrew Bird, Natalia Lafourcade, Devendra Banhart, Jorge Drexler, Gustavo Dudamel, la Filarmónica de Los Angeles y la chilena Mon Laferte.

Silvana Estrada: “Para mí siempre ha sido muy importante Chile; me identifico con esa manera desnuda de sostener las canciones”

“Crecí escuchando a Violeta Parra, Víctor Jara. Para mí siempre ha sido muy importante Chile; me identifico con esa manera desnuda de sostener las canciones”, cuenta sobre la influencia chilena que recorre su obra.

“Me gusta mucho la literatura, y luego está Bolaño. Me encanta Bolaño, es de mis escritores favoritos. Recién leí Nocturno de Chile”, cuenta con entusiasmo. “Donde siento que tengo una conexión fuerte es en la literatura y la música. Nicanor Parra, Altazor… Es como si me conectara de una manera muy fuerte”, explica.

(P): ¿Viene de tus padres tu predilección por Chile?

(R): Un poco, pero no creas que mucho. El primer texto grande, importante, que yo entendí de Chile, de la historia de Chile, fue de Violeta Parra, “Run run se fue pal norte”; todas esas canciones que de repente cuando eres chiquita no entiendes tanto. Ya adolescente, por mi cuenta, dije: hey, cabrón, estas letras están buenísimas y están súper fuertes. Ahí me conseguí un montón de libros chilenos. Mi hermano más grande me regaló la antología de Nicanor Parra.

(P): El cuatro, que es el instrumento clave en “Marchita”, también está fuertemente relacionado con Violeta Parra y la cultura chilena, a pesar de su origen…

(R): Marchita tiene solo cuatro; ahora estoy tocando guitarra, pero realmente mis primeras canciones fueron con el cuatro no más. Es un instrumento que amo; me enamoré en cuanto lo conocí. El cuatro fue tan generoso conmigo que el primer día que empecé a tocar hice una canción, fue un enamoramiento bien orgánico también, yo creo que por tener todos estos sonidos en la cabeza, de Violeta, de Soledad Bravo, Simón Díaz. Tenía muchas referencias del cuatro sin haber hecho la conexión de ‘ah, así suena el cuatro y este es el instrumento’. Fue como encontrar un hogar. A veces pasa: llegas a un país sin ningún motivo y dices ‘soy de aquí’. Me pasó con el cuatro. Después entendí e hice la referencia de ‘esto me suena a hogar porque esto es lo que toca la Violeta’.

(P): ¿Cómo has llevado el éxito de Marchita? ¿Sientes una presión extra teniendo en cuenta las etiquetas que has recibido (“la nueva Chavela Vargas”)?

(R): Yo creo que la presión siempre existe, pero también es verdad que sobrevivir a un proyecto exitoso, tener la cabeza sana, es un proceso como de entender que tú no eres tu trabajo. A Marchita le ha ido muy bien, he trabajado muchísimo por eso, ha sido recibido con amor, pero ese amor ha sido equivalente al amor que le he puesto. Yo duermo tranquila, porque incluso si le hubiese ido fatal, lo di todo en ese proyecto. Creo que ser honesta y seguir tu propia intuición te da la tranquilidad de que, te vaya bien o mal, tú hiciste todo, no dejaste nada. Parece de fútbol, pero lo dejaste todo en la cancha. Y eso ha sido muy importante en mi proceso de entender qué significa Marchita ahora.

(P): ¿A qué atribuyes el éxito de la venta de entradas de tus shows en Chile? ¿A Marchita?

(R): A las canciones. Siento que llevo un tiempo compartiendo mi música, y las canciones de Marchita y de mi EP Abrazo llevan un tiempo abriéndose camino en el mundo latinoamericano, y el boca a boca ha sido muy importante. He sido una artista que ha crecido mucho de manera orgánica. Mi carrera la empecé tocando en bares, circuitos de jazz, y fui llenando teatros y lugares más grandes por el boca a boca. Yo era un desastre, tenía algunas de mis canciones en Soundcloud, luego las bajé pero la gente siempre me ha sostenido y me ha organizado de alguna forma. Estos sold outs en Chile son el resultado de mucho trabajo y de la conexión con esas canciones. Por mucha buena prensa o premios, si la gente no conecta no conecta. Yo lo tengo muy claro, trabajo para la gente.

(P): Tu relación y cuidado con el lenguaje y las palabras es notorio. ¿De dónde viene esta característica en tus canciones?

(R): Yo cuido mucho la palabra, soy muy admiradora de ella. Yo creo que canto para que no me de vergüenza escribir (ríe), porque vengo de una familia muy musical; es mi forma de entenderme con el mundo. Soy feliz con la música; es mi vínculo con el mundo. Yo creo que escribo con tanta admiración y respeto, porque he vivido tanto a través de los libros, que al final encuentro que tengo que cantar para poder escribir libremente. La literatura me ha regalado experiencias que de otra manera no sería capaz de vivir. La gente me dice a veces ‘oh, tus letras son muy maduras’, y yo escribí Marchita entre los 19 y los 20 años. Siempre pienso de dónde viene esta idea de que lo que hago es maduro, y creo que viene de eso que me ha dado la literatura: esa capacidad de poder renombrar las cosas, que no es poco y no es menor. Eso nos hace mucha falta a las personas de pie: nombrar lo que nos pasa. Disfruto mucho, leo mucho, y siempre estoy buscando temas.