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La nueva vida del Cabo Castillo: el periplo del militar que perdió sus piernas en barrera sanitaria

Domingo 20 noviembre de 2022 | 07:00

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Fue en 2021 cuando el cabo segundo del Ejército Brayan Castillo fue atropellado mientras patrullaba en las cercanías de Curicó durante el toque de queda, perdiendo sus dos piernas. Pese a las graves consecuencias, el efectivo pudo volver a caminar gracias a unas prótesis, abocándose completamente al deporte. A casi dos años de los hechos, el curicano -quien dejó atrás su vida militar- recuerda esa angustiante noche en la que por poco pierde la vida.

“Desperté tres días después en el Hospital Militar de Santiago. Abrí los ojos y había una psicóloga. Me dijo: ‘Brayan, tú sabes lo que te pasó’. Yo le respondí: ‘sí, si sé que me cortaron las piernas’. Yo estaba tranquilo porque sabía lo que había pasado”.

Ese es parte del relato que el cabo segundo Brayan Castillo Salgado entrega a BioBioChile, militar que en 2021 perdió sus dos piernas tras ser arrollado por una conductora mientras cumplía con funciones de patrullaje en Curicó. A casi dos años del grave accidente, Castillo recuerda esos angustiantes minutos que terminarían marcando su vida para siempre.

Eran las 22:20 horas del viernes 8 de enero del año pasado cuando una patrulla del Ejército de la Fuerza Tarea Maule Norte, compuesta por siete efectivos y al mando del subteniente Pablo Bustos Matamoros, realizaba labores de patrullaje en la Avenida Ángel Lago, al llegar a la intersección del camino a Zapallar, en la ciudad de Curicó, en el marco del Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe decretado producto de la pandemia.

Los militares se desplazaban en un Jeep, marca Storm, por el sector conocido como Altos de Zapallar. La noche se desarrollaba de manera relativamente normal. Sin embargo, todo cambiaría sólo algunos minutos más tarde.

Castillo ingresó al Servicio Militar en 2014 en el Regimiento Nº 19 Colchagua. Tenía 19 años en aquel entonces.

“No hay nadie en mi familia que me haya motivado. Yo nunca quise ser uniformado. Era medio desordenado así que por esas cosas de la vida llegué al Servicio Militar y me gustó. Descubrí que era bueno para disparar, marchar y todo lo que conlleva ser un militar. Seguí la carrera y me resultó bien”, cuenta.

“En el Servicio postulé a la Escuela de Suboficiales y después postulé al curso de paracaidistas. Pasé a segundo en la Escuela de Infantería y luego al regimiento de Talca a trabajar”, agrega.

El reloj marcaba las 22:25 horas aproximadamente cuando el cabo Castillo descendió de la patrulla militar para ubicarse en la zona posterior del vehículo y así dar cobertura. Si bien era plena noche, en la causa se indica que el lugar estaba bien iluminado ya que estaban bajo un poste del alumbrado público.

Luego de unos minutos, desplazándose de sur a norte, irrumpió a exceso de velocidad un Land Rover, modelo New Discovery, que no se detuvo ni tampoco disminuyó la marcha, pese a la presencia de los militares. Así se detalla en la querella, a la que tuvo acceso la Unidad de Investigación de BioBioChile, presentada por la esposa del uniformado el 9 de enero de 2021 ante el Juzgado de Garantía de Curicó.

El vehículo, de 2.230 kilos, era conducido por Nicold Orellana Vidal, quien intentando eludir el control, subió a la berma de tierra que separa la avenida de la acerca, impactando de lleno al cabo segundo Brayan Castillo contra el vehículo militar. El golpe fue de tal magnitud que el Jeep se desplazó varios metros.

“Yo estaba de espalda, estaba mirando hacia adentro del vehículo. Me chocó por detrás y quedé entremedio de los dos vehículos”, rememora el cabo Castillo, quien actualmente tiene 29 años.

