De futbolista profesional a gerente de operaciones de un narcolaboratorio en Santiago. Ese fue el giro que tuvo la vida de Cristopher Veas Arriagada, hoy detenido por su participación en una organización dedicada al tráfico de drogas, desarticulada la semana recién pasada en la denominada “Operación Betis”. En total, 18 personas fueron detenidas y se incautaron más de $2.500 millones en bienes.
De acuerdo con información recabada por la Unidad de Investigación de Bío Bío, “Lory” —como era conocido el otrora mediocampista al interior de la banda— cumplía un rol fundamental: se ubicaba en el segundo escalafón de la estructura jerárquica, sólo por debajo del líder de la banda.
El negocio recaía en el narcotráfico: entre octubre de 2024 y agosto de 2025 montaron un aceitado mecanismo para internar cocaína base desde Bolivia. Una vez en la capital, abultaban la droga en un laboratorio que era justamente dirigido por Veas, quien daba instrucciones directas de cómo procesar los estupefacientes.
Su modus operandi les permitió amasar una fortuna: transaron —según la indagatoria— más de 9 mil millones de pesos a través de distintas empresas. Así, simularon relaciones laborales y utilizaron sociedades de fachada con el objetivo de dar una apariencia de legalidad a sus ingresos ilícitos.
LOS CABECILLAS
Según el expediente judicial, las operaciones eran dirigidas por Gerardo Antonio Morales Veas, “El Barba”, desde el norte del país. En ese lugar coordinaba la importación de la droga desde Bolivia y supervisaba la logística. En él se concentraba el poder de la organización.
De acuerdo a la indagatoria, El Barba utilizó una empresa para movilizar los estupefacientes sin levantar mayores sospechas: “Transportes TyT SPA”. También viajaba periódicamente a Santiago para recolectar las ganancias y ordenar su blanqueamiento.
Una vez en la capital, la cocaína base era procesada en un laboratorio clandestino que montaron en calle Ernesto Cea, comuna de Cerrillos.
Christopher Veas: el EX FUTBOLISTA
Christopher Bryan Veas Arriagada fue volante ofensivo. Un 10 clásico. Su rol en la cancha era abastecer a los delanteros. Fuera de ella, siguió realizando una función similar, pero en una actividad con reglas e intérpretes distintos: pasó de repartir balones a la distribución de droga a gran escala para otras bandas de la región Metropolitana.
Según la investigación, gozaba de un estatus importante dentro de la organización. Se ubicaba en la segunda posición de la escala jerárquica de la banda siendo uno de los brazos operativos de “El Barba”. “Lory” junto al hijo del mandamás, actuaban como gerentes de la operación en la capital.
La dupla llevaba a cabo múltiples trabajos: gestionaban la recepción y acopio de la droga proveniente del norte, supervisaban la producción en el laboratorio, coordinaban la distribución a gran escala a otros traficantes y, crucialmente, ejecutaban la recaudación en efectivo del dinero producto de las ventas en diversos puntos de Santiago. Aquí figuran las poblaciones Legua Emergencia y José María Caro. El objetivo era consolidar las ganancias y entregarlas al líder de la organización.
En el narcolaboratorio, “Lory” daba instrucciones directas relativas al procesamiento de la sustancia. Dicho lugar era el centro de preparación y abultamiento de la cocaína base. Utilizaban precursores químicos como soda cáustica y bicarbonato de sodio. La droga también era comercializada directamente desde el narcolaboratorio.
LOS CORREOS HUMANOS
Según cálculos de la fiscalía, las transacciones de la banda les permitió generar más de 9 mil millones en todos los mecanismos que utilizaron para dar una apariencia de legalidad.
La dimensión alcanzada por el negocio, obligó a la organización a buscar distintas maneras para ocultar sus cuantiosas ganancias. Desarrollaron una estructura paralela que se concentró en cuatro frentes: casas de cambio, correos humanos, simulación de relaciones laborales, depósitos en bancos y testaferros.
Por ejemplo, quedó acreditado que El Barba con su hijo trasladaban maletas y bolsos, con grandes cantidades de dinero en efectivo hasta “JM Cambios”, emplazada en calle Agustinas, Santiago Centro.
Allí eran recibidos por los socios de la firma dedicada al intercambio de divisas, quienes “teniendo conocimiento del origen ilícito de los fondos” facilitaron la conversiones de dinero a dólares estadounidenses. Omitieron deliberadamente —según el Ministerio Público— su obligación legal de reportar dichas transacciones ante la Unidad de Análisis Financiero (UAF).
Una vez convertidas las ganancias, éstas eran transportadas por El Barba hacia Iquique. En algunos oportunidades coordinó el traslado del dinero vía terrestre, a través de “correos humanos”.
Esto último se sabe porque la fiscalía identificó que el 13 de junio de 2025, uno de los “burreros” (como se les conoce coloquialmente) ocultó y transportó en bus con destino a Iquique una maleta que contenía USD$483.838 y $1,7 millones en efectivo. Todo ello, desde luego, a cambio de una contraprestación económica.
En otra oportunidad, a cambio de pagos que van desde los $700 mil y $800 mil, un segundo implicado actuó como correo humano. Lo hizo en al menos dos viajes: ocultó y transportó en un bus las ganancias de la organización para ser entregadas a El Barba en Iquique.
DEL LABORATORIO AL BANCO
Las operaciones de lavado de activos también incluyeron una segunda empresa. Esta vez se trata de “Constructora Elimat SPA”, una sociedad fantasma que les sirvió para simular relaciones laborales. Entre agosto de 2024 y agosto de 2025, Cristopher Veas Arriagada firmó contratos de trabajo con la firma para conseguir liquidaciones de sueldo fraudulentas y así aparentar ingresos lícitos. ¿Las remuneraciones? $2,6 millones mensuales, alcanzando un monto total simulado de $33,8 millones
Además, entre 2021 y 2025, el líder Gerald Morales Lazcano en alianza con “Lory” Christopher Veas Arriagada, introdujeron dinero en efectivo al sistema financiero producto del narcotráfico. “El Barba” depositó más de $74,7 millones en efectivo en sus cuentas, mientras que “Lory” depositó más de $31,3 millones en efectivo, “montos sin justificación lícita”.
Los dineros le sirvieron para comprar diversos autos de lujo. Entre ellos, un BMW X4, una Chevrolet Silverado, un BMW X6, una Chevrolet Tahoe, un Nissan X-Trail y un Peugeot 208.
Estos vehículos estaban inscritos a nombres de terceros de confianza que carecían de perfil económico para dichas adquisiciones, según consignó la fiscalía. Todo esto con el fin de esconder a los verdaderos dueños y mantener un estilo de vida alto sin que apareciera su nombre.
Incluso, desde la organización decidieron utilizar sus ganancias ilícitas para financiar la defensa legal de los miembros detenidos y enviarles dinero en efectivo a los recintos penitenciarios, con el fin de asegurar la continuidad de sus operaciones.
Tras su caída, los imputados fueron puestos en prisión preventiva luego de la audiencia de formalización realizada la semana recién pasada en el Centro de Justicia de Santiago. Lory quedó en prisión preventiva.