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El lado oscuro de regalar rosas: el daño ambiental que no estás viendo

14 febrero 2024 | 11:27

Tal vez este San Valentín lo mejor sea regalar algo distinto.

Un nuevo informe de la organización benéfica Christian Aid revela de forma alarmante cómo la creciente crisis climática amenaza la tradición tradicional de regalar rosas en San Valentín, y cómo esta práctica y su mercado agravan también el calentamiento global.

Según el análisis, más de la mitad de las rosas del mundo proceden de países que sufren los graves efectos del cambio climático, constata The Independent, lo que hace temer por la sostenibilidad de la industria mundial de la rosa.

Las rosas, icónicas en estas fechas, requieren unas condiciones climáticas específicas: temperaturas de entre 15 y 24°C, abundante luz solar y suelo bien drenado.

Sin embargo, desde los campos de flores de Kenia hasta las tierras altas de Colombia, las naciones que cultivan estas emblemáticas flores se enfrentan al aumento de las temperaturas, las sequías y el peligroso retroceso de los glaciares. Misma situación se sufre en los principales países productores de flores cortadas, como Uganda, Etiopía, Países Bajos y Ecuador.

El informe destaca en ese sentido que más de la mitad (59%) de todas las rosas exportadas proceden de países de África Oriental y Sudamérica, regiones cada vez más vulnerables a los fenómenos meteorológicos extremos atribuidos al cambio climático.

Se prevé que los países de África Oriental, entre ellos Kenia, Etiopía y Uganda, sigan experimentando un aumento de las temperaturas y fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes y graves. Las sequías en la región, exacerbadas por el cambio climático, serán 100 veces más probables entre 2020 y 2022, lo que supone una importante amenaza para la producción de rosas con un uso intensivo de agua y para los medios de subsistencia de los agricultores.

En Ecuador y Colombia, precisamente las regiones conocidas por su cultivo de rosas a gran altitud y temperaturas más frías, se prevé que las temperaturas aumenten más, poniendo aún más en peligro el sector. El informe también destaca el alarmante problema del retroceso de los glaciares en los Andes tropicales, que aumenta el riesgo de escasez de agua.

Ni siquiera Holanda, el mayor productor mundial de rosas, es inmune. Aunque el aumento de las temperaturas puede reducir la necesidad de calentar los invernaderos, el país se enfrenta a un mayor riesgo de inundaciones invernales y sequías estivales, que podrían ser perjudiciales para los rosales.

A ello se suma el impacto climático de la propia producción de rosas: las cultivadas en los Países Bajos contribuyen a la huella de carbono porque a menudo requieren invernaderos calentados con gas. Por el contrario, las rosas cultivadas en regiones más cálidas tienen un menor impacto climático, pero el transporte aéreo y la refrigeración siguen contribuyendo a las emisiones.