“Estuve consciente en todo momento hasta que llegamos al hospital en Curicó. Esto fue como a las 22:30 horas. Primero hubo que tirar el vehículo de la señora para atrás y ahí yo caí a un costado”, añade. “Mi pantalón se rompió con la cantidad de sangre que salía”, revela.

“Estaba en el suelo con mis piernas molidas, estaban para todos lados. Me pusieron torniquetes. El otro soldado se sacó su cinturón e hizo un torniquete de circunstancia. De ahí me toman, me suben al jeep militar y vamos a buscar la ambulancia porque sino se demoraría mucho en llegar”, detalla.

De acuerdo a su relato, pasaron unos cinco minutos en el jeep cuando posteriormente lo sacaron en camilla y lo subieron a la ambulancia. “Ahí los paramédicos me atendieron camino al hospital y me pusieron a dormir”, menciona.

La gravedad de las heridas del efectivo eran evidentes y obligaron a los médicos a amputar sus dos piernas a la altura de los muslos mientras se encontraba aún en estado crítico en la UCI del Hospital Militar.

“El dolor fue en el impacto, que fue súper corto, habrán sido unos 30 segundos. Después llega el sueño. Morir es fácil porque si te dejas, te duermes y te mueres. Entre golpes y gritos trataban de que no me quedara dormido y yo igual intentaba no dormirme. Es fácil dormirse”, dice.

“Desperté tres días después en el Hospital Militar de Santiago. Abrí los ojos y había una psicóloga. Me dijo: ‘Brayan, tú sabes lo que te pasó’. Yo le respondí: ‘Sí, si sé que me cortaron las piernas’. Yo estaba tranquilo porque sabía lo que había pasado”, revela.

“Ellos esperaban que yo despertara, aleteara y gritara, que es como lo normal que pasa en esos casos. Luego entró mi señora y ahí quedé más tranquilo porque ella es quien me acompaña”, añade. “Estuve como un mes en el hospital, me sané rápido”, señala. Posteriormente comenzó con sesiones de kinesiología.

Volver a caminar… y a entrenar

Pese a su accidente, el cabo Castillo asegura que siempre tuvo claro que iba a seguir entrenando. “Uno se distrae haciendo ejercicio, al menos en mi caso”, puntualiza.

“El proceso de kinesiología es como regular para todas las personas. Yo tengo buena condición física así que iba para cumplir el proceso de recuperación en realidad. Aparte hacía ejercicios en la casa, era hacer todos los ejercicios normales pero sentado. Harta pesa, abdominales, etc. Ahí iba viendo qué puedo hacer y qué no”, expresa.

El exuniformado cuenta que su relación con el deporte viene desde que era pequeño. “Yo boxeaba. Como a los 12 años empecé a boxear en Curicó en la escuela Daniel Curicó Canales. Gané varias peleas. Competía en el gimnasio municipal de Curicó, en la cárcel de Curicó también íbamos a pelear. Fuimos a Iquique a pelear en un Sudamericano, peleé contra Argentina, contra Perú. Hice harto boxeo”, rememora. A su vez, también practicaba atletismo.

En octubre de 2021 comenzó sus entrenamientos de natación en el Centro Acuático del Estadio Nacional con el objetivo de convertirse en deportista de alto rendimiento. Esto, al alero de Cristian Espíndola; entrenador del triple medallista de Juegos Paralímpicos, Alberto Abarza.

No obstante, luego de un tiempo se vio en la obligación de dejar de nadar. “Como me fui de baja del Ejército, ya no podía quedarme en Santiago a vivir porque la casa me la pidieron. Tuve que venirme al sur y dejé de nadar por eso, porque acá no hay piscinas”, dice.

El 28 de julio de 2022 fue sobreseída definitivamente la causa seguida en contra de la conductora que protagonizó el atropello. Esto, luego que se llegara a un acuerdo reparatorio consistente en el pago de 45 millones de pesos en favor de la víctima.

