Cultura
Isabel Allende: “Con la muerte de Carmen Balcells se cierra una √©poca”
Publicado por: Comunicado de Prensa
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“La reina del mundo literario ha muerto. Carmen Balcells, magn√≠fica, poderosa, abundante y sentimental ya no est√° aqu√≠ para amparar a los cientos de autores que representaba. Fue la art√≠fice del Boom de la literatura latinoamericana, la mujer que logr√≥ cambiar para siempre los contratos draconianos que padec√≠an los escritores, el alma de la literatura en castellano”, se√Īal√≥ hoy, la distinguida escritora chilena Isabel Allende, Premio Nacional de Literatura 2010.

La espa√Īola Carmen Balcells, la agente literaria de los principales escritores del ‚Äėboom‚Äô latinoamericano y de numerosos premios Nobel y Cervantes, falleci√≥ en Barcelona a los 85 a√Īos consagrada como una de las figuras m√°s importantes de las letras iberoamericanas.

La cartera de autores de su agencia es un compendio de la historia reciente de la literatura de Espa√Īa y Latinoam√©rica: desde Luis Goytisolo, el primero en confiar en ella, hasta Javier Cercas, pasando por Gabriel Garc√≠a M√°rquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cort√°zar, Pablo Neruda o Camilo Jos√© Cela.

Agrega Isabel Allende: “Con la muerte de Carmen Balcells se cierra una √©poca. Nadie podr√° llenar el vac√≠o que ella deja en el universo literario y en el coraz√≥n de quienes la conocimos y amamos. El cari√Īo de cientos de nosotros, sus autores, acompa√Īa ahora a su hijo Luis Miguel y a quienes trabajaban con ella en la Agencia. Nos har√° una tremenda falta, especialmente a m√≠, que sin ella me siento a la deriva.”

“Hace treinta y cuatro a√Īos me acogi√≥ bajo su ala, cuando yo era una desconocida en el fin del mundo, con un atado de p√°ginas bajo el brazo. Le debo mi carrera; fue la madrina de cada palabra que he escrito. Un d√≠a de 1981 recibi√≥ por correo el manuscrito de “La Casa de los Esp√≠ritus”, que nadie hab√≠a querido leer, y con un golpe de su varilla m√°gica logr√≥ publicarlo. La primera vez que la vi fue en su casa de Barcelona, donde organiz√≥ una cena desproporcionada para presentarme a cr√≠ticos, intelectuales y amigos. Es la √ļnica ocasi√≥n en mi vida en que he visto servir caviar con cuchara de sopa, met√°fora perfecta de esa Carmen exagerada, generosa y refinada. Cuando ella tom√≥ la palabra para brindar, se cort√≥ la electricidad y quedamos a oscuras. Sin vacilar ella lo atribuy√≥ a los esp√≠ritus del libro, que se hab√≠an presentado a celebrar con nosotros. No era un chiste, estoy segura. Esa Carmen, que se preciaba de su sentido pr√°ctico y de ser una negociante implacable, cre√≠a en esp√≠ritus, karma, signos zodiacales y otros misterios; se sent√≠a c√≥moda en el realismo m√°gico, tal vez por eso nos entend√≠amos tan bien”. ‚Ä®‚Ä®”Yo la llamaba madraza, porque eso fue para m√≠. “No soy tu madre ni tu amiga, soy tu agente,” me dec√≠a en catal√°n, para que no sonara tan ofensivo, mientras me mimaba con chocolates rellenos de naranja y regalos extravagantes. En el mundo de las editoriales ten√≠a reputaci√≥n de dura, pero en privado era de coraz√≥n blando y lloraba al menor pretexto. “Carmen ba√Īada en l√°grimas”, dec√≠a de ella Garc√≠a M√°rquez. Fue mi consejera y confidente, compart√≠ con ella las penas y alegr√≠as m√°s grandes, duelos, amores contrariados, divorcios, triunfos y temores. “Pobrecita m√≠a, pobrecita m√≠a,” me dec√≠a sollozando cuando mi hija agonizaba. Llegaba al hospital de Madrid como un hurac√°n, arrastrando una bufanda de seda, con su sopa levantamuertos, su famoso cocido salpicado de longanizas y garbanzos, en un recipiente de pl√°stico. As√≠ la recuerdo, como la amiga incondicional y no como la agente astuta que defend√≠a los contratos de sus autores con un cuchillo entre los dientes”.

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