Sobre su carrera militar, el cabo Castillo -casado y con una hija de cuatro años- se mostró orgulloso. Aún tiene contacto con algunos de sus soldados y camaradas. “Son pocos pero son los de verdad”, puntualiza.

Respecto a su accidente y los protocolos que se activaron, el curicano admite que el Ejército hizo lo que tenía que hacer. “No fue ni más ni menos. Fue lo que estaba reglamentado (…) Sólo hicieron lo que tenían que hacer”, asevera.

“Del Ejército me dijeron que no estaba apto para el servicio. No había un puesto de trabajo para mí en el Ejército por la discapacidad que tenía”, detalla. “Yo hubiese seguido pero lo que está escrito ahí es lo que hacen. Salí como cabo segundo”, precisa.

En la Parada Militar de 2021 fue invitado a participar para recibir un homenaje por parte de la institución castrense. “Fue como para despedir la carrera militar que tuve”, dice.

El cabo Castillo cuenta que siempre piensa a corto plazo. Su meta es poder contar con su casa propia. Por ahora, cuenta, vive solamente con su jubilación. No obstante, piensa estudiar. “Podría ser algo ligado a lo deportivo, es lo que me gusta y lo que sé hacer”, remarca.

Eso sí, hay un tema que le preocupa: el de sus prótesis. “Tengo que pagar un porcentaje porque no lo cubre totalmente el Ejército ni el Estado. Tengo que pagar el 15% y las prótesis que uso son súper caras, cuestan 105 millones a la fecha. Yo creo que en unos años más van a costar mucho más”, dice.

“Cada seis años se pagan las prótesis. Estos seis años ya están cubiertos. Como yo estaba activo los cubrió el Ejército pero ahora que me fui a retiro, tengo que cubrir yo ese porcentaje. Tengo que pagarlos en seis años más, cuando renueve mis prótesis”, revela.

“No hay rencor con ella”

El cabo Castillo reconoce que no guarda rencor con la conductora que lo atropelló. “No hay rencor con ella. Ella nunca me habló, nunca me llamó para pedirme disculpas, nada, pero igual no me afecta mucho”, dice.

“Yo la perdono pero el perdón es para mí. La disculpo por lo que hizo pero… ya está. La vida sigue y rencor con ella no hay. No sirve de nada el rencor porque te retrasa para seguir viviendo”, expresa.

No obstante, el exuniformado reconoce que está pensando en emprender acciones legales contra el Estado. Debido a su condición actual, Castillo reclama no poder trabajar para ningún órgano del Estado así como tampoco para el Ejército.

“La señora me pagó 45 millones. Es poca plata por lo que yo perdí pero es lo que se podía lograr ya que el Fiscal dijo que eran lesiones graves gravísimas pero que no fue intento de homicidio así que ahí baja la indemnización. Aparte mi abogado era del Ejército entonces no pelearon más. Yo traté pero no se pudo más”, argumenta.

“Tengo que pagar el porcentaje de mis prótesis en unos años y es mucha plata la que tengo que juntar cada seis años. Con la jubilación que me dieron no me alcanza”, expone.

“Todos creen que me fui del Ejército con todo arreglado pero hay varios detalles importantes que quedaron en el aire. Cuando llegó el momento de jubilarme tengo que costear yo las cosas, cuando es el Estado o el Ejército el que debería hacerlo”, lanza.

“También peleé por qué me jubilarán como suboficial mayor pero no se pudo. Me fui como cabo segundo“, sostiene.

Producto de su accidente, el cabo Castillo envía un mensaje a quienes han pasado por algo similar.

“Hay que aceptar lo que pasa, porque mucha gente no acepta las cosas como son. Y lo otro es ir dejar las cosas nomás. Yo sé que ya no tengo mis piernas y que no van a volver. Haga lo que haga, llore lo que llore, no van a volver, así que hay que dejar de pensar en lo que perdieron y usar lo que les queda. Eso es lo más importante”, concluye.